"La sirena de la venganza" o "De cómo la ley ha de proteger al criminal al que han amputado la vida".
Coge tu maleta de algodón y camina. Te espero en los caminos, con los ojos cerrados o abiertos. Estaré bailando como cuando no sabías del tiempo. Te voy a sonreír, soy para ti, soy libre y tuya a la vez. Ven. Sigues amando mi voz, sigues perdiéndote en ella, sigo liberándote con mi canto: ¡ven! No pienses en que mi canto pueda cesar. ¡Me gustó tanto que admirases una ciudad que se parecía a la mía! Quizás un día vivas aún más la miseria y la escondida felicidad que alberga mi ciudad. ¿Tienes el billete? Viajarás conmigo: soy más real, te hago reír y llorar, te hago olvidar lo que te duele, te devuelvo a los mundos de inocencia de los que no puedes escapar. ¡Ven! No hay significados, ninguna lengua puede traducir esto. Yo no necesito a nadie. El sol del ocaso me llena el corazón -a veces es mi único alimento-; la sonrisa de las gentes que rodean mi viaje construye mi plegaria; hay coros irrepetibles en el calor y en la vida de la tarde -colores puestos por la vida, vivos colores-. Si no puedes girar con el cuerpo, hazlo junto a mí -soy viento-, hazlo junto a mí -soy risa-, hazlo junto a mí -soy cuna-; hazlo junto a mí -como boda y funeral que siempre resurgen-. Mi serenidad será la tuya. Y después vendrá la noche, un baile de silencios en plenitud: el mar a oscuras para nosotros, la luna indiferente y vigilante, las manos enlazadas... Recuerda las canciones -nada más importaba-, en esas canciones todos iban alguna vez en su vida a descansar; eran canciones para despertar la vida y sentirla recuperada. Ven de nuevo. Bajemos la larga calle que lleva al mar, perdamos la respiración en los aromas de la plaza, nada puede sorprendernos; porque la alegría es tan genuina y serena que la tristeza forma parte de ella. Y lloraré y me acompañarás con tus lágrimas, querrás llorar, querré llorar, y beberemos lágrimas para pagar el precio de esta gracia -que es la de vivir-; y lo pagaremos con unos ojos cuya mirada no juzga, sino que agradece. No me dolerá recordar a los míos, porque van conmigo y en cada aliento de mi palabra y de mi canto te hablan y me hablan. ¡Despierta conmigo! Ya hemos dormido demasiado.

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