Conversaciones con el Demiurgo.
He comprobado que incluso en las personas más aceptables y dignas hay algo que guardan para lanzártelo cuando más débil y frágil estés. Estoy tentado de afirmar que es una ley universal. No hay nadie que sea tan "bueno" como para no coger ese hacha figurada y descargarla contra ti. Dudo, lo digo en serio, dudo mucho que se tenga tanta maldad y, sobre todo, inteligencia como para saber cuál es el momento o instante en que se ha de descargar el hachazo para que duela más. Creo que es algo natural, instintivo... Se dice que las desgracias no vienen solas, se habla de la ley de Murphy; pero, insisto, el hachazo lo descargan cuando careces de fuerzas y cuando la serenidad y el humor se han ido de copas.
Y yo en estos momentos soy todo copas (sí, lo sé, menos vida, antes la muerte... -y sonrío-). Por eso me transformo psicodélicamente y hago teatro.
Personajes: el emperador, de oficio mentalista; y la mierda (yo, mismamente). Con la "E" el emperador, con la "M" la mierda. ¿Se entiende? (Toses).
E: ¡Qué mal! ¡Qué mal! Has acabado contigo.
M: ¡Y con los demás, que diría Miliquita Desahucios!
E: Pero se trata de ti, sólo de ti y nada más que de ti. Tú, tú y solamente tú.
M: Gracias, mi amor.
E: ¿Sigues tomando el necesario cuerpo de Cristo?
M: Lo abandoné.
E: ¡Impostura! ¡Impostura y locura! ¿Cómo haces eso? ¡Impostura!
M: Compréndelo... Ha sido un golpe muy bajo. ¡Una putada, hablando en mediocre!
E: Pero así te rebajas, te pones a precio de saldo, te conviertes en un retal... ¡Y a los retales se los meriendan!
M: Si me permite su majestad, a los retales se los cenan.
E: Hablaba metafóricamente.
M: Yo también.
E: Bueno, ¿cuéntame? ¿Qué ha pasado?
M: Complot, conspiración, mentira y engaño.
E: ¿No será paranoia más bien?
M: Tengo pruebas empíricas que convertirían a Hume en un racionalista.
E: ¡No jodas!
M: No es mi intención, majestad.
E: Concreta.
M: Una venganza que se viene ejecutando desde hace 137 días y que arranca de una omisión monstruosamente malinterpretada que arranca desde hace 262 días.
E: Desde luego, independientemente de verdad o falsedad alguna, datos no faltan.
M: Se lo dije: todo empírico.
E: ¡Y críptico! ¿Podrías concretar?
M: Aquí no.
E: ¿Y en el diván?
M: Tampoco, tiene pulgas.
E: ¡Siempre igual!
M: ¿Me quedaría un día más de vida si me bebo un vino de la tierra?
E: No puedo responderte. En todo caso, igual llegas a la noche si tomas un vino de la vid.
M: ¿Y del trabajo del hombre?
E: Un mentalista no entra en materia religiosa.
M: Cierto. En ese caso, ¡a su salud, maestro mágico!
E: Esperpéntico brindis.
M: Pues le comento... No entiendo el mundo, no quiero morirme, tengo rabia y padezco miedo.
E: (Abriendo enormemente los ojos). Tú perteneces a una élite, esas menudencias no pueden afectarte.
M: Pues ya ve. Por cierto, ahora que le veo abrir enormemente los ojos... ¿No huele mucho aquí a tabaco?
E: No lo sé. En cualquier caso, yo jamás (dicho sonriendo) seré como su madre.
M: Pues fíjese, yo ya ni me acuerdo del nombre de la suya.
E: Concretemos, concretemos... Que tengo prisa. He de ausentarme de una cita con una amiga que tiene dos hijas preciosas.
M: ¡Usted siempre con su orgullo y su mala hostia!
E: No te equivoques, soy mentalista, no mujer.
M: Al grano: ¡me persiguen!
E: Pues no se queje. A los Beatles también les perseguían.
M: ¿Para matarles?
E: ¡Y quedarse después con sus restos como reliquias!
M: Pues mire usted, no creo que busquen reliquias.
E: ¿Seguro que no será paranoia?
M: Quia.
E: Pues hay una solución. Si algo no va bien, cámbialo.
M: No tengo ya fuerzas.
E: Pues eso es que has bebido demasiado y no has mezclado correctamente mi matarratas.
M: De verdad, ya no me quedan fuerzas.
E: Y supongo que tampoco dinero para pagarme, ¿no es así?
M: ¿Eres mago?
E: En ese caso... mmm... A ver qué sentencia te regalo y qué remedio te receto.
M: Eso, piensa, piensa... Usss... usss... Aguza ese olfato.
E: Ya está. Cultiva tu inteligencia. De ese modo la estás desaprovechando. Haz más vida social. Piensa que son dos días y que el campo es bonito y el cielo muy azul.
M: Bien. ¿Y el remedio?
E: Han sacado ahora un producto para quelonios y paquidermos; y quisiera saber el efecto que hace en los humanos. ¿Te arriesgas?
M: ¿Cuáles serían los efectos secundarios?
E: Los ignoro. Pero más allá de la muerte no llegan.
M: ¿Tiene mal sabor?
E: Sabe a empanadillas con tomate y a Un, dos, Tres... responda otra vez.
M: ¿Cuántas cápsulas?
E: Doce al día.
M: ¡Venga la receta!
E: Aquí está (firmando).
M: ¿Alguna sentencia más en el choque de manos?
E: Sí claro (dando la mano). Piensa que la verdad está en el justo medio.
M: ¡Qué grande es usted, emperador!
E: Y tú, ¡qué cráneo tan previlegiado!

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