La Selva de Próspero

Sapere aude!

18.4.11

Todo mal, todo peor, todo pésimo. Y la bomba sin caer y la gente viva.

17.4.11

La batalla continúa:



Os hablé de ratas en esta casa. Pues sí, "había" ratas. Las hormigas, tras degustar los pimientos japoneses o el arroz japonés o el chocolate japonés o lo que de japonés hubiese en la basura, han mutado y han expulsado a las ratas. ¡Son legión! La que más alto ha llegado me saludaba desde el tercer piso con un: "¡Qué bachura mach ika!". Mientras, en un lugar de cuyo nombre no quiero acordarme, bucólico y sentimental, las alimañas retozan (pongamos que hablo de Madrid... o de Bruselas... o de Guantánamo). "Oiga uchtech, buen mozo"... Dígame señora hormiga... "Chon uchtedech el puto Outlett de loch caducadoch... ¡qué echquichitez!"... Gracias, señora hormiga, pero no vaya usted a pensar que nosotros... ¡no!¡no!¡no! Ha sido la coyuntura, algo puntual, los compromisos, la vida social, los deberes, señora hormiga... "No, chi a nochotrach noch da igual. Pero cuando uchtedech dechiden no cochinar, loch rechtoch chon bocato di cardinale"... Gracias, hormiga, gracias. Igual algún día, en verano, con el calorcito que hace aquí, pueden ustedes comprobar que nos superamos y todo... "Oh, hijo mío, echo chería el chumun, ¡eeel chumun!". Todo se andará, hormiguitas, todo se andará. En verano se pueden ustedes juntar con la especialidad: gazpacho enmohecido (de seis días, echen cuentas), melón maduro (mes y medio para atrás, como poco) y pollo para atascar el Ebro... ¡todo con solera!... "Chon uchtedech auténticoch gourmets. Cuando cada uno de uchtedech va a chu puta bola egoíchta, echto ech Zalacaín"... A mandar, hormiguitas, ustedes limítense a ahuyentar a las ratas... "Dechcuide, cheñó Anchetobeach, dechcuide... cholo una cocha... ¿ya no canta la chigarra?"... ¡Por favor, señora hormiga! ¡Qué falta de discreción! ¡Preguntar por la cigarra! ¿No sabe usted que los grandes artistas necesitan de cierto retiro espiritual para poder componer? Además, la altivez, la indiferencia, el divismo: todas esas notas de divinidad necesitan de un retiro en la noche oscura del alma. "Oh, chi, chi, cheñó Anchetobeach... pero ech que le vemoch a uchtech tan callado, tan chilenchioso, chiempre en la cama, con lach medichinach, chin nadie a chu lado"... ¡Todo sea por el arte, señora hormiga, todo por el arte y por las buenas relaciones! La salud, la intimidad, una futura familia, todo eso es flatus vocis y cuentos para perros sarnosos... "Bueno, chiento chi le he molechtado, cheñó Anchetobeach"... ¡Para nada! Si se pasan por aquí el lunes después de Resurrección les tendré preparados algunos manjares, ¡mañana mismo los encargo en Dia!... "Oh, por favor, no chea uchtech achí... grachiach... grachiach... Y no se preocupe uchté... Machacaremoch a lach ratach y a lach cherpientech"... ¡Hasta pronto!



Seguiremos informando.

¿Cómo olvidar unas bolitas que ruedan y ruedan por las laderas de los montes? ¿Cómo no recordar con agrado bolitas que suben y bajan con grititos de terraplén y rabietas de polen? Sería ingrato ver algún tipo de nubecilla en esas ensortijadas matas de amor terroso. Esas bolitas son rocío de providencia y marchamo de vida a crédito. Todo bota y se hace inocente y perdura (o lo cree) mientras paso a paso se llevan las rodillas hasta los altares más creídos. Y allí, donde todo es adorar, ¡amén! El corazón es algo campestre con añoranzas de urbano, pero vuela y deslumbra mientras se quema en el atanor del aldeano.

¡Qué tonto está el puto mar! Se encrespa, se apacigua, eleva sus olas, se amansa; deja navegar, hunde las embarcaciones. ¡Qué tonto está el puto mar! Se puede reír sobre sus olas, pueden sentir la aventura sobre su lecho, pueden temer lo inesperado bajo su superficie... Pero sí, ¡qué tonto está el puto mar! ¡Y cuántos cadáveres y tesoros hay en sus bienaventuradas profundidades! Confiad en el flautista de Hamelín y ponedle un traje de neopreno: ¡os descubrirá lugares de los que nunca querréis volver! Y tampoco hacen falta flautas ni flautistas: contened la respiración diez minutos y medio. ¡Veréis Xanadú y el Marenostrum y ya nada volverá a agobiaros! Pero es cierto, ¡qué tonto está el puto mar! ¡Y qué tonterías yacen eternas y sin vida en su fondo! ¡Venid y encontraréis! Incluso hay un libro de Tolstoi para los que puedan aguantar sin respirar una eternidad. Y, sí, por supuesto, también hay un ramo para enlutar el orbe.

16.4.11

Extractos para un ángel

1) Aquí todo se duplica, porque la soledad y la extrañeza son mayores: dos pizzas para comer, dos cólicos para compensar y nadie a quien acudir. Y se ríen de esto, les hace gracia, les gusta el sufrimiento ajeno, hace bonito en sus vidas ver cómo se deterioran los otros; les saca de su miseria, les enriquece esa frágil pobreza de espíritu de la que están superfluamente dotados.



2) Ser firme y legal. La policía está por encima de casi todas las cosas y hay que obrar como si en cualquier momento pudieran acudir.



3) Los cangrejos no se cocinan. Quien come un cangrejo se come un cáncer.



4) Sólo hay un compromiso social: brindar cada día antes de morir. Nos merecemos eso.



5) Con una gota de sangre: No perdonar y no olvidar. Aguardar el momento que siempre llega. Contraer todas las sonrisas hasta ese momento. No confiar en nadie que conozca a quien te la ha jugado. Jugar la partida y ganar, porque se pone toda la voluntad en ello.



6) ¿Lo que le ocurrió? Pensó en la bondad de los otros (por una vez lo hizo) y una víbora ahoga y envenena su cuello. ¿Cómo convertir eso en experiencia? Manteniéndose firme. Da igual que se haya perdido un día más o un fin de semana más. El caso es que va a ser así por un tiempo que puede hacerse mortal si no se tiene algo muy claro: esa víbora es muy mala persona.



7) Se hacen cosas... y se hacen bien... pero parecen mal y, por parecer, son lo contrario. De nuevo el esclavo que retorna a la caverna y es noble como para no maldecir al sol. El ciego ve lo que quiere ver. Soy inocente y el veredicto es culpable. Si fuese culpable, el veredicto sería inocente. ¿Hay que ser un criminal para que te consideren santo?



8) No "¿por qué vinimos?", sino "¿para qué vinimos?". Vinimos para el afecto y el orden pero, realmente, para morir más y peor.



9) Otra gota de sangre: dominar la ira con la risa, hay que saber reír para estar con quienes saben reír.



10) Dijo una voz de la red: "Usted ahí no goza y, sin embargo, es libre: nada le ata. Reconsidere el pasado y levante un futuro. Sin contratos de carne y sin comercio de embutidos, ¡vuele usted!" ¡Oh, la saeta, el cantar!



11) Bugs Bunny está en su casita riendo, riendo, riendo... con bombones, con zanahorias, con castañas pilongas, con cigarrillos, envalentonado en su madriguera de marfil. Riendo, riendo, riendo. ¡Pobre Bugs Bunny! Es la princesa de Rubén, pero más cursi. Rimbaud escupiría un poquito sobre su cara.



Sí, querido ángel de la guarda, como puedes ver toda profecía se queda corta. Pero yo soy así de ingenuo y, sobre todo, yo no soy un ángel, así que me era lícito equivocarme. Todos morimos, la cuestión es morir bien, sin percibir la risa de quienes te ven morir o viendo cómo se les parte la risa en mil lágrimas.

Dos casos

Dos personas cordiales me hablaron hace días de sus asuntos. Ambas tenían un punto en común: una persona del sexo opuesto y de Eva pretendió arruinarles la vida. Los casos eran similares: Eva y su familia consideraron que había llegado el momento de comenzar a usar los calificativos previos al desahucio: "es un mantenido", "no aporta nada a tu vida ni a la nuestra", "muerte al vago", "es un vividor que no nos merece"... Llegado el momento tuvieron que optar por ser fuertes; pero momentos antes, mientras la pesadilla duraba sintieron cómo el mundo se les venía encima hasta el punto de no poder decir ni hacer nada. El hecho de que hubiera descendencia de por medio empeoró o alivió las cosas (esto admite versiones). Han pasado años desde que optaron de nuevo por la libertad perdida; y pueden hablar con una sonrisa -y con muchas arrugas en su rostro- de lo que sucedió. La historia se conoce de sobra, muchos la han padecido. He notado que cuando me contaban esas anécdotas en las que ahora pienso se sentían mejor, como si aún necesitaran dar fe o dejar testimonio del horror real al que se ha de enfrentar tarde o temprano el que apuesta por convivir con una hembra. Debe ser duro el trance de romper cuando todo se creía estable y duradero. En esos momentos parece como si la enfermedad y la muerte fueran meras espectadoras de lo que sucede, todos parecen gozar de una extrema vitalidad para la lucha por una vivienda, por un sueldo, por un coche... por todo aquello que tenga el más mínimo valor (económico, afectivo, espiritual... de cualquier tipo) y que pueda hundir al hombre en un abandono absoluto. Ambos casos pronunciaron la misma frase: "ella quería verme hundido sobre todas las cosas, aunque fuese lo último que hiciera". Al final han salido adelante y, cosa curiosa (esto lo he comprobado en muchos otros hombres): todo el sufrimiento que ellos padecieron en ese trance se ha visto culminado con la contemplación de cómo la otra persona perdía a sus seres queridos y reclamaba una ayuda que, por naturaleza, no les fue concedida. El genio sintetizó con dos lemas algo que estos dos amigos me han contado: "El hombre es malo, la mujer perversa" y "¿Vas con mujeres? Usa el látigo". He escuchado nuevamente eso de que el hombre puede hacer muchas putadas y olvidarlas al segundo; pero que no hay mujer que no guarde en sus podridas entrañas todo lo que pasa para después pasar factura y ejercer el castigo más cruel y duradero (y no sólo con el hombre, sino también con la mujer). Sí: el hombre es como un perro y la mujer una serpiente; el hombre es como un águila y la mujer un loro convertido en mariposa. En cualquier caso, esto es una mera divagación. Uno ha de saber estar por encima de eso. Escuché una vez que hicieron un estudio con diversos colectivos para comprobar la correspondencia entre violencia e inteligencia, entre malos tratos y coeficiente intelectual. El resultado más notable del estudio era que aquellos que en la campana de Gauss están hacia la derecha (los brillantes, los Einstein de la vida) no entraban en el laberinto de las voces elevadas, del ruido, de las descalificaciones, de los abogados, de las separaciones; no, no caían en todo ese mundo del que difícilmente se puede salir ileso. El estudio realizado en Alemania demostraba que personas de alto nivel intelectual (nombraban a catedráticos de universidad, directores de empresa, médicos) seguían una fría secuencia: mataban al cónyuge, iban fríamente a la cárcel y gozaban la vida. He de decir que tomé la noticia a guasa... pero después vi que el estudio era cierto. Pensé en cómo la razón pura, llevada a la práctica, es más pura aún. La inteligencia aplicada a la vida: eso es. Además, ese grupo de gente comentaba que los malos tratos eran algo impropio de alguien con un mínimo de cultura y con una cierta noción de estilo. Pensé en El asesinato considerado como una de las bellas artes... y nada más. En mi opinión la violencia no es el camino, es mejor la inactividad, el silencio, la indiferencia, el desprecio (hacia uno mismo y luego hacia los demás). Luego están los que hablan de "hablar", "dialogar", "comunicarse", los "socialistas" del espíritu, los que pretenden curar el hambre del mundo con verborrea y canutos.



En fin: hace días hablé con dos casos de cosas que no vienen al caso.

La muerte es una derrota. Todo aquel que muere es un derrotado y un fracasado. Todos acabamos derrotados y fracasados. Cualquier más o menos en lo demás es ridículo. Las cosas concretas deprimen y deprime nombrarlas. Tu cáncer, mi cáncer, nuestro cáncer; todos esos cánceres poblando nuestros cuerpos serían ridículos, si no fuese porque nos van a convertir en unos putos fracasados. Esa palabra, esa puta mueca, ese puto puchero, esa asquerosa filigrana de las jetas; esos gorjeos sin desembocadura, esa almorrana en el cuello, esa peste en la laringe: todo eso orientado hacia una obsesiva y podrida idea... Eso es el amor y eso es la muerte.



Aquí todos conspiran y guardan las facturas para su propio entierro. Aquí el asco es más sencillo, más primitivo; es más fácil ignorar sabiendo que llevas el puñal encima, aunque se rían (tú también te ríes por dentro de los fracasados -porque todos mueren y la muerte es una derrota-).



Os juro que me vence el asco.

Muchas cosas están escritas, pero muy pocas leídas. Es momento de desenterrar momias de color rosa y serpientes de papel pinocho.



Lo sabéis muy bien: no me gusta ser explícito. La alusión es mucho más perfecta, porque sabe eludir lo negativo y deja en el muro la mancha con todo su escarnio. ¡Bien!



Cuentan y dicen que hay un mundo de escarabajos peloteros similar a una fábula de oseznos. Y cuentan también que esa historia se ha mezclado con las más pavorosas narraciones de terror. Después han mezclado todo y el licor de ese cóctel me lo están haciendo tragar para matarme lentamente. Pero con ello olvidan, olvidan y vuelven a olvidar. Necesitan olvidar lo que se es, para que la tierra les acepte. Pero yo no puedo ni perdonar (no creo en el perdón ni en la culpa) ni olvidar. Por otro lado, las sanciones no existen. Si existieran las sanciones comme il faut creería en el infierno ultramundano; pero mal que nos pese sólo tenemos este infierno. Y puestos en esto hay que saber pactar con el diablo y con las princesas que están a su lado satisfaciendo su lujuria. Por mi parte nada que objetar, si se trata de un diablo humano, demasiado humano. Es decir, me lo están haciendo pasar mal, se ríen por ello y soy la diana de dardos envenenados. Ridículo, ¿verdad? Pero yo me lo he buscado. Ahora es cuestión de convertir el parque en una selvática casa de putas (más que nada, porque uno ha de aplicar su experiencia a todos los ámbitos existentes o imaginados). Pero todo, como me dijo la vieja Sísifo, con respeto, confianza y cariño. Esas tres palabras han de figurar hasta en el más tosco veneno: "respeto", "confianza" y "cariño". Aunque ni te respeten, ni confíen en ti y lo que jamás hayan sentido, ni sientan, ni vayan a sentir sea cariño. Pero usamos ese barniz para los puñales. Conmigo lo usaron una vez y ahora lo usan hasta la saciedad. ¿Sé usarlo yo? Si no supiese y si no lo usase no habría tenido al gran maestro de la torre como asesor espiritual. Es hora de ponerse los calzoncillos por fuera, hacer reír, amoldarse, adaptarse y fraguar el dolor lento y extenso contra todo y contra todos. De otra manera, sus risas me reventarían los tímpanos.

15.4.11

¡Me encanta el agua! La consumo más que el alcohol. Tengo sed muy a menudo y necesito por ello tener muchos floreros al lado. También me gustan los crucifijos y las vírgenes. Me recuerdan que, de existir lo que representan, me aguardan millones de eternidades para sufrir... ¡y eso me hace sentir vivo en toda mi acritud! Además, combino el vino de los crucifijos con el agua: hacen una sangre especial. También bebo el caldo de las alcachofas y la sangre liofilizada de batracios y roedores: ¡también me hacen sentir vivo en toda mi acritud!... ¿Sabéis? La fiebre me da sed. ¡Mucha sed! ¡Más sed de la que podéis tener en estos precisos instantes! (Mirad el reloj, por favor, mirad).



Hay una cubertería para ricos y otra cubertería para pobres. La de ricos es la que no se utiliza, la de pobres es la que se usa. Conclusión: donde hay dos cuberterías así, no hay ricos. Los ricos no entienden de pobrezas. Y luego está, ¡por supuesto!, la cucharita y el platito del tonto que no sabe cómo se come; la cucharita y el platito de los condenados tontos que no saben de la seria y formal educación de los listísimos inmortales que convivir saben. Hay una cuchara de Ikea o de "Chinos Market" para los que no aprendieron etiqueta en colegios donde se pudrían los afectos. (Mirad el reloj, por favor, mirad).



La perfección está en el círculo de una pizza familiar. Y, ¡claro está!, lo familiar siempre estará alejado de una pizza. "Pizza" y "familia" son términos antitéticos, se podría elaborar todo un ensayo sobre esta cuestión. La filosofía es eso: indagar los fundamentos desde cosas tan superficiales y "raras" como la afirmación de que donde hay una pizza, no hay familia. Os aseguro y juro por todos los relojes del mundo que he pensado mucho delante de las pizzas. La pizza es compromiso, urgencia, sabor de "el mundo al alcance de todos los que no pueden alcanzar el mundo", desgarro, compromiso sin corazón, cansancio; enfermedad, asunción, tristeza de días sin horizonte, estrechez fúnebre. Pero lo dejo ahí, porque no sé si estáis mirando el reloj en este preciso instante.



Ya llega la Semana Santa. ¡Por fin un respiro! ¡Unos días para ser un poquito más felices! ¡Unos días para estar un poquito más tranquilos! Una pregunta. Si por un casual os reservaran estos días para haceros un poquito más tristes, para poneros un poquito más paranoicos, para hundiros más en la grisura y en el apagamiento de los días, ¿cómo llamaríais al que os hiciera esto? Responded. Tenéis tiempo (pero no descuidéis el reloj, por favor).



Dentro de una hora, si estoy vivo, pediré dos pizzas familiares (de doce y de dieciséis quesos respectivamente). Y de postre, ¡una pizza de fresas! ¡Detesto las fresas! Pero la pizza -¡milagro!- hace que sí me gusten. También tomaré, si me quedan ganas, un helado de gazpacho. Para hacer la digestión me iré a la plaza que llaman "del infierno" a ver pasar piernas enlutadas y prótesis de circonio. Es posible que me encuentre a Félix de Montemar y a la luna ensartados. Me gusta soñar mientras pasean las manecillas de ese reloj que tenéis que mirar.



Y no... no dejéis de mirar el reloj... (al menos así, mientras os fijáis en esa pequeña cosa, no estallaréis de rabia). El reloj os mide. Cuanto más mide el reloj de un hombre, más hombre es uno. Esa es la medida de la hombría. Hay un reloj en cada compromiso. El reloj del bautizo, el reloj de la comunión, el reloj de la boda, el reloj de la separación; el reloj del entierro, el reloj de la resurrección... ¡Muchos relojes para comprometer el tiempo! Es posible que este domingo de ramos también exista un reloj de ramos (el primer domingo -y quizás el último- que paso fuera de la tierra que me vio nacer). Y también hay un reloj para la tumba... ¡Mi predilecto! ¡Adoro los relojes que van a parar a la tumba! ¡Qué escarnio! ¡Qué burla! ¡Pero qué tremenda lección para la presunción y el orgullo del que se larga al polvo! Y no importa la edad que tenga... ¡Relojes! ¡Relojes como tumbas!... (No me digas que has dejado de mirar el reloj, porque sería para matarte).



Llega el reloj de la noche. Y la pizza de pollo, atún y bacon. Bajo el número de teléfono hay una leyenda: "Vuestros hijos también la morirán". ¡Ah, consuelos, consuelos! Mientras, ¡solo! ¿Y? Hay que saber vivir y estar solo. La soledad no es mala, si puedes ver cómo mueren los demás a tu alrededor. ¡Y mueren! ¡Ya lo creo que mueren! ¡Ahora bien... cuidado... hay que ser políticamente correcto y lamentar las pérdidas! Pero, ¿luego? ¡Correrse de gusto! (Y tú mira el reloj, en lugar de acusarme de procaz y de vete tú a saber de qué cosas más).



Yo tenía proyectos (con y sin reloj), esperanzas, ríos que navegar aunque no fueran navegables... Los que me conocían decían que daba gusto, ¡que cómo prometía!, ¡y qué inteligencia!, ¡qué brillo tan sutil!... No me conocían. Quien verdaderamente me ha conocido sabe que soy el que tiene que comprar una cuchara, un sofá, pagar lo comido y lo bebido y, ¡ojo, que esto sí que es importante!: reconocer cada noche ante su conciencia la frondosa mierda que es. Sí, quien verdaderamente me ha conocido ha sabido regalarme los oídos y practicar bien el afecto (y la huida hacia adelante con mi cadáver por detrás). Mirad el reloj (y no confundáis su tic tac con el de una bomba). Es fácil conocer a los demás e ignorar la bestia que se acarrea desde el principio y para siempre.



Me han quitado la alegría y los parques en los que poder lucirla. Me han quitado la risa (y eso es libertad), me han quitado todo aquello que podía tirar las barreras que impiden vivir a la gente. Me han quitado la ironía, la frescura, el vuelo de las alas que sólo saben sonreír. Han dado una escoba a una paloma y la han puesto a barrer urinarios. Además, han encharcado de culpa las plumas y han alquitranado de reproches al águila; han convertido al ave en un cordero llevado al matadero. ¿Un cordero pascual? ¡No! Un cordero para los compromisos de todo a un euro. ¡Y encima han hecho que se ponga un reloj para que cuente las horas!



Sigo esperando, conectado, enarenado por el tiempo, sin posibilidad de que la nieve redima nada (porque no hay nieve). Yo sé que hay relojes de arena que exclusivamente miden... (¿sabéis qué?)... (¡sí!)... lo que tarda en llegar una pizza y en morir una familia. Podéis tildarme de loco por mi acentuada deriva, ¡pero me da igual! Vosotros sólo sabéis mirar el reloj... sólo podéis mirar el reloj. Tenéis voluntad de reloj, voluntad de reloj - reloj. ¡Vaya si os conozco!


Pienso en mi amada. Seguramente estará encargando un ciprés de plástico tamaño bonsai para dedicármelo el día 2 de noviembre (¡siempre y cuando haya comprado un sofá y una cuchara! Si no, no hay plegaria). Hay cosas más eternas que un puto reloj.




Soy odre, soy aire, soy tierra; pero mi culo huele a jazmín y soy pobre. Conclusión: la felicidad no existe, pero la muerte se le parece bastante. Tic tac, tic tac, tic tac...




(Guiño o alarma de despertador: quiero creer que un ángel angelical contrarrestará a los ángeles infernales).

14.4.11

Decía un niño: "Eche cheñó te muere, te muere... ¡Ta mu mal! ¡Mu mal, mu mal!



Contestó el diablo, que pasaba por allí: "Igual que vos, ¡igual que vos! Porque el plazo que separe el hecho no es cualitativamente significativo".



¡Ah! ¡Satán siempre tiene la palabra exacta!

11.4.11

Limpieza

Salir a la calle y comprobar que eres el único superviviente: nada puede superar esa sensación, ninguna alegría es mayor.

9.4.11

Revolutum

Mi lucha ya no es una lucha, ni mi culo es una hucha. (Podría ser el estribillo de una canción de cualquier masacrador de clasicismos de esos que llenan estadios). Ahora cualquier cosa sirve para un estribillo, todo puede hacerse pegadizo si se transmite por el medio adecuado y en el momento adecuado. Como ese vídeo que circula por ahí: "Tra, tra, tra, cuatro paquetes de sal... Que tengo el chocho escocío de tanto follá, follá, follá... Follar es bueno, meter la pija por el bujero; te da, te da, te da gustito tener el chocho muy calentito. ¡Al galope los pelos de mi cipote! ¡Galopina, la polla se me empina!... Tra, tra, tra, cuatro paquetes de sal" (repetir tantas veces como neuronas falten a un adolescente de nuestro tiempo, o sea, sin parar). Tele 5 se lleva el récord de audiencia y el payaso (en el buen y único sentido de ese término) de Jorge Javier se siente ofendido porque Emilio Gutiérrez Caba lamenta profundamente que al payaso le hayan dado un premio de periodismo. En fin, es cuestión de emparejarse y aparearse en esta noria de ridículos, mientras en los hospitales se respira la última agonía. Pero pienso en alguien sentenciado a los paliativos y a la espera del pijama de madera; pienso en alguien así que haya pasado la mitad de su vida viendo la caterva de Tele 5 y que ahora ve el final... Necesito tomar una copa de absenta para poder centrar esa imagen y no perder la respiración por ello. Siempre hay quien defiende el pienso de las mayorías alegando que no se va a estar hablando de Husserl todos los días; ¡y claro, no va uno a entrar a polemizar diciendo que hay más alternativas que Tele 5 y sus payasos o Husserl! Yo, por mi parte, reivindico a Torrebruno y a Heidi (ambos en la misma cama, con Niebla de árbitro). Las cosas, aunque no lo parezcan, pueden seguir siendo -y son- serias. La seriedad se mueve en el presente, como el aburrimiento se mueve en el pasado y la aventura en el futuro. Por eso las tiradas de "Cuéntame cómo pasó" aburren: el pasado no puede estar dando la vara en el presente y en el futuro. Por eso la aventura imprevisible, cuya respuesta está en el futuro, apasiona: no sabemos con certeza lo que vendrá. Luego está lo serio, el presente, esa caída tonta de alguien, esa caída que provoca risa y que, al segundo, se convierte en mueca de monos tristes cuando te dicen que por esa caída hilarante alguien ha perdido la vida. El mono tonto, el hombre tonto, el hombre en sí es así: un culo esclavo del presente, un culo que cuece hemorroides cuando se fija en el "Cuéntame" de lo que fue, y que revienta sus hemorroides cuando emprende la aventura de levantarse del sillón (aunque sólo sea para ver en qué fosa van a reposar). La baba del hombre tonto termina en el albornoz o en el batín, acaso en la camisa; esa baba del hombre tonto, del hombre en sí, del hombre al fin y al cabo ya no es palabra sustantiva, sino blablableante baba.



Yo mientras... ya sabéis... "Tra, tra, tra... ¡cuatro paquetes de sal!" (Es pegadiza la canción, tan pegadiza como el mal gusto). Y además, para acompañar visualmente, Torrente 4 en 3 D (para no perder detalle). De todo esto, ¡lo mejor!: ver los golpes de pecho de quienes no podrían vivir sin escuchar ni ver esas cosas. ¡La doble carita! ¡Esos escrúpulos de mantequilla más pasados que el arroz más pasado! Y si a esto le ponemos una visita a la iglesia algún domingo de cuaresma: ¡para mear y no echar gota!

6.4.11

Nos movemos entre cadáveres, nos alimentamos de cadáveres y vamos para cadáveres. Eso no escapa a nadie. No es una visión negativa ni pesimista, más bien es aséptica. Todo está enfermo y, más aún, todo es enfermedad. Al final llega el fin (eso es palmario). Mientras, la vida sigue con sus tonos, sus ritmos y sus colores: la gama de grises a veces es tan amplia como estemos dispuestos a aceptar. Cuestión de resignación o cuestión de lo que la química dictamine. Y todo se seca. La vida mancha. Se repiten los discursos. Puede que nada sea suficiente y que los inconformistas tengan (o tengamos) las horas contadas... ¡Quien dice horas dice tiempos más largos!... O instantes más eternos. Es cuestión de vivir. Es cuestión de saber que se muere y de morir viviendo. Todo palabras y todo a un euro. Uno se queda mirando ante la ventana: esta ventana o cualquier otra ventana. ¿Qué más da? El caso es mirar y escuchar, poder señalar, disparar rayos de luz y de vida con el aliento o con los gestos. Se trata de mostrar el desprecio y la envidia con alardes de moribundo que piensa que nunca ha de morir. No pienso en ti especialmente... ni en ti... ni en vosotros... ¡ni en mí, por supuesto! Sólo señalo. Divago.

Fin de crédito (I)

"Para hablar sinceramente, así, entre nosotros, termino peor que empecé... No es que empezara demasiado bien..."





Estoy de acuerdo, comulgo con ese inicio de novela... aunque es sólo un inicio... Yo me muevo ahora en el fin... ¡en el fin de crédito!... en los términos... en el desenlace de los desarrollos. Ahora bien, ¿cómo te lo cuento? ¿cómo me lo cuento? ¡Es difícil!... Hay mucha mala leche... ¡somatizada mala leche!... no sólo mía... de todos... Hay que saber estar... hay que saber no estar... permanecer y estar ausente... desaparecer y que noten tu presencia... ¡os podéis imaginar! Se acabó lo que se daba... pero lo que se daba no costó poco... ¡al contrario! Pero he de ser más concreto... Lo primero de todo: ¡objetividad! ¡objetividad ante todo! Comprobar que objetivamente te quitan el aliento... te envenenan... piensan en tu debilidad. Comprobar además de sentir... porque no puedes dejar de sentir... sentir lo mierda que eres y lo mierda que te hacen sentir... ¿Creéis que soy un paranoico? ¿que objetivamente no vienen a por mí con el cuchillo entre los dientes? ¿creéis que me quieren con todo el corazón?... No os equivoquéis.... Quizás me quieran, pero no perdáis de vista el cómo me quieren... ¡muerto! out! ¡lejos como la tumba más lejana!... ¡Y cómo lo desean!... ¿Paranoia?... ¡Ja!... ¡Hay facturas! ¡facturas hasta de las cucharas y cuchillos que se van a emplear en mi matanza!... No es broma... Ya es que no hay ni un centímetro cuadrado en el que poder respirar... ¡Qué asechanza!... ¿Veis esa mota de polvo en vuestro escritorio? ¡Mía!... ¡es mía!... para hacerme matar. ¿Os falla algún electrodoméstico?... ¿algún aparato?... ¿os ha petado el ordenador? ¡Yo!.... ¡he sido yo!... para poder ir a la cárcel... ¡condenado!... Así puedo escapar a la muerte que me tienen preparada... ¿Y qué me decís de ese olor en el ambiente? ¡Mi hedor! ¡He sido yo!... ¡culpable!... ya han cogido el coche para venir por mí... sobre mí... ¡Me van a convertir en alfombra sobre el asfalto!... ¿Y veis esos síntomas? ¿esas dolencias de los otros? ¿las cochinas enfermedades?... ¡Mías! ¡instigadas por mí!... ¡Qué cruel soy!... ¡qué cabrón!... ¡para matarme! Soy el culpable de todo, los demás inocentes, santos... ¡nimbados! ¡inodoros! ¡impolutos!... ¿Os falta dinero? ¡Lo cogí yo!... ¿Faltan enseres? ¿ajuares? ¿peras al cuarto?... No miréis para otro lado... a mi jeta... señaladme... me lo merezco... "¿Qué han hecho con el angelito del altar?" ¡Me lo comí yo, señor!... ¡lo devoré yo, señora!... ¡un ataque de nervios!... ya ve... fiebre atrasada.... hambre atrasada... impurezas. El delito es no integrarse... no comprender que sociedad no es suciedad... no entender que la vida social es perenne como los pinos, los altares y las tumbas... aunque haya pocas de estas últimas. ¡La sociedad!... ¡la diosa sociedad!... ¡las buenas costumbres!... ¡lo que marca el ritmo, la pauta, los usos!... Lo que marca también los crímenes, los desdenes, las indiferencias... ¡las persecuciones! ¡persecuciones con cuchillos y cucharas entre los dientes!... Ya no usan la lengua, llevan cucharas directas a los ojos para rebañar las cuencas... para apurarlas... ¡como flanes! Y sí, como buen loco, oigo las voces... ¡qué gritos! ¡Silenciosos gritos, amables gritos, discretos gritos, exculpadores gritos!... En ocasiones veo vivos... ¡y qué vivos! ¡Con unas fauces! ¡con unos dientes! ¡sangrando las encías!... Van a por el loco... "¡Desterradle! ¡desterradle!... ¡no merece el alma que le dimos!" En efecto... el alma del cañón... para que te metas dentro y te disparen bien lejos... tan lejos como para que reclames el estatuto de apátrida y te vayas con Cioran a los urinarios... "¡Desterradle! ¡ha matado a los angelitos negros! ¡ha matado a Machín!"... Soy un odre, un discretito y a la vez opulento odre de mierda... y ellos todos quijotes... ¡y qué espadas! ¡espadas como cucharas! ¡espadas como hornos! ¡espadas como esteras! ¡espadas como desconchones en la pared!... "¡Guarro!... ¡guarro!... el mar es guarro... el mar está podrido... el mar está seco... el mar no se ha abierto las tripas... el mar no se corta la cabeza"... ¿Lo oís? ¡yo lo oigo! ¡cada noche, cada minuto!... ¡cada nanosegundo es un puñal etéreo para desguazarme! "¡El mar es guarro! ¡un cerdo!... El mar es innecesario... el mar no se puede reubicar... el mar es sucio... el mar no tiene control... el mar no tiene disciplina ni hábito"... Sé que mañana cuando salga a la calle... ¡zass!... ¡huevos a lo Germinal! ¡arrancados! ¡cercenados!... "¡Por cerdo!... ¡Castrad al mar!"... ¡Gracias, cielos!... ¡Gracias, tierra!... ¡aquí una boca de rana para los huesos!... ¡aquí Bienvenido! ¡el felpudo!... ¡pisad! ¡pisad fuerte! ¡con garbo de inocentes!... Pero, no obstante, ¡cuidado!... No les bastaría... No sería suficiente perseguir mientras el día es día y la noche es noche... ¡hay que ir más lejos!... ¡hay que dar ejemplo ante los demás! ¡enseñar el cadáver! ¡mostrar los restos!... "¡Mirad lo que hacemos con los invasores! ¡mirad sus huevos! ¡mirad los huevos del mar!"... Que nadie ponga los pies para quedarse, ¡alas!... ¡aire! ¡al cigüeñal! ¡al cigüeñal!... ¿Y qué queréis que haga?... Los más solidarios me recetan gominolas. ¡Y qué gominolas!... ¡Ni lo imagináis! ¡Gominolas para esquizofrénicos, paranoicos, homosexuales, drogadictos, vagos; maleantes, asesinos, pervertidos!... ¡Gominolas con DNI y certificado de vida!... ¡Lo último de lo último!... Me recetan caramelitos para conejillos marca "Acme"... Si estos platanitos no te matan, ¡eres el eslabón perdido! ¡simio pero honrado! ¡cabrón pero honrado!... "Tome usted esto... ¡novedad!... ¡píldoras como sandías para sociabilizar!"... ¡Gracias, doctor!... "¡Oh, por Dios! Yo quiero secar el mar como los demás desean secarlo... Eso sí... cuidado con la pilila... mejor a trozos"... Gracias, doctor, no la necesito... Yo ya no necesito adornos ni accesorios absolutamente inútiles... Gracias... ¡Qué gominolas!... ¡nubecitas para gitanitos!... ¡ladrillitos de los ácidos para hacer rebotar las neuronas!... ¡bombones para encharcar todos los surcos del cerebro!... Lo que sea para dejar de sentir, para andar dormido, para trabajar dormido... ¡para dormir dormido!... "¡Además, también se fabrican sin azúcar, mar mujer, mar hembra, mar linda!"... Gracias, doctor... ¡por mi nombre!... ¡por mi sexo!... ¡Mil gracias!... ¡Ñam, ñam!... Supositorios orales, grageas de Goebbels... ¡y ni una excitación! ¡ni un sobresalto! ¡ningún espasmo!... ¡muerto antes de pensar siquiera en hacer daño por existir!... ¡te fulminan!... ¡te cristianizan!... ¡todo por la virgen!... ¡huy la virgen! ¡huy la virgen!... en fin... un vasito... agua... ¡exquisita el agua!... agua como para encharcar un pulmón... sustancias como para desecar un cerebro... ¡un beso!

3.4.11

"¡Se va a suicidar!", dicen... "¡A los 45! ¡Ya le vale! Ha sido un cómodo cabrón hasta para eso!", dicen... Pero es que el hombre no es malo, está más allá de esos calificativos de bueno y malo... Al menos en esas épocas o en esas culturas en que la distinción bueno - malo funcionaba había una posibilidad de culpar o de recompensar... En estos tiempos no, con estas gentes no... "¿Por qué no se mató antes? Hubiese sido una muestra de dignidad", dicen y preguntan... ¿Dignidad? ¡Pero si vosotros no sabéis qué es eso! La palabra "dignidad" en vuestros morros no es más que un vacuo atavismo... "Es una pena que no haya tenido hijos. ¡Qué desperdicio!", te escupen... ¿Hijos? ¿Como los vuestros? ¡Mejor seco como una vara de avellano!... "Pero ahí está: solo y amargado, olvidado de todos. ¡Le está bien empleado! En el castigo lleva la penitencia", te señalan con el pecho inflado y lleno de cáncer. Esos son los otros, los que te quieren bien, los que no dejan de juzgar, los que viven gracias al sufrimiento de los otros (es decir, ¡todos!)... "Y el caso es que podía haber vivido bien. ¡Como un rey!", juzgan y apestan... ¿Qué queríais que hiciera? ¿Cambiar los pañales a una criaturita que a los dieciséis años me clavara una jeringuilla en la yugular? ¡Ja! ¡Una mierda!... "¡Siempre viendo el lado negativo! ¡Siempre negativo! ¡Nunca positivo!", te regurgitan, te vomitan, se corren encima tuyo. ¡Eso es! ¡Positivo! Como positivo debería ser el resultado de todas vuestras analíticas... Positivo todo desde el colesterol hasta los triglicéridos pasando por un ácido úrico valor 15 y una cruz como la de los Caídos sobre la prueba del VIH... Así os quiero yo: positivos con vuestra jeta partida y con la zafia cara del conformismo amargo... "Todo lo que desee le pasará a él. ¡Así está!", te sentencian firmemente, te cuelgan. Son así de previsibles, así de primarios en maldad, así de honestos con su pestilente y rancia educación. ¡Y cómo lo viven! ¡Son lo que han mamado! Venenosos, malignos, huraños... ¡cristianos moralmente podridos!... "No le hagáis caso. Está loco. ¡Vámonos, vámonos! ¡Dejémosle! ¡Ya se calmará! Que Dios le ayude", te vuelven a señalar, se justifican, se golpean con el "Yo confieso" entre las sebosas tetas mientras gritan el "Yo acuso"... Y te dejan ahí, purulento como una rata, vomitando, entre quejas y aullidos de dolor. ¡Pero ni siquiera disfrutan del daño que hacen! Para ellos todo es natural y ecológico... Su mala hostia es ecológica... como la mierda que cagan sintiéndose culpables de un acto tan bajo y ruin como ese: ¡cagar!... "¡Qué falta de gusto! ¿Y para eso tanta "cultura"? ¡Ya vemos tu cultura, ya! Mucho saber pero educación ninguna", se deleitan, se masturban, se corren en procesión. ¡Qué enjundia! ¡Bárbaros! ¡Civilizados bárbaros cristianizados! ¡Son legión! ¡No veas cómo abundan los santos de esa naturaleza! ¡Y qué naturaleza!... "¡Pero no le ves qué pinta! ¡Apártate de él!", se retiran (pero poco, porque van a seguir apuñalándote un poquito más, hasta que dejes de respirar por lo menos). ¡Qué poesía! ¡Qué elogios! ¡Qué estima la que insuflan con sus preceptos! ¡Qué normas ISO de las buenas costumbres! ¡Manuales con patas! ¡Preceptivos en todo! ¡Hasta para cagar! ¡Prohibido meterse el dedo en la nariz! ¡Que las manos van al pan, a la verga y al coño!... ¡Como Dios manda! ¡Como la iglesia manda!... ¡Ah! ¡Y nada de carne! ¡Sólo bacalao y aceitunas al pil pil!... Ya de paso se sustituyen las piezas a cazar: moros y sudacas en vez de cerdos y ciervos. ¡Como Dios y la iglesia mandan!... ¡Falsos! ¡podridos! ¡necios llenos de basura!... Pero, ¡cómo disfrutan! ¡Qué pajas mientras juzgan al prójimo! Es lo que miran: las pajitas, las motas, las minúsculas máculas, la letrita pequeña e invisible, el átomo y sus valencias... ¡Pero qué vigas se tragan! ¡Un millón de Burj Khalifa podrían construir con esas vigas!... "¡Qué verborrea! ¡Qué penita! ¡Qué peniiiita, Dios!... ¡Vámonos, vámonos!", se alarman, se hacen de rogar, se van a misa -no sin antes mostrar cómo han logrado atar a sus criaturitas con chistorra y a sus perros con longaniza-. Ellos se han desvivido por traer vida al mundo y cuidarla y mimarla y hacerla crecer: ¡unos santos! ¡Ya ves! ¡Altruistas ellos!... "¿Cómo es posible que haya gente tan mala y tan egoísta que no traiga niños al mundo? ¡Inconcebible!... ¡Atenta contra la naturaleza!", pontifican a golpe de látigo. ¿Qué naturaleza? ¿La que ha borrado a Japón del mapa? ¿La que borró a Indonesia del mapa? ¿La que ha ido dando lecciones de humildad a los cerdos que hozaban sobre ella? ¿Esa naturaleza?... ¡Todo por esa naturaleza! Hay que dar todo por una naturaleza así: es la única capaz de bajar los humos a esa beata altanería de los "sin mácula". ¡Gran catedrática la madre naturaleza! Y gran enterradora... ¡La de heces que ha debido tragar! ¡Heces humanas: las peores, las más contaminantes, las más asquerosas!... Y ahí sigue: con sus aguas y sus tierras en movimiento, jugando al ajedrez entre seísmos y maremotos... "Desbarra... pierde el tiempo... ¡Y lo hace perder, que es lo peor! No sé cómo consienten todo esto. ¡Seguro que tiene una doble cara! ¡Seguro que en su trabajo es una excelente persona!", blablean y blablean, kikirikean y kikirikean. ¡Ay, esas gallinitas sí que saben de tener doble cara! Ayudan con obras al prójimo y luego, en sus casas, lo vuelven a crucificar con sus comentarios de buena conciencia, de almita pura y limpia. ¡Falsos!... ¡cadáveres! ¡gusanos! ¡Janos de culo estrecho!... Pero, ¡mira! ¡Ahí se quedan! No merecen demasiadas líneas... si acaso una copa para olvidar y un entierro de silencio. No será a mí a quien convenzan de nada, ¡no! La naturaleza ya ha flirteado bien conmigo: ¡se ha colado por mis huesos! ¡Vaya si le he caído bien a la naturaleza! Me ha dado bien por todas partes... Y me ha concedido el privilegio de verme bien por dentro: ¡radiografías de todo! ¡Mi sangre analizada en mil laboratorios! ¡El cuerpo vuelto del revés!... Ella sí me ha querido (y aún me quiere). Me ha zarandeado, ¡pero por mi bien! Algunos huesos rotos, los músculos paralizados, la sangre hecha una piltrafa; los nervios machacados, la respiración dando toques de queda a cada minuto, las articulaciones componiendo sinfonías de lo más variopintas: ¡efectos del amor de la naturaleza! Con eso me basta y me sobra, tengo suficiente con ese amor que ella me da. Y reconozco que soy egoísta: no quiero transmitir tantas bondades a una nueva vida. Mi egoísmo me lleva a querer disfrutar yo solo de todo eso hermoso que ofrece la sociedad al hombre desde la inquisición hasta Auschwitz pasando por todas las páginas de cualquier libro de historia. ¡Pero respeto! ¡Soy el respeto personificado! El que quiera traer longaniza al mundo: ¡sea!... No seré yo quien ponga trabas a los que matarían a quien se opusiera a sus ansias de perpetuar el cáncer del hombre por el mundo.

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