16.4.11

La muerte es una derrota. Todo aquel que muere es un derrotado y un fracasado. Todos acabamos derrotados y fracasados. Cualquier más o menos en lo demás es ridículo. Las cosas concretas deprimen y deprime nombrarlas. Tu cáncer, mi cáncer, nuestro cáncer; todos esos cánceres poblando nuestros cuerpos serían ridículos, si no fuese porque nos van a convertir en unos putos fracasados. Esa palabra, esa puta mueca, ese puto puchero, esa asquerosa filigrana de las jetas; esos gorjeos sin desembocadura, esa almorrana en el cuello, esa peste en la laringe: todo eso orientado hacia una obsesiva y podrida idea... Eso es el amor y eso es la muerte.



Aquí todos conspiran y guardan las facturas para su propio entierro. Aquí el asco es más sencillo, más primitivo; es más fácil ignorar sabiendo que llevas el puñal encima, aunque se rían (tú también te ríes por dentro de los fracasados -porque todos mueren y la muerte es una derrota-).



Os juro que me vence el asco.

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