25.7.11

Críptico, como lo personal es críptico

Si todos apuestan por una Magdalena y procuran que otros no tengan una familia, ¿qué harías? Cuando se tiene clara la respuesta, se es libre, aunque haya dolor y lágrimas.

Los pormenores de una discusión son eso, pormenores. Son las cuestiones fundamentales las que secan el árbol: frutos ajenos que marchitan los propios y esterilizan las raíces (en este caso las mías).

Se puede abandonar una lucha de muchos modos; pero si te van a olvidar y vas a ser un despreciado, pregúntate si no es mejor "dejar memoria amarga" de ti. Pero para eso hay que ser frío, tranquilo como una serpiente y renunciar a absolutamente todas las pasiones por el poder de una idea justa que se quiere encarnar.

Alguien me dijo que los vaivenes en una relación son normales, lógicos, hasta que uno se acostumbra. Yo traduje este pensamiento a otro: eso sería como acostumbrarse a la cárcel, a esa enfermedad crónica que te convence de que ya no y así hasta que te mueras, a la renuncia... a la esclavitud resignada.

Saber seleccionar un poema no es crearlo, saber criticar una obra no es crearla. Dominar los juegos de lenguaje es ser un dios (pero hay muchos dioses).

Cuando uno está solo y todo y todos están en contra, es suficiente la actitud de emprender un nuevo camino, el que sea (aunque sea erróneo) y donde sea, antes que maldecir o justificar. Esta es mi situación. La encrucijada de la duda hace morir en vida.

Hay tres palabras resolutivas si se dicen en el tono adecuado, sin ira, como una callada oración; son tres palabras que, una vez dichas adecuadamente, permiten quedar en silencio sin temor a represalias: déjame en paz. Después de dichas, todo intento de amenazar la paz puede ser resuelto ante los tribunales.




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