Nombre:
Lugar: Spain

Quise amar desde tantos planos, que me convertí en un punto.

25.7.11

Arcangélica

Estimado arcángel:
Porque aún nos queda la palabra, te escribo.
Los sucesos más aciagos, de los que uno parece ser responsable, acaecen tras los momentos más agradables. Te hablo de lo que me ha sucedido últimamente. Los momentos de calma, como dice el blablablá poético, presagian tormenta; y la más suave de las calmas aventura la más radical tormenta. Y, pese a todo (tristeza, malestar, frustración, rabia; sinsentido, ofuscación, depresión) lo que más me molesta es no poder salir a la calle y deambular hasta perderme entre copas y visiones nocturnas (así de pequeña es esta ciudad en la que, en cuanto adquieres cierta "reputación", ya pierdes el anonimato). En ese sentido, recuerdo Madrid. La gloria y la raíz de Madrid está en eso: puedes perder el cuerpo y el alma, perderte de corazón y hasta la púrpura de los huesos, sin que nadie te vea, sin sentirte visto. Aquí, en ese sentido, todo es local y provinciano, rancio, añejo, vetusto: podrido.
Te imagino en Madrid, arcángel. Siempre estás ahí y, aunque nunca te nombro ni te cito, en muchas penas me guardas más que mi ángel de la guarda (así lo imagino, sin desdeñar por ello a mi ángel guardián). Nunca me he atrevido a invitarte a una copa real en el mundo real, porque entonces esto dejaría de ser una selva y yo dejaría de ser Próspero de nombre. Pero me emborracho contigo y te digo que las cosas siguen mal y persiguen a la víctima con la saña de la indiferencia (yo me entiendo, tú me intuyes). Si te hablase con palabras comunes y diáfanas, todo sería banal como un divorcio o una "puesta de cuernos" o una desaparición de la "affectio maritalis" sin maritalis previa que valga. ¿Sabes una cosa? Los culpables (ellos, obviamente, no piensan así) están ahora hablando con seres reales de mi vileza; sin embargo, aquí, donde nadie nos ve, la vileza y la pusilanimidad y la mentira y lo canallesco es de ellos, en propiedad, en absoluta propiedad (yo me entiendo, tú te lías, yo paro). Es triste y lamentable emborracharse en una casa que te hacen vivir como ajena, es triste tener que gozar de hijos que son ajenos, porque la impotencia o el no sé qué de la locura impide a ciertos úteros alumbrar vida propia (pero fermentan la negra y podrida rabia de la amargura); es triste no poder hablar más que con el follaje y la espesura que puebla esta selva que se ha convertido en un cerebro de barro por el que divago, es triste habitar la remota altura y no poder verter la palabra sobre el polvo que otros reptan (yo me entiendo, tú adivinas, yo intenté parar pero no puedo). Quisiera "escupir" la basura que me asfixia (la basura de todos, la tuya y la mía), pero hace falta un cierto "estilo" incluso en la más sórdida e infecta pesadumbre. Dime, arcángel, ¿cómo está el metro en Madrid? ¿Sigue siendo alimentado por esas vergas de goma a sus costados? Ahora en verano no habrá medias de seda en las sirenas que atravesaban de punta a punta el gusano de la línea 10; pero, ¿cómo van desnudas ahora? Dímelo, arcángel, dime cómo es la noche de Madrid. ¿Es como la noche de Tánger que he conocido estos días? Ya te respondo yo: no. Madrid está a años luz de esa beatífica miseria que Durrell retrató en Alejandría y que Tánger esboza. Sí, arcángel, me enamoré de Tánger; porque ofrece al turista la vida tal como es, sin aderezos, sin la occidental limpieza que camufla los áromas permanentes de la muerte; porque se muestra desnuda entre velos, cubierta de óleos sudorosos y mortecinos, moribunda como toda criatura que viene a la tierra y que tarde o temprano pulsa el vagido final. Madrid es otra cosa muy distinta; ni siquiera en Las Barranquillas la miseria es tan vital y penetra tanto el corazón y la boca del estómago como en Tánger. En ella cualquiera puede ser absorbido "ofidiamente" por el laberinto de sus calles y perder su nombre. Pero me pierdo, como siempre (tú me quieres intuir, yo te extravío, ambos esperamos algo de la palabra). ¿Sabes? Mi visión de la ciudad, cualquier visión mía de las cosas es "desestimada" y carente de valor para la otra parte, para el otro reptil (tú, yo, ¡todos! nos entendemos). Pero la serpiente en estos momentos habla con el galeno (de cuerpos y de almas) para pedirle consejo, para que la asesore acerca de cómo matarme de un modo más lento y más doloroso. Sinceramente, me dan pena; ellos viven en "la" realidad, pero en esta selva hay un Gólgota en el que serán crucificados (yo me entiendo y me explico, ¡incluso me masturbo!; tú contemplas y tomas una cerveza espiritual, arcángel)... ¡Da igual! Es triste considerar propia la sangre ajena con el metafórico pretexto de la familiaridad y secar así las propias raíces (yo me vuelvo a entender con toda la rabia del mundo, arcángel, yo). Pero, por nuestro Dios, háblame de mi Madrid; háblame de Madrid, madrileño, desde mi ventana Madrid no se ve (pon la música de Marisol en "Háblame del mar, marinero"). En fin, arcángel, ignoro si retornaré, ignoro en qué acabará todo (el final es lo único que conocemos: se para el corazón y nos hacen cenizas). ¡Qué gran basura es el ser humano! La naturaleza es lista, la muerte es lista. (Pobre final).
Atentamente tuyo,

Próspero Ansetobeah

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]

<< Página principal

Free counter and web stats