La Selva de Próspero

Sapere aude!

22.3.11

Bendita la red entre todas las mujeres.

La vida es algo más que fiestas, banquetes, bodas, citas; bautizos, comuniones, rondas, cumpleaños, ágapes y funerales. Está además lo que se luce, camufla y murmura en las fiestas, banquetes, bodas, citas; bautizos, comuniones, rondas, cumpleaños, ágapes y funerales: la lindeza y la mierda de la intimidad del día a día y los incumplimientos y la sorna y la mala hostia que se da en esa intimidad. La vida es como una gran mata de pelo obturando los canales, la vida es como la desidia por el otro al que se jode poquito a poco; la vida es un inmenso egoísmo que, como los ingenuos no pongamos remedio, nos va a arrastrar a la tumba en menos de un suspiro. La vida está al servicio de plantas y mercados, no a favor del individuo; la vida mata.

17.3.11

La vida sigue, pero no igual. Todo está más destartalado por dentro... con gusanitos y todo. Hay hormiguitas, arrugas, pecados: la desidia como antesala de la muerte. Aún pongo la calefacción para que no parezca el final. A veces escribo, cuando la enfermedad me lo permite (es decir, cuando estoy enfermo escribo). Ya no puedo hacer los guiños que hacía antes. En este retroceso que estoy viviendo, estoy retornando a la infancia que fui. Y van quedando atrás muchas cosas, muchas armas. La defensa, llegado este momento, no tiene sentido. Las líneas parecen ladrillos. En Madrid todo era futuro, aquí todo es pasado. Allí se moría y te dabas cuenta de ello entre fabada y fabada; aquí se muere "de verdad", la muerte de carne y hueso. Pero no es cuestión del lugar y no estoy relatando algo negativo ni pesimista. Estoy retornando a emociones infantiles, aunque queden ramalazos de la sempiterna misantropía. Jugar no vale de nada. Apenas quedan alegrías para la misantropía. El extravío, como veis, es el mismo; pero no es igual. La vida sigue, pero no igual. Dejemos hacer a los sedantes, ellos saben bien cuánta impotencia necesita el hombre para arrancarse los brazos. Buenas tardes.

4.3.11

Basta leer un par de sentencias firmes de separación para, una de dos, morir de risa o morir de miedo. Hay otra opción: pasar de lo escrito como si no fuera con uno. ¡Qué manera de tratar a los hijos! Una moneda de cambio, objetos, fichas... cosas. ¡Y qué sentencias! Horas, plazos, vacaciones... Y además de los hijos, ¡los ajuares! "Los discos de Elvis para ella, los de Camilo Sesto para él, los demás como buenamente acuerden o se harán líquidos". ¡Apabullantemente racional! Realmente un criterio para discernir entre lo inteligente y lo lamentablemente animal es el doble acto de cometer matrimonio y lanzar un vástago a la luz; un doble acto que da por juzgado al que lo perpetra. No seré yo quien enarbole una bandera a favor de casamientos e hijos (más bien lo contrario), pero sí hay que entender que la naturaleza habla... y lo hace a través de las bocas más indicadas para ello, bocas que no admiten el riego de la palabra o el del afecto, sino un riego más elemental y espontáneo, más salvaje, menos dialéctico. Basta leer un par de sentencias firmes de separación para alabar la soledad por los siglos de los siglos. De ese agua yo no beberé y ese cura no será mi padre (puede parecer una osadía, pero es conveniente osar de vez en cuando y con fundamento).

2.3.11

Tal vez no acabe la pesadilla o se alargue hasta un punto en que no quepa retorno; pero, en cualquier caso, hay que dar por bueno todo lo sucedido y tener valentía y serenidad hasta el final. La razón de que uno pierda los estribos es la esperanza. Pero, perdida ésta, las cosas se ven de un modo diferente: las cosas pierden agudeza y queda el frío cristal (que siempre me ha admirado) de la palabra fría, objetiva, ambigua y precisa (no hay contradicciones). No hay que ver enemigos en todas partes y, aunque no lo parezca, siempre está la familia (la sangre) y algún amigo para abrir horizonte. Olvidé esto y casi lo pago caro. Al fin y al cabo el tiempo pasa y todo acaba en su lugar. La impulsividad del instante pierde la razón, la razón del tiempo dilatado corrobora las sospechas de la impulsividad, pero con otra actitud, dejando patente que lo que se dijo presa de la rabia se puede demostrar bajo el escalpelo del forense. Y aquí me veis, desde el frío y preparando un infierno de hielo.

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