¡Pero qué ricura!
Insisto: cada día es el último. Al final siempre se para el corazón. Esto no le importa nada a los muy vivos. Macho y hembra con una vida más o menos resuelta no piensan más que en encargar al servicio de Correos machos y hembras que rellenen tumbas y urnas. Antes, cuando yo era moderadamente infeliz, llamaba embutidos a las tiernas criaturitas; ahora, plenamente indiferente, las elevo a la categoría de cadáveres y cenizas. Polvo al polvo y Samsa de testigo.

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