"¡Se va a suicidar!", dicen... "¡A los 45! ¡Ya le vale! Ha sido un cómodo cabrón hasta para eso!", dicen... Pero es que el hombre no es malo, está más allá de esos calificativos de bueno y malo... Al menos en esas épocas o en esas culturas en que la distinción bueno - malo funcionaba había una posibilidad de culpar o de recompensar... En estos tiempos no, con estas gentes no... "¿Por qué no se mató antes? Hubiese sido una muestra de dignidad", dicen y preguntan... ¿Dignidad? ¡Pero si vosotros no sabéis qué es eso! La palabra "dignidad" en vuestros morros no es más que un vacuo atavismo... "Es una pena que no haya tenido hijos. ¡Qué desperdicio!", te escupen... ¿Hijos? ¿Como los vuestros? ¡Mejor seco como una vara de avellano!... "Pero ahí está: solo y amargado, olvidado de todos. ¡Le está bien empleado! En el castigo lleva la penitencia", te señalan con el pecho inflado y lleno de cáncer. Esos son los otros, los que te quieren bien, los que no dejan de juzgar, los que viven gracias al sufrimiento de los otros (es decir, ¡todos!)... "Y el caso es que podía haber vivido bien. ¡Como un rey!", juzgan y apestan... ¿Qué queríais que hiciera? ¿Cambiar los pañales a una criaturita que a los dieciséis años me clavara una jeringuilla en la yugular? ¡Ja! ¡Una mierda!... "¡Siempre viendo el lado negativo! ¡Siempre negativo! ¡Nunca positivo!", te regurgitan, te vomitan, se corren encima tuyo. ¡Eso es! ¡Positivo! Como positivo debería ser el resultado de todas vuestras analíticas... Positivo todo desde el colesterol hasta los triglicéridos pasando por un ácido úrico valor 15 y una cruz como la de los Caídos sobre la prueba del VIH... Así os quiero yo: positivos con vuestra jeta partida y con la zafia cara del conformismo amargo... "Todo lo que desee le pasará a él. ¡Así está!", te sentencian firmemente, te cuelgan. Son así de previsibles, así de primarios en maldad, así de honestos con su pestilente y rancia educación. ¡Y cómo lo viven! ¡Son lo que han mamado! Venenosos, malignos, huraños... ¡cristianos moralmente podridos!... "No le hagáis caso. Está loco. ¡Vámonos, vámonos! ¡Dejémosle! ¡Ya se calmará! Que Dios le ayude", te vuelven a señalar, se justifican, se golpean con el "Yo confieso" entre las sebosas tetas mientras gritan el "Yo acuso"... Y te dejan ahí, purulento como una rata, vomitando, entre quejas y aullidos de dolor. ¡Pero ni siquiera disfrutan del daño que hacen! Para ellos todo es natural y ecológico... Su mala hostia es ecológica... como la mierda que cagan sintiéndose culpables de un acto tan bajo y ruin como ese: ¡cagar!... "¡Qué falta de gusto! ¿Y para eso tanta "cultura"? ¡Ya vemos tu cultura, ya! Mucho saber pero educación ninguna", se deleitan, se masturban, se corren en procesión. ¡Qué enjundia! ¡Bárbaros! ¡Civilizados bárbaros cristianizados! ¡Son legión! ¡No veas cómo abundan los santos de esa naturaleza! ¡Y qué naturaleza!... "¡Pero no le ves qué pinta! ¡Apártate de él!", se retiran (pero poco, porque van a seguir apuñalándote un poquito más, hasta que dejes de respirar por lo menos). ¡Qué poesía! ¡Qué elogios! ¡Qué estima la que insuflan con sus preceptos! ¡Qué normas ISO de las buenas costumbres! ¡Manuales con patas! ¡Preceptivos en todo! ¡Hasta para cagar! ¡Prohibido meterse el dedo en la nariz! ¡Que las manos van al pan, a la verga y al coño!... ¡Como Dios manda! ¡Como la iglesia manda!... ¡Ah! ¡Y nada de carne! ¡Sólo bacalao y aceitunas al pil pil!... Ya de paso se sustituyen las piezas a cazar: moros y sudacas en vez de cerdos y ciervos. ¡Como Dios y la iglesia mandan!... ¡Falsos! ¡podridos! ¡necios llenos de basura!... Pero, ¡cómo disfrutan! ¡Qué pajas mientras juzgan al prójimo! Es lo que miran: las pajitas, las motas, las minúsculas máculas, la letrita pequeña e invisible, el átomo y sus valencias... ¡Pero qué vigas se tragan! ¡Un millón de Burj Khalifa podrían construir con esas vigas!... "¡Qué verborrea! ¡Qué penita! ¡Qué peniiiita, Dios!... ¡Vámonos, vámonos!", se alarman, se hacen de rogar, se van a misa -no sin antes mostrar cómo han logrado atar a sus criaturitas con chistorra y a sus perros con longaniza-. Ellos se han desvivido por traer vida al mundo y cuidarla y mimarla y hacerla crecer: ¡unos santos! ¡Ya ves! ¡Altruistas ellos!... "¿Cómo es posible que haya gente tan mala y tan egoísta que no traiga niños al mundo? ¡Inconcebible!... ¡Atenta contra la naturaleza!", pontifican a golpe de látigo. ¿Qué naturaleza? ¿La que ha borrado a Japón del mapa? ¿La que borró a Indonesia del mapa? ¿La que ha ido dando lecciones de humildad a los cerdos que hozaban sobre ella? ¿Esa naturaleza?... ¡Todo por esa naturaleza! Hay que dar todo por una naturaleza así: es la única capaz de bajar los humos a esa beata altanería de los "sin mácula". ¡Gran catedrática la madre naturaleza! Y gran enterradora... ¡La de heces que ha debido tragar! ¡Heces humanas: las peores, las más contaminantes, las más asquerosas!... Y ahí sigue: con sus aguas y sus tierras en movimiento, jugando al ajedrez entre seísmos y maremotos... "Desbarra... pierde el tiempo... ¡Y lo hace perder, que es lo peor! No sé cómo consienten todo esto. ¡Seguro que tiene una doble cara! ¡Seguro que en su trabajo es una excelente persona!", blablean y blablean, kikirikean y kikirikean. ¡Ay, esas gallinitas sí que saben de tener doble cara! Ayudan con obras al prójimo y luego, en sus casas, lo vuelven a crucificar con sus comentarios de buena conciencia, de almita pura y limpia. ¡Falsos!... ¡cadáveres! ¡gusanos! ¡Janos de culo estrecho!... Pero, ¡mira! ¡Ahí se quedan! No merecen demasiadas líneas... si acaso una copa para olvidar y un entierro de silencio. No será a mí a quien convenzan de nada, ¡no! La naturaleza ya ha flirteado bien conmigo: ¡se ha colado por mis huesos! ¡Vaya si le he caído bien a la naturaleza! Me ha dado bien por todas partes... Y me ha concedido el privilegio de verme bien por dentro: ¡radiografías de todo! ¡Mi sangre analizada en mil laboratorios! ¡El cuerpo vuelto del revés!... Ella sí me ha querido (y aún me quiere). Me ha zarandeado, ¡pero por mi bien! Algunos huesos rotos, los músculos paralizados, la sangre hecha una piltrafa; los nervios machacados, la respiración dando toques de queda a cada minuto, las articulaciones componiendo sinfonías de lo más variopintas: ¡efectos del amor de la naturaleza! Con eso me basta y me sobra, tengo suficiente con ese amor que ella me da. Y reconozco que soy egoísta: no quiero transmitir tantas bondades a una nueva vida. Mi egoísmo me lleva a querer disfrutar yo solo de todo eso hermoso que ofrece la sociedad al hombre desde la inquisición hasta Auschwitz pasando por todas las páginas de cualquier libro de historia. ¡Pero respeto! ¡Soy el respeto personificado! El que quiera traer longaniza al mundo: ¡sea!... No seré yo quien ponga trabas a los que matarían a quien se opusiera a sus ansias de perpetuar el cáncer del hombre por el mundo.
La Selva de Próspero
Sapere aude!

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