La Selva de Próspero

Sapere aude!

13.10.11

No se puede condenar uno al desprecio de una persona. Ni siquiera al de una familia o al de una población. ¿Hasta dónde queremos profundizar en el conocimiento y en el amor a los otros? El núcleo es común y no hay muchas diferencias entre unos y otros. El alcance de la diferencia depende del deseo de admirar y de admirarse. Las diferencias suelen ser ocasiones perdidas. En mi caso un pijama de plata, una calurosa navidad, un minotauro alcohólico y rock and roll. Los olvidos nos desprecian y la calle acaba por volverse oscura. ¿Te vas a condenar por ello? Hay más calles, está el camino... y tú, seas quien seas, aún vas por delante mientras puedas.

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