La Selva de Próspero

Sapere aude!

26.8.12

Lo que nunca nos dirán.

Cuando la lluvia cae se funde el hielo
y cuando me acaricias se quema el fuego
aún es tan temprano nos queda tiempo
amor no marches que tengo miedo.

Cuando la lluvia cae se funde el hielo.
Nos marcharemos lejos de nuestro pueblo
tendremos una casa de lluvia, amor y fuego,
por favor no marches me quedaré en silencio.

Y destruiré la casa, me quedaré... en el pueblo.
Olvida lo que dije, amor, te quiero.

El sol está naciendo, murió mi sueño.
La vida y las gentes se están vistiendo
y tú tienes que irte con todos ellos.
Te esperan tus amigos, el campo, el sol y el viento.

Adiós, mi amor soñado, tu sabes que... te quiero;
aquí está tu casa de lluvia, amor y fuego.

Adiós, mi amor soñado, tú sabes que... te quiero;
aquí está tu casa de lluvia, amor y fuego.

Cuando la lluvia cae se funde el hielo.

25.8.12

Tal día como hoy, un 25 de Agosto, el 25 de Agosto de 1900 murió Friedrich Nietzsche. Como hoy, era sábado. Porque Nietzsche murió... y murió en sábado... aunque a pocos les interese esto. Pero, para mí, es como una guía en un horizonte vacío.

24.8.12

"La sirena de la venganza" o "De cómo la ley ha de proteger al criminal al que han amputado la vida".

Coge tu maleta de algodón y camina. Te espero en los caminos, con los ojos cerrados o abiertos. Estaré bailando como cuando no sabías del tiempo. Te voy a sonreír, soy para ti, soy libre y tuya a la vez. Ven. Sigues amando mi voz, sigues perdiéndote en ella, sigo liberándote con mi canto: ¡ven! No pienses en que mi canto pueda cesar. ¡Me gustó tanto que admirases una ciudad que se parecía a la mía! Quizás un día vivas aún más la miseria y la escondida felicidad que alberga mi ciudad. ¿Tienes el billete? Viajarás conmigo: soy más real, te hago reír y llorar, te hago olvidar lo que te duele, te devuelvo a los mundos de inocencia de los que no puedes escapar. ¡Ven! No hay significados, ninguna lengua puede traducir esto. Yo no necesito a nadie. El sol del ocaso me llena el corazón -a veces es mi único alimento-; la sonrisa de las gentes que rodean mi viaje construye mi plegaria; hay coros irrepetibles en el calor y en la vida de la tarde -colores puestos por la vida, vivos colores-. Si no puedes girar con el cuerpo, hazlo junto a mí -soy viento-, hazlo junto a mí -soy risa-, hazlo junto a mí -soy cuna-; hazlo junto a mí -como boda y funeral que siempre resurgen-. Mi serenidad será la tuya. Y después vendrá la noche, un baile de silencios en plenitud: el mar a oscuras para nosotros, la luna indiferente y vigilante, las manos enlazadas... Recuerda las canciones -nada más importaba-, en esas canciones todos iban alguna vez en su vida a descansar; eran canciones para despertar la vida y sentirla recuperada. Ven de nuevo. Bajemos la larga calle que lleva al mar, perdamos la respiración en los aromas de la plaza, nada puede sorprendernos; porque la alegría es tan genuina y serena que la tristeza forma parte de ella. Y lloraré y me acompañarás con tus lágrimas, querrás llorar, querré llorar, y beberemos lágrimas para pagar el precio de esta gracia -que es la de vivir-; y lo pagaremos con unos ojos cuya mirada no juzga, sino que agradece. No me dolerá recordar a los míos, porque van conmigo y en cada aliento de mi palabra y de mi canto te hablan y me hablan. ¡Despierta conmigo! Ya hemos dormido demasiado.

23.8.12

Al anochecer era un nido de cigüeñas; al amanecer es un nido de buitres.

Dicen que las desgracias nunca vienen solas. Quien dice esto debe creer que hay algo en el mundo que no sea una desgracia (quien no se consuela es porque no quiere). Pero es verdad que las desgracias más intensas suelen ir concatenadas. Alguna explicación habrá.
Ante ello sólo hay un remedio (y aquí se puede generalizar, ¡claro que sí!): el fatalismo ruso del que hablaba Nietzsche en el Ecce Homo. Tirarse en la nieve, sonreír y que el mundo gire como le venga en gana. Lo que hace que el cuerpo y la mente se vengan abajo y que en poco tiempo caigan irreversiblemente enfermos es tomar con ira o con humor, con rabia o con paciencia, con racionalidad o con locura lo que pasa alrededor. Cuando ya estás en el sótano sin esperar a nadie se hace lo que hacían los soldados rusos: tirarse en la nieve, y dormir con una sonrisa. Nada importa, nada afecta, ya te han arrebatado la capacidad de sentir. No hay amenazas, no hay advertencias, no hay compasión ni dádiva que pueda revertir en uno. Sólo el frío y el sueño, la indiferencia biológica e insuperable mientras todo son balas alrededor. Ahora es ese momento. El siguiente, si ha lugar, sería el de "Preferiría no hacerlo" hasta morir.

20.8.12

Estoy en el sótano y no espero a nadie.

Trastos inútiles forman montones polvorientos y sin vida. Una piedra con forma de corazón (¡qué ironía! ¡Un corazón de piedra! ¡Una piedra de corazón!), un atril con las obras completas de Cortázar, cajas, pañuelos secos de papel... Todo eso sin las salvas de la palabra. Suena la campana, son las once, veo estrellas y es de día. Oigo luces y eso no es posible. Hay una muñeca macabra, deteriorada, con la porcelana descascarillada, señalando a una hormiga. "Yo he secado el jazmín porque mis padres vivían en él; y yo tenía que matar a mis padres", me dice. "Pero, ¿por qué utilizaste una hormiga? ¿No sabes que dicen que Dios vive en las hormigas?", le respondo. Entonces la muñeca abre su barriga y deja escapar miles de dioses; y también hace estallar sus ojos de cristal para llenar toda la habitación de hormigas. Entonces Dios habita este piso como una morada santa y me habla, como sólo Dios puede hablar a los locos. Puedo ver, al abrir la nevera, que ahí está, fuera de la manzana, la vieja serpiente. Nada más abrir estrella su cabeza contra la mía y caen mis gafas al suelo. "Mi boca es una vagina roja y mágica que recoge los gemidos de la gente", me silba. Salgo al patio para recoger mi cabeza y hay un niño que no acaba de morir y me pide que le mate, que por favor le mate, que así no puede seguir muriendo. No puedo hacerlo. Pero las hormigas de la muñeca le ayudan a acabar y Dios existe. Me quedo en el patio esperando el desahucio. La muñeca me dice que mañana exhumará un pequeño ratón que enterró hace un año en la planta más olvidada. Y Dios existe.

19.8.12

En algunas ocasiones se puede decir que me he cabreado "en abstracto". He tenido tendencia a indignarme por esta mierda de mundo con demasiada frecuencia. Pese a ello, ahora que padezco asechanzas (¡qué palabra tan precisa para describir lo que está sucediendo!) por parte de quienes menos me lo esperaba, veo que no estoy vacunado contra la rabia, la impotencia y el abatimiento. Los solitarios tienen un problema: se lo tragan todo, se envenenan al constatar lo que venían aventurando; y entonces pierden la frialdad y el humor... y corren el tremendo riesgo de cagarla.
Yo podría escribir aquí muchas explicaciones, datos concretos; podría novelar, usar del surrealismo para echar fuera el furor que llevo dentro, aliviarme de algún modo ante la traición de algunas personas. Pero os aseguro que es difícil. Como decía mi padre, hay que tener la cabeza muy fría y ser prudente como las serpientes ante quienes dañan cruelmente sin saber lo que hacen posiblemente (mi padre era un optimista). Desde pequeño he acudido a las lecturas, ellas me han guiado y han orientado mis emociones. Hoy he pensado qué podría hacer o decir, sumido como estoy en esta ira justa (y justificada). Podría manchar decenas de pantallas, pero para estas ocasiones yo tenía en la habitación donde antes vivía un escrito. Era como un mantra, como un sortilegio, como una receta cuya catarsis aplacaba las emociones más negras. Creo haberla usado ya en alguna ocasión en este blog. Y hoy la vuelvo a plasmar aquí. Son versos de Ovidio, versos difíciles de cuya elaboración podéis informaros en cualquier página de filología clásica. La historia del Ibis de Ovidio merece atención para quien tenga una sana curiosidad. Necesito repetir aquí ese extracto que colgaba hace años en la pared de mi cuarto.
"Que no se te ofrezca fuego ni aire, y no te hagan camino ni la tierra ni el mar. Que desterrado y pobre andes errante y vayas de puerta en puerta, y con boca temblorosa pidas un poco de comida. Que ni tu cuerpo ni tu mente, enfermos, estén libres de quejoso dolor, que la noche te sea más pesada que el día, y el día que la noche. Que siempre seas desgraciado sin que a nadie le duela tu desgracia: que mujeres y hombres se regocijen de tus infortunios. Que el odio se sume a tus lágrimas, y que se te crea digno, a ti que sufres muchos males, de que sufras muchos más. Y que la visión de tu desgracia, despojada -cosa rara- de la compasión que suele despertar, sea motivo de repulsa hacia ti. Que no te falte una razón, pero que te falte la posibilidad de morir: que la ansiada muerte huya de tu vida forzosa, y que la respiración, tras larga lucha, abandone tus miembros martirizados, pero antes te torture en larga demora."

18.8.12

Conversaciones con el Demiurgo.

He comprobado que incluso en las personas más aceptables y dignas hay algo que guardan para lanzártelo cuando más débil y frágil estés. Estoy tentado de afirmar que es una ley universal. No hay nadie que sea tan "bueno" como para no coger ese hacha figurada y descargarla contra ti. Dudo, lo digo en serio, dudo mucho que se tenga tanta maldad y, sobre todo, inteligencia como para saber cuál es el momento o instante en que se ha de descargar el hachazo para que duela más. Creo que es algo natural, instintivo... Se dice que las desgracias no vienen solas, se habla de la ley de Murphy; pero, insisto, el hachazo lo descargan cuando careces de fuerzas y cuando la serenidad y el humor se han ido de copas.
Y yo en estos momentos soy todo copas (sí, lo sé, menos vida, antes la muerte... -y sonrío-). Por eso me transformo psicodélicamente y hago teatro.
Personajes: el emperador, de oficio mentalista; y la mierda (yo, mismamente). Con la "E" el emperador, con la "M" la mierda. ¿Se entiende? (Toses).
E: ¡Qué mal! ¡Qué mal! Has acabado contigo.
M: ¡Y con los demás, que diría Miliquita Desahucios!
E: Pero se trata de ti, sólo de ti y nada más que de ti. Tú, tú y solamente tú.
M: Gracias, mi amor.
E: ¿Sigues tomando el necesario cuerpo de Cristo?
M: Lo abandoné.
E: ¡Impostura! ¡Impostura y locura! ¿Cómo haces eso? ¡Impostura!
M: Compréndelo... Ha sido un golpe muy bajo. ¡Una putada, hablando en mediocre!
E: Pero así te rebajas, te pones a precio de saldo, te conviertes en un retal... ¡Y a los retales se los meriendan!
M: Si me permite su majestad, a los retales se los cenan.
E: Hablaba metafóricamente.
M: Yo también.
E: Bueno, ¿cuéntame? ¿Qué ha pasado?
M: Complot, conspiración, mentira y engaño.
E: ¿No será paranoia más bien?
M: Tengo pruebas empíricas que convertirían a Hume en un racionalista.
E: ¡No jodas!
M: No es mi intención, majestad.
E: Concreta.
M: Una venganza que se viene ejecutando desde hace 137 días y que arranca de una omisión monstruosamente malinterpretada que arranca desde hace 262 días.
E: Desde luego, independientemente de verdad o falsedad alguna, datos no faltan.
M: Se lo dije: todo empírico.
E: ¡Y críptico! ¿Podrías concretar?
M: Aquí no.
E: ¿Y en el diván?
M: Tampoco, tiene pulgas.
E: ¡Siempre igual!
M: ¿Me quedaría un día más de vida si me bebo un vino de la tierra?
E: No puedo responderte. En todo caso, igual llegas a la noche si tomas un vino de la vid.
M: ¿Y del trabajo del hombre?
E: Un mentalista no entra en materia religiosa.
M: Cierto. En ese caso, ¡a su salud, maestro mágico!
E: Esperpéntico brindis.
M: Pues le comento... No entiendo el mundo, no quiero morirme, tengo rabia y padezco miedo.
E: (Abriendo enormemente los ojos). Tú perteneces a una élite, esas menudencias no pueden afectarte.
M: Pues ya ve. Por cierto, ahora que le veo abrir enormemente los ojos... ¿No huele mucho aquí a tabaco?
E: No lo sé. En cualquier caso, yo jamás (dicho sonriendo) seré como su madre.
M: Pues fíjese, yo ya ni me acuerdo del nombre de la suya.
E: Concretemos, concretemos... Que tengo prisa. He de ausentarme de una cita con una amiga que tiene dos hijas preciosas.
M: ¡Usted siempre con su orgullo y su mala hostia!
E: No te equivoques, soy mentalista, no mujer.
M: Al grano: ¡me persiguen!
E: Pues no se queje. A los Beatles también les perseguían.
M: ¿Para matarles?
E: ¡Y quedarse después con sus restos como reliquias!
M: Pues mire usted, no creo que busquen reliquias.
E: ¿Seguro que no será paranoia?
M: Quia.
E: Pues hay una solución. Si algo no va bien, cámbialo.
M: No tengo ya fuerzas.
E: Pues eso es que has bebido demasiado y no has mezclado correctamente mi matarratas.
M: De verdad, ya no me quedan fuerzas.
E: Y supongo que tampoco dinero para pagarme, ¿no es así?
M: ¿Eres mago?
E: En ese caso... mmm... A ver qué sentencia te regalo y qué remedio te receto.
M: Eso, piensa, piensa... Usss... usss... Aguza ese olfato.
E: Ya está. Cultiva tu inteligencia. De ese modo la estás desaprovechando. Haz más vida social. Piensa que son dos días y que el campo es bonito y el cielo muy azul.
M: Bien. ¿Y el remedio?
E: Han sacado ahora un producto para quelonios y paquidermos; y quisiera saber el efecto que hace en los humanos. ¿Te arriesgas?
M: ¿Cuáles serían los efectos secundarios?
E: Los ignoro. Pero más allá de la muerte no llegan.
M: ¿Tiene mal sabor?
E: Sabe a empanadillas con tomate y a Un, dos, Tres... responda otra vez.
M: ¿Cuántas cápsulas?
E: Doce al día.
M: ¡Venga la receta!
E: Aquí está (firmando).
M: ¿Alguna sentencia más en el choque de manos?
E: Sí claro (dando la mano). Piensa que la verdad está en el justo medio.
M: ¡Qué grande es usted, emperador!
E: Y tú, ¡qué cráneo tan previlegiado!

Balas de justicia.

"No es bueno que el hombre este solo". Y yo os digo: En efecto, porque entonces sería como Dios. El hombre necesita el handicap de una caterva que lo atolondre con una fe de carbonero y con una moral de andar por callejones. Reconozco que es muy difícil, ¡es imposible!, alejarse de los demás, si no se tienen los medios al alcance (y yo no los tengo). Si he escrito un millón de líneas, un buen tanto por ciento lo he dedicado a esta frase "los demás están ahí para hacerte daño". Y si algo he admirado siempre es a aquellos enemigos que han ido por delante y han cumplido las condiciones de toda noble enemistad que Nietzsche citaba en Ecce Homo. El problema es que los demás usan de las buenas maneras, de la entrega desinteresada, de los buenos sentimientos; de la búsqueda de lo mejor para ti; y usan de todo eso para hacerte más débil, para someterte, para hacerte esclavo de su pusilanimidad y de su amargura. ¡Y lo hacen de tal modo que cualquier protesta que pretendas hacer queda invalidada por su buen corazoncito! Si alguien me ha seguido alguna vez, sabrá que si el maestro alemán es tan querido por mí es por esa razón: porque reveló y demostró lo que esconde toda "gran almita". También aquel francés no se quedó corto al mostrar en las gentes más sencillas el más sencillo odio hacia los demás y hacia aquello que no pertenezca a su familia de intereses. Realmente ha habido muchos pensadores y escritores de muchas nacionalidades que han desvelado el gusano que hay en todo lo que se pretende serpiente. (Reconozco que me sale del alma recurrir a animales para expresar las cosas. Kafka también lo hacía en sus relatos. Pero yo no soy Kafka ni lo pretendo. Pero siempre recurro a animales para dar nobleza a lo que escribo. Lo humano está en su mayoría a un nivel inferior a la ameba). Por otro lado, el hombre sencillo recurre a lo concreto: a la boñiga, al carburador, al impuesto, a la copita social; al partidito, a la revisión, al paño, a la compra; a lo que has dicho en el minuto y en el segundo, a la condolencia fingida, al interés de cumplimiento... Y en eso concreto hay miles de árboles que no dejan ver el bosque. ¿Pero quién pidió alas a esa gente que sólo desea ir muriendo día a día un poquito más?

17.8.12

Notas para un personaje que nace muerto y que decide conducir en una edad tardía.

Piénsalo bien: tu copiloto es la muerte. Este es el momento en el que se quiere retomar aquello que tuvo su tiempo. Los reflejos, los olvidos, el miedo, la precaución excesiva que hace bajar el espontáneo manejo de las situaciones; la locura y la inexperiencia de los otros, además de la tuya, los demonios que no te abandonan, el horizonte oscuro y el inconsciente deseo de acabar con todo hacen que tu copiloto sea la muerte. ¿No la ves a imagen y semejanza de otras muchas muertes que cada día amanecen contigo? Déjalo. Sólo hay un camino en esta elección: el de la vida. El otro sendero es el que han seguido todos los muertos que en el mundo han sido.

16.8.12

La oculta semilla que me has mostrado para amargarme la vida.

La sangre está llena de costras y una luz azul sustituye el rojo fúnebre de la hemoglobina. Todo está calcificado y hay momias en cada surco y en cada poro. El polvo de los muertos no es diferente del polvo cósmico que traspasa los cuerpos. No hay maldiciones ni magia, no hay palabras de extraño significado ni sentidos ocultos. El ciego que cruza por el paso de cebra es respetado al atardecer y puede pasar y seguir su oscuro camino a oscuras; pero al anochecer el utilitario pasará por encima de su cuerpo y se llevará medio cráneo entre sus ruedas. Una bruja envenenada y loca combina venenos en el ataúd de su cocina para resucitar a los muertos. El homúnculo de una hembra rota y seca arruga sus huesos hasta convertirlos en alambres. Todos brindan, se emborrachan, ríen y, sobre todo, juzgan; no paran de juzgar y de escupir con leucémicas palabras sobre el honor de quienes cometieron el delito de dar la espalda. Brindan, se emborrachan y ríen; aunque sus padres estén pudriéndose y sean libres de ver cómo sus hijos son incapaces de la trascendencia del estiércol. Ninguna pintura negra mostraría ni siquiera la sombra del putrefacto horizonte de esas gentes a las que no habitaría ni un gusano. Todas las enfermedades del mundo, con sus legiones de virus y bacterias, abominarían de invadir los cuerpos que invaden si supieran de qué materia están hechos. Cada vaso de cerveza, cada refresco, cada tubo de elixir que la gente, esa gente, introduce en sus pútridas cavernas fermenta coágulos de insatisfacción y de inquina. La murmuración, la infamia, el sanedrín de la maledicencia... Todo bulle con la vehemencia de un cáncer que quiere ser vomitado en forma de dardos sobre los inocentes. ¿Qué hijos han podido brotar de esos vientres oxidados por la escoria de una voluntad tan inapetente?... Sonrío... Sólo tenemos lo que nos merecemos. La armonía sigue preestablecida y nadie recibe ni un grano de arena menos de lo que merece. La despedida es eterna. ¡Pobres gusanos que explotan como el cerebro de un ciego bajo la rueda!

14.8.12

¡Pero qué ricura!

Insisto: cada día es el último. Al final siempre se para el corazón. Esto no le importa nada a los muy vivos. Macho y hembra con una vida más o menos resuelta no piensan más que en encargar al servicio de Correos machos y hembras que rellenen tumbas y urnas. Antes, cuando yo era moderadamente infeliz, llamaba embutidos a las tiernas criaturitas; ahora, plenamente indiferente, las elevo a la categoría de cadáveres y cenizas. Polvo al polvo y Samsa de testigo.

Free counter and web stats