13.10.11

No se puede condenar uno al desprecio de una persona. Ni siquiera al de una familia o al de una población. ¿Hasta dónde queremos profundizar en el conocimiento y en el amor a los otros? El núcleo es común y no hay muchas diferencias entre unos y otros. El alcance de la diferencia depende del deseo de admirar y de admirarse. Las diferencias suelen ser ocasiones perdidas. En mi caso un pijama de plata, una calurosa navidad, un minotauro alcohólico y rock and roll. Los olvidos nos desprecian y la calle acaba por volverse oscura. ¿Te vas a condenar por ello? Hay más calles, está el camino... y tú, seas quien seas, aún vas por delante mientras puedas.

1 comentarios:

Anonymous Rodrigo ha dicho...

ánimo, Próspero. creo que tu vida puede ser mejor de lo que es ahora, pero tienes que encontrar la paz dentro de ti. estás sumido en las tinieblas, pero sólo porque se acerca la luz al final del túnel. Créelo en el fondo del corazón al menos. ¡Por lo que más quieras, créelo!

noviembre 24, 2011 11:53 p. m.  

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