4.3.11

Basta leer un par de sentencias firmes de separación para, una de dos, morir de risa o morir de miedo. Hay otra opción: pasar de lo escrito como si no fuera con uno. ¡Qué manera de tratar a los hijos! Una moneda de cambio, objetos, fichas... cosas. ¡Y qué sentencias! Horas, plazos, vacaciones... Y además de los hijos, ¡los ajuares! "Los discos de Elvis para ella, los de Camilo Sesto para él, los demás como buenamente acuerden o se harán líquidos". ¡Apabullantemente racional! Realmente un criterio para discernir entre lo inteligente y lo lamentablemente animal es el doble acto de cometer matrimonio y lanzar un vástago a la luz; un doble acto que da por juzgado al que lo perpetra. No seré yo quien enarbole una bandera a favor de casamientos e hijos (más bien lo contrario), pero sí hay que entender que la naturaleza habla... y lo hace a través de las bocas más indicadas para ello, bocas que no admiten el riego de la palabra o el del afecto, sino un riego más elemental y espontáneo, más salvaje, menos dialéctico. Basta leer un par de sentencias firmes de separación para alabar la soledad por los siglos de los siglos. De ese agua yo no beberé y ese cura no será mi padre (puede parecer una osadía, pero es conveniente osar de vez en cuando y con fundamento).

0 comentarios:

Publicar un comentario

Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]

<< Inicio

Free counter and web stats