Flores de Roma
El mundo entero puede saber quien tú eres.
La silla del vacío para las posaderas indiferentes.
Lo acabado hace germinar el justo empuje de la venganza.
De rositas se van los muertos solo.
No es que me puedan, es que paso.
Puta sin hijos, actriz sin hijos, novia, esposa, hija y madre: he ahí la escala de toda aristocracia femenina, de lo más noble a lo más bajo.
Un perfume, una canción y un coche: el enanismo no necesita más para desarrollarse -hacia abajo, se entiende-.
Hay un modesto murmullo y una modesta burla que no se me escapa. Además, modestamente aluden a esa modesta corona en mi presencia. Pero a esa modesta embestida y a ese modesto ataque de cuernos yo reacciono como Destouches reaccionó: con una sonrisa que puede pecar de inmodestia.
El orden y la limpieza que alguien pudiera poner en las cosas no borra la suciedad interna y moral de haber sacrificado ("haber sacrificado" = haberse tirado) un choto cada fin de semana durante una década (el que tenga oídos, que se los limpie si pican).
Una paleta de jamón puede estar exquisita, pero el jamón de paleta te puede envenenar.
A veces no es que los ojos no puedan ver de cerca, es que la conciencia se asusta al ver tan próximas las evidencias de lo que la embadurna.
Aún no he conocido a Blancanieves entre tanto enano. Tampoco he visto ninguna princesa, pero sí muchas prostitutas aprendizas de reina.
Dicen que no es conveniente que tu mano derecha sepa lo que hace tu mano izquierda; pero hay que reconocer que en ocasiones ambas se encuentran en el coño herido que los solitarios nocturnos de algunas hembras pretenden aliviar. El amor y el placer para los cerebros encogidos no son más que una paja, el resto es el civismo y el buen hacer de cada día.
El cerebro filtra y selecciona, omite aquéllo que no quiere ni desea; por eso es bueno hacer acudir a la memoria de los otros para que despierte y compruebe la pestilencia que sus actos han ocasionado.
El mejor consuelo (quizás el único) y la única certeza es que todos mueren. Admiro a aquéllos que son capaces de instilar la conciencia de la muerte en los otros: es la mejor manera de hacerles pagar su hostigante paso por la vida (y, de paso, el único modo de bajarles los humos hasta congelarles la malhumorada jeta).
Los santurrones de tres al cuarto serían capaces de volver a sortear los harapos de Cristo sin pujar más arriba de tres euros por pieza. Lo miserable suele disfrazarse de prodigalidad; pero es un disfraz que en seguida deja al descubierto el raimiento del espíritu que lo viste.
No siempre la mejor defensa es un buen ataque: aquí no hay guerra ni batalla, sólo la inveterada e insuperable sordidez de unas almitas que lo anhelan todo y que no tienen nada. Natura da y natura quita.
El desplante de los otros pretende humillar de nuevo, como cada año; mientras, uno ha acudido a las citas. Así pues, la golfería y la falta de educación es de los otros todos -sin excepción de sexo ni edad (en mermelada de zafiedad)-.
Lo que no prescribe bajo el cielo de la toga es cosquilla en la yugular del cordero.
El análisis más preciso es aquel que, sin ni siquiera aludir, deja ver la cicatería y el desvalimiento moral de quienes sólo ocultan un miserable resentimiento.
La silla del vacío para las posaderas indiferentes.
Lo acabado hace germinar el justo empuje de la venganza.
De rositas se van los muertos solo.
No es que me puedan, es que paso.
Puta sin hijos, actriz sin hijos, novia, esposa, hija y madre: he ahí la escala de toda aristocracia femenina, de lo más noble a lo más bajo.
Un perfume, una canción y un coche: el enanismo no necesita más para desarrollarse -hacia abajo, se entiende-.
Hay un modesto murmullo y una modesta burla que no se me escapa. Además, modestamente aluden a esa modesta corona en mi presencia. Pero a esa modesta embestida y a ese modesto ataque de cuernos yo reacciono como Destouches reaccionó: con una sonrisa que puede pecar de inmodestia.
El orden y la limpieza que alguien pudiera poner en las cosas no borra la suciedad interna y moral de haber sacrificado ("haber sacrificado" = haberse tirado) un choto cada fin de semana durante una década (el que tenga oídos, que se los limpie si pican).
Una paleta de jamón puede estar exquisita, pero el jamón de paleta te puede envenenar.
A veces no es que los ojos no puedan ver de cerca, es que la conciencia se asusta al ver tan próximas las evidencias de lo que la embadurna.
Aún no he conocido a Blancanieves entre tanto enano. Tampoco he visto ninguna princesa, pero sí muchas prostitutas aprendizas de reina.
Dicen que no es conveniente que tu mano derecha sepa lo que hace tu mano izquierda; pero hay que reconocer que en ocasiones ambas se encuentran en el coño herido que los solitarios nocturnos de algunas hembras pretenden aliviar. El amor y el placer para los cerebros encogidos no son más que una paja, el resto es el civismo y el buen hacer de cada día.
El cerebro filtra y selecciona, omite aquéllo que no quiere ni desea; por eso es bueno hacer acudir a la memoria de los otros para que despierte y compruebe la pestilencia que sus actos han ocasionado.
El mejor consuelo (quizás el único) y la única certeza es que todos mueren. Admiro a aquéllos que son capaces de instilar la conciencia de la muerte en los otros: es la mejor manera de hacerles pagar su hostigante paso por la vida (y, de paso, el único modo de bajarles los humos hasta congelarles la malhumorada jeta).
Los santurrones de tres al cuarto serían capaces de volver a sortear los harapos de Cristo sin pujar más arriba de tres euros por pieza. Lo miserable suele disfrazarse de prodigalidad; pero es un disfraz que en seguida deja al descubierto el raimiento del espíritu que lo viste.
No siempre la mejor defensa es un buen ataque: aquí no hay guerra ni batalla, sólo la inveterada e insuperable sordidez de unas almitas que lo anhelan todo y que no tienen nada. Natura da y natura quita.
El desplante de los otros pretende humillar de nuevo, como cada año; mientras, uno ha acudido a las citas. Así pues, la golfería y la falta de educación es de los otros todos -sin excepción de sexo ni edad (en mermelada de zafiedad)-.
Lo que no prescribe bajo el cielo de la toga es cosquilla en la yugular del cordero.
El análisis más preciso es aquel que, sin ni siquiera aludir, deja ver la cicatería y el desvalimiento moral de quienes sólo ocultan un miserable resentimiento.
