¿Por qué me has abandonado, soledad? Yo era fuerte y feliz a tu lado, lejos de la maldad de los hombres. ¿Qué ha pasado? Lejos de ti he llegado a lo más bajo y he conocido el más podrido de los infiernos. ¿Por qué, soledad? A tu lado vivía de migajas de vida, lejos de ti me atiborran de masa y muero de hambre. Vuelve a mí; que los hombres vuelvan a ser lo que eran: una nebulosa enfermiza y venenosa de la que sólo es posible vivir alejado. No me vuelvas a abandonar, soledad; y da de beber a tu siervo. Quédate a mi lado y permíteme no olvidar para que mi palabra te cante y poder así escribir la necedad del hombre.
La Selva de Próspero
Sapere aude!

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