Revolutum
Mi lucha ya no es una lucha, ni mi culo es una hucha. (Podría ser el estribillo de una canción de cualquier masacrador de clasicismos de esos que llenan estadios). Ahora cualquier cosa sirve para un estribillo, todo puede hacerse pegadizo si se transmite por el medio adecuado y en el momento adecuado. Como ese vídeo que circula por ahí: "Tra, tra, tra, cuatro paquetes de sal... Que tengo el chocho escocío de tanto follá, follá, follá... Follar es bueno, meter la pija por el bujero; te da, te da, te da gustito tener el chocho muy calentito. ¡Al galope los pelos de mi cipote! ¡Galopina, la polla se me empina!... Tra, tra, tra, cuatro paquetes de sal" (repetir tantas veces como neuronas falten a un adolescente de nuestro tiempo, o sea, sin parar). Tele 5 se lleva el récord de audiencia y el payaso (en el buen y único sentido de ese término) de Jorge Javier se siente ofendido porque Emilio Gutiérrez Caba lamenta profundamente que al payaso le hayan dado un premio de periodismo. En fin, es cuestión de emparejarse y aparearse en esta noria de ridículos, mientras en los hospitales se respira la última agonía. Pero pienso en alguien sentenciado a los paliativos y a la espera del pijama de madera; pienso en alguien así que haya pasado la mitad de su vida viendo la caterva de Tele 5 y que ahora ve el final... Necesito tomar una copa de absenta para poder centrar esa imagen y no perder la respiración por ello. Siempre hay quien defiende el pienso de las mayorías alegando que no se va a estar hablando de Husserl todos los días; ¡y claro, no va uno a entrar a polemizar diciendo que hay más alternativas que Tele 5 y sus payasos o Husserl! Yo, por mi parte, reivindico a Torrebruno y a Heidi (ambos en la misma cama, con Niebla de árbitro). Las cosas, aunque no lo parezcan, pueden seguir siendo -y son- serias. La seriedad se mueve en el presente, como el aburrimiento se mueve en el pasado y la aventura en el futuro. Por eso las tiradas de "Cuéntame cómo pasó" aburren: el pasado no puede estar dando la vara en el presente y en el futuro. Por eso la aventura imprevisible, cuya respuesta está en el futuro, apasiona: no sabemos con certeza lo que vendrá. Luego está lo serio, el presente, esa caída tonta de alguien, esa caída que provoca risa y que, al segundo, se convierte en mueca de monos tristes cuando te dicen que por esa caída hilarante alguien ha perdido la vida. El mono tonto, el hombre tonto, el hombre en sí es así: un culo esclavo del presente, un culo que cuece hemorroides cuando se fija en el "Cuéntame" de lo que fue, y que revienta sus hemorroides cuando emprende la aventura de levantarse del sillón (aunque sólo sea para ver en qué fosa van a reposar). La baba del hombre tonto termina en el albornoz o en el batín, acaso en la camisa; esa baba del hombre tonto, del hombre en sí, del hombre al fin y al cabo ya no es palabra sustantiva, sino blablableante baba.
Yo mientras... ya sabéis... "Tra, tra, tra... ¡cuatro paquetes de sal!" (Es pegadiza la canción, tan pegadiza como el mal gusto). Y además, para acompañar visualmente, Torrente 4 en 3 D (para no perder detalle). De todo esto, ¡lo mejor!: ver los golpes de pecho de quienes no podrían vivir sin escuchar ni ver esas cosas. ¡La doble carita! ¡Esos escrúpulos de mantequilla más pasados que el arroz más pasado! Y si a esto le ponemos una visita a la iglesia algún domingo de cuaresma: ¡para mear y no echar gota!

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