Nubes, azul ocaso, piedras y viento, pasos... Tic tac, pulso, inspirar - expirar... Todo fluye.
La Selva de Próspero
Sapere aude!
28.5.11
23.5.11
18.5.11
Es necesidad.
Con un palillo afilado se puede encontrar la libertad; sólo es necesario para ello una prisión. Y cuando un preso toma posesión de su encierro cree dejar fuera años de hechos y vivencias -¡pobre engaño!-. Quizás no hay más realidad que la que se va deshilachando cada tarde. Se vive de proverbio y se muere de sociedad. Es cuestión de mover las piernas y de sonreír a los conflictos y a la pobreza. Las mentiras estaban ahí, pintadas de rojo... y no supe verlas. Tal vez estaban vestidas de blanco y empolvadas de flores. Ha llegado la triste tarde en que la hoja acaricia el cuello: un beso blanco y rojo para ser arena y noche. Siempre el camino hacia la noche. Yo sé que los niños seguirán jugando con espadas, pero no matarán; seremos nosotros, de mentiras y adornos, los que mataremos a quien se atreva a jugar otro juego que no sea el civilizado juego de las normas. No hay ni una palabra capaz de pinchar como una espada en este bombeo de mentiras que huelen a saliva. Y sin embargo la saliva puede ser tan tierna como un fleco de nieve. Hay una flauta tras las murallas que no puedes oír y un crotorar de cigüeñas.
Nunca vamos a poder conseguir lo efímero como lo pretende la oscura razón del dominio. Un instante de jazmín se compensa con la rabieta de un demonio. Después, por supuesto, está el miedo, ¡tan necesario! Sí, esto me lo han recordado: que el miedo es necesario para echarse a andar a través de la noche.
Nunca vamos a poder conseguir lo efímero como lo pretende la oscura razón del dominio. Un instante de jazmín se compensa con la rabieta de un demonio. Después, por supuesto, está el miedo, ¡tan necesario! Sí, esto me lo han recordado: que el miedo es necesario para echarse a andar a través de la noche.
14.5.11
La puerta de los sueños está vieja, llena de pelos, estéril y raída. La puerta está partida por los surcos de la amargura y de la rabia, seca, apolillada, tumefacta, vomitiva. Es una puerta vieja como un felpudo de polvorientas huellas. Para golpear una puerta así hay que haber fallecido en muchas eternidades. Peluda y huesuda puerta de los sueños.
La rata durmiente
Mi blog, ya lo he dicho muchas veces, no es literatura. Lo que aquí escribo es lo que realmente pienso y siento. Hay pocos momentos felices y mucha amargura. Nadie puede evitar eso, ¡al contrario!, hay gente que se solaza haciendo daño a los demás; pero esto no extraña a nadie. Pienso que, llegado un momento, todo depende de los instintos: se puede uno hundir y refugiarse en cualquier subterfugio químico, puede uno acabar con la vida de quienes le dañan, puede uno (en las menos de las ocasiones) permanecer sereno y aguardar que el río atraviese recodos más tranquilos. Pero uno no puede dilucidar qué acabará sucediendo. Tal vez es esa duda la que hace que uno tenga miedo. Uno nunca cree que vaya a tropezar de nuevo en la misma piedra ni que vaya a venir alguien que haga agradable las torturas de antaño; pero sucede, sucede siempre. A mí me ha sucedido (y tal vez a ti también). Es triste reconocer que las presentes (si las hubiere) y las futuras penas que otros seres humanos determinados vayan a padecer son la única alegría que te sustenta. Y esto no es ser mala persona, es ser justo o intentarlo. Participo de esa afirmación labrada en la Biblia: generaciones futuras de inocentes han de pagar por los pecados del padre. Es una ley natural que no ha dejado de cumplirse desde que el mundo es mundo. Otra cosa es que la verdad pueda expresarse impunemente. Y otra cosa es que la opinión de la masa sea algo que conlleve punición. Hay que encallecer los oídos para desentumecer el alma y la razón. Estoy aquí, sentado en una terraza, repleto de una ira justificada y santa, incrustando palabras. La tierra es de los simples, pero el hombre es mortal (justo equilibrio). Leo las cuatro palabras "La Selva de Próspero" y pienso que mi constancia y mi ser están ahí: eso es orgullo y permanece irrenunciable. Lo que digan los demás es palabra de otros. Los caracoles, las babosas y muchos hombres están constituidos de la misma naturaleza. Me duele servir a la fuerza de una costumbre tan anodina y tan falsa. Creo estar seguro de que hacen falta muchas más guerras y mucho más dolor para que la sensatez cuaje un poco. Aunque también entiendo la rabia de casi toda madre por su criatura amenazada; pero no hay madre que sobreviva a la madre naturaleza que todo lo devora.
En fin. Que se muere poco y demasiado dulcemente.
Cuando un niño nace, la mentira es una inocente culebra. Cuando el niño deja de serlo, la mentira se hace vida. Después, pulgar hacia abajo, morir.
El mundo está lleno de reyes y reinas; quien ciega tus ojos, roba tus sueños. Así es la balada de la muerte. Y yo, ¿qué quieres que te cuente? El polvo se mezcla con el sol y el sudor huele a barro. A veces me pregunto cómo será ese instante y si me daré cuenta, ya sabes, el instante en que los pulmones dejan de respirar y el corazón se para. Seguramente me puedo permitir el siniestro lujo de tener tiempo para pensar en eso. Si me preocupase más por las cosas de este mundo, no divagaría tanto entre las sombras. ¡Cuántas putadas! ¡Cuántos desengaños! ¡Cuánta repetición! Creo que los callos de mi alma son "a la madrileña" por el mero hecho de que nací en Madrid un día y por el palmario hecho de que un día nací. (Sonrío). No hay ninguna máquina perfecta -me refiero al hombre-; y tampoco creo que alguien tenga la idea de perfección en su cabeza como para poder juzgar. ¿Verdad? ¡Cuánta tontería! Me meto en tantos agujeros de gusano que corro el riesgo de que me tachen de bipolar o de algo peor. Pero, ciertamente, a los que van a morir poco les importa el juicioso saludo de los otros. Si tuviese a Nietzsche a mi lado le diría si le apetece tomar un Ribera antes de comer en solitario. Pero Nietzsche, como Dios, está muerto. Y yo también soy un solitario (sobre si "de grado" o no, esa es otra cuestión). ¡Ay! La vejez y la melancolía van de la mano. También los ángeles han muerto.
