17.4.11

¡Qué tonto está el puto mar! Se encrespa, se apacigua, eleva sus olas, se amansa; deja navegar, hunde las embarcaciones. ¡Qué tonto está el puto mar! Se puede reír sobre sus olas, pueden sentir la aventura sobre su lecho, pueden temer lo inesperado bajo su superficie... Pero sí, ¡qué tonto está el puto mar! ¡Y cuántos cadáveres y tesoros hay en sus bienaventuradas profundidades! Confiad en el flautista de Hamelín y ponedle un traje de neopreno: ¡os descubrirá lugares de los que nunca querréis volver! Y tampoco hacen falta flautas ni flautistas: contened la respiración diez minutos y medio. ¡Veréis Xanadú y el Marenostrum y ya nada volverá a agobiaros! Pero es cierto, ¡qué tonto está el puto mar! ¡Y qué tonterías yacen eternas y sin vida en su fondo! ¡Venid y encontraréis! Incluso hay un libro de Tolstoi para los que puedan aguantar sin respirar una eternidad. Y, sí, por supuesto, también hay un ramo para enlutar el orbe.

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