Dos casos
Dos personas cordiales me hablaron hace días de sus asuntos. Ambas tenían un punto en común: una persona del sexo opuesto y de Eva pretendió arruinarles la vida. Los casos eran similares: Eva y su familia consideraron que había llegado el momento de comenzar a usar los calificativos previos al desahucio: "es un mantenido", "no aporta nada a tu vida ni a la nuestra", "muerte al vago", "es un vividor que no nos merece"... Llegado el momento tuvieron que optar por ser fuertes; pero momentos antes, mientras la pesadilla duraba sintieron cómo el mundo se les venía encima hasta el punto de no poder decir ni hacer nada. El hecho de que hubiera descendencia de por medio empeoró o alivió las cosas (esto admite versiones). Han pasado años desde que optaron de nuevo por la libertad perdida; y pueden hablar con una sonrisa -y con muchas arrugas en su rostro- de lo que sucedió. La historia se conoce de sobra, muchos la han padecido. He notado que cuando me contaban esas anécdotas en las que ahora pienso se sentían mejor, como si aún necesitaran dar fe o dejar testimonio del horror real al que se ha de enfrentar tarde o temprano el que apuesta por convivir con una hembra. Debe ser duro el trance de romper cuando todo se creía estable y duradero. En esos momentos parece como si la enfermedad y la muerte fueran meras espectadoras de lo que sucede, todos parecen gozar de una extrema vitalidad para la lucha por una vivienda, por un sueldo, por un coche... por todo aquello que tenga el más mínimo valor (económico, afectivo, espiritual... de cualquier tipo) y que pueda hundir al hombre en un abandono absoluto. Ambos casos pronunciaron la misma frase: "ella quería verme hundido sobre todas las cosas, aunque fuese lo último que hiciera". Al final han salido adelante y, cosa curiosa (esto lo he comprobado en muchos otros hombres): todo el sufrimiento que ellos padecieron en ese trance se ha visto culminado con la contemplación de cómo la otra persona perdía a sus seres queridos y reclamaba una ayuda que, por naturaleza, no les fue concedida. El genio sintetizó con dos lemas algo que estos dos amigos me han contado: "El hombre es malo, la mujer perversa" y "¿Vas con mujeres? Usa el látigo". He escuchado nuevamente eso de que el hombre puede hacer muchas putadas y olvidarlas al segundo; pero que no hay mujer que no guarde en sus podridas entrañas todo lo que pasa para después pasar factura y ejercer el castigo más cruel y duradero (y no sólo con el hombre, sino también con la mujer). Sí: el hombre es como un perro y la mujer una serpiente; el hombre es como un águila y la mujer un loro convertido en mariposa. En cualquier caso, esto es una mera divagación. Uno ha de saber estar por encima de eso. Escuché una vez que hicieron un estudio con diversos colectivos para comprobar la correspondencia entre violencia e inteligencia, entre malos tratos y coeficiente intelectual. El resultado más notable del estudio era que aquellos que en la campana de Gauss están hacia la derecha (los brillantes, los Einstein de la vida) no entraban en el laberinto de las voces elevadas, del ruido, de las descalificaciones, de los abogados, de las separaciones; no, no caían en todo ese mundo del que difícilmente se puede salir ileso. El estudio realizado en Alemania demostraba que personas de alto nivel intelectual (nombraban a catedráticos de universidad, directores de empresa, médicos) seguían una fría secuencia: mataban al cónyuge, iban fríamente a la cárcel y gozaban la vida. He de decir que tomé la noticia a guasa... pero después vi que el estudio era cierto. Pensé en cómo la razón pura, llevada a la práctica, es más pura aún. La inteligencia aplicada a la vida: eso es. Además, ese grupo de gente comentaba que los malos tratos eran algo impropio de alguien con un mínimo de cultura y con una cierta noción de estilo. Pensé en El asesinato considerado como una de las bellas artes... y nada más. En mi opinión la violencia no es el camino, es mejor la inactividad, el silencio, la indiferencia, el desprecio (hacia uno mismo y luego hacia los demás). Luego están los que hablan de "hablar", "dialogar", "comunicarse", los "socialistas" del espíritu, los que pretenden curar el hambre del mundo con verborrea y canutos.
En fin: hace días hablé con dos casos de cosas que no vienen al caso.

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