Es necesidad.
Con un palillo afilado se puede encontrar la libertad; sólo es necesario para ello una prisión. Y cuando un preso toma posesión de su encierro cree dejar fuera años de hechos y vivencias -¡pobre engaño!-. Quizás no hay más realidad que la que se va deshilachando cada tarde. Se vive de proverbio y se muere de sociedad. Es cuestión de mover las piernas y de sonreír a los conflictos y a la pobreza. Las mentiras estaban ahí, pintadas de rojo... y no supe verlas. Tal vez estaban vestidas de blanco y empolvadas de flores. Ha llegado la triste tarde en que la hoja acaricia el cuello: un beso blanco y rojo para ser arena y noche. Siempre el camino hacia la noche. Yo sé que los niños seguirán jugando con espadas, pero no matarán; seremos nosotros, de mentiras y adornos, los que mataremos a quien se atreva a jugar otro juego que no sea el civilizado juego de las normas. No hay ni una palabra capaz de pinchar como una espada en este bombeo de mentiras que huelen a saliva. Y sin embargo la saliva puede ser tan tierna como un fleco de nieve. Hay una flauta tras las murallas que no puedes oír y un crotorar de cigüeñas.
Nunca vamos a poder conseguir lo efímero como lo pretende la oscura razón del dominio. Un instante de jazmín se compensa con la rabieta de un demonio. Después, por supuesto, está el miedo, ¡tan necesario! Sí, esto me lo han recordado: que el miedo es necesario para echarse a andar a través de la noche.
Nunca vamos a poder conseguir lo efímero como lo pretende la oscura razón del dominio. Un instante de jazmín se compensa con la rabieta de un demonio. Después, por supuesto, está el miedo, ¡tan necesario! Sí, esto me lo han recordado: que el miedo es necesario para echarse a andar a través de la noche.

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