La Selva de Próspero

Sapere aude!

26.10.12

A tomar por culo (con estilo).

De tanto pensar que cada momento "es" el último, de tanto vaciarse, ya la muerte es algo que no atemoriza. ¡Quién me iba a decir a mí, devoto de la "filosofía de la muerte", que acabaría siéndome indiferente! Sin duda, están las enfermedades, las lesiones, las heridas de la guerra de vivir... Pero, ¿la muerte? Siempre fue el horizonte del pensar, la condición del "Dasein", la finitud... Y las oportunidades perdidas, las posibilidades sin respirar, los paisajes ciegos a la voluntad... Sin embargo, ¡nada! Todo ha sido nada y c'est fini! Te levantas cada mañana y "da igual". Siempre me declaré tal como me denomino en mi tarjeta de visita: "Nihilista, escéptico y relativista cultural". Pero ahora, el mero hecho de declarar estas cosas me parece... ¡tan absurdo! ¿A quién le importa, si no hay nadie más en este mundo? ¿Si, haya lo que haya, no merece la dignidad de ningún "haber"? Me levanto y arrastro el cuerpo hasta donde sea menester arrastrarlo para mantenerlo con vida; pero porque algún programa así lo dicta en el software de la conciencia humana. ¡En fin! Divagaciones quizás, pero un malestar profundo y un deseo de volar a la mierda. No sé, quizás la muerte con la que menos cuenta te das del tránsito a ninguna parte sea volar bajo la atenta mirada y la dulce caricia de una bomba de diez mil millones de megatones. Aquí no hay quien viva. Pero la culpa no es del "aquí", sino de "quienes" lo habitan. Mañana no estás y no te das cuenta. N'est ce pas? ¡Pues eso! Mar no hay más que uno (y es el morir). ¿No crees que deberías pensar que eres afortunado de no adentrarte en él? Clint Eastwood no lo haría. Creo que he agotado mis balas y mis balidos. ¡Y es que aquí todo se agota! ¡La paciencia, por cierto, lo primero! Y todo estalla... ¡boom!... bajo la atenta mirada y la dulce caricia de una bomba de varios trillones de megatones.

14.10.12

Si como en los cuentos me pidieran un deseo: volver a Madrid... vivo y pudiendo contarlo.
Entiendo a Destouches, perseguido en los últimos años... Pero yo no soy como él (por razones obvias). Y yo no he atravesado dos guerras mundiales, ni siquiera una. ¡Y la falta que hace una guerra mundial para que la vida y la felicidad retornen al mundo!

13.10.12

Creo que a lo largo de las líneas que he escrito ya he expresado suficientemente mi decepción. Estuve un tiempo sin escribir y retorné hace poco... pero es más de lo mismo, sólo que peor. Pero la expresión de eso "peor" no aportaría nada a las líneas de antes (a las líneas de siempre). Aquí, en la realidad, frente a la pantalla, el que escribe tiene las horas contadas de verdad... quiero decir: con más certeza. Seguramente un día quien quiera que entre verá que ya no hay más entradas. Si es así, es porque el que escribe ya no está. Sencillo.
La maldad de la gente, su indiferencia, la avería de sus cerebros y de sus corazones; la imposibilidad de hacer algo por despertar algo de cariño o de atención... Todo eso ya se sabía y se ha ido viviendo hasta el punto de morir. ¿Sirve de algo acusar, denunciar o exponer situaciones de ningún tipo? No. Y aquí ya sólo se escribía porque servía para eliminar veneno; pero ahora el veneno está en las venas y las palabras no pueden trasladarlo aquí. Por otro lado, la conciencia de la gente es muy laxa (y así ha de ser para que la gente pueda sobrevivir en este mundo); y nada movería su conciencia.
Si tuviera las palabras que pudieran impactar en la gente hasta el punto de hacerla desaparecer, las escribiría; pero esas palabras no existen. Lo que hace desaparecer a la gente es su maldad, su odio, su indiferencia, el deseo de hacer daño; su egoísmo, su afán de conspirar para hundir a los demás... Eso es lo que hace desaparecer.
En cierto modo me retiré hace mucho (me retiraron); pero ahora ya la muerte está aquí (no les ha costado mucho propiciarla e inocularla). No muero de muerte "natural", se han ensañado bien las alimañas para que uno acabe. Quizás por eso dejo una última constancia de ello. Es como si quisiera señalar a los carroñeros y a los perros salvajes para que otros no caigan.
Desde que me trasladé de mi ciudad natal, todo ha sido llanto y crujir de dientes. Si es cierto eso de que uno paga por sus pecados, os aseguro que no creí que fuesen tan "mortales" como para que me fuera asignado un ángel exterminador que me llevara hasta este punto. Y para colmo la magia se ha acabado, ya no puedo invocar a esas fuerzas que pueden vengar el daño... O tal vez pienso que no hay daño suficiente para quienes han tramado lo que han tramado. Yo no soy Ovidio y el Ibis ya ha sido escrito. Esa maldición que tanto he repetido hasta la saciedad es la que dedico a los que me han traído aquí.
Aquí, en este punto, no hay inocencia; e incluso en todo infante hay maldad y culpa que debe ser pagada. En cuestión de culpas hay que ser veterotestamentario y hacer que otras generaciones paguen la culpa de los padres y de los abuelos.
No vendrán buenos tiempos... pero serán tiempos dignos de quienes los vivan... Y aun así, será poco, muy poco lo que padezcan.
Atentamente,
M.


5.10.12

Este es un punto sin calificativos. Ahora no hay nada que restaurar y parece no haber sistema. Incluso admitiendo que no hay sentido, es necesario cierto sistema para poder seguir en el camino. El camino obliga a seguir en el camino.


Hay un patio y voces en él, voces que no me importan; voces que si desaparecieran no harían perjuicio alguno.


Me pregunto de qué sangre estáis hechos. Cada uno de vosotros es un conjunto de programas más o menos predecibles, limitadamente sorprendentes, incapaz de comprender el todo. ¿Es posible así vivir? ¿Es posible vivir así? El familiar, el pagado de sí mismo, el rebelde, el quejica... Programadas personalidades, tendencias, horizontes... ¡sois ese desfile! Y el espectador traga y paga, sin por ello ser la máquina que lo controle todo. El espectador sólo está más desvinculado y solo por ello.


La muerte, en cualquier caso, borra los programas. Mediadora es la muerte para los que aún no se han ido. Vivir para morir. ¿Trivial? ¿Evidente? ¿Incuestionable? En ese caso, ¿por qué nos da miedo lo trivial, lo evidente y lo incuestionable? ¿Por qué la fuerza de esa evidencia no afloja el nudo de la angustia?


El nudo de la angustia es quedarse en medio de los dos lados al cruzar una gran avenida, quedarse en medio, porque el semáforo de la acera de enfrente ya está en rojo y el que está a tus espaldas ha dejado de estar en verde. Y estás ahí, entre coches y coches con el ruido de su velocidad, aislado, sin otra cosa a la que agarrarte que la verde columna del semáforo, ahogándote y sudando con el temor de salir volando hacia el cielo... ¡ese vértigo! ¡esa náusea! ¡ese estallido en potencia del corazón! Es un instante de eternidad y muerte. Y pensé en ti... sí, pensé en ti... en aquel instante.


En nuestros programas están activadas las corrientes del resentimiento -es decir, el físico deseo de justicia-.


Después, en otra parte, desquiciada está la educación que engendró un monstruo.

Este es un punto sin calificativos. Ahora no hay nada que restaurar y parece no haber sistema. Incluso admitiendo que no hay sentido, es necesario cierto sistema para poder seguir en el camino. El camino obliga a seguir en el camino.


Hay un patio y voces en él, voces que no me importan; voces que si desaparecieran no harían perjuicio alguno.


Me pregunto de qué sangre estáis hechos. Cada uno de vosotros es un conjunto de programas más o menos predecibles, limitadamente sorprendentes, incapaz de comprender el todo. ¿Es posible así vivir? ¿Es posible vivir así? El familiar, el pagado de sí mismo, el rebelde, el quejica... Programadas personalidades, tendencias, horizontes... ¡sois ese desfile! Y el espectador traga y paga, sin por ello ser la máquina que lo controle todo. El espectador sólo está más desvinculado y solo por ello.


La muerte, en cualquier caso, borra los programas. Mediadora es la muerte para los que aún no se han ido. Vivir para morir. ¿Trivial? ¿Evidente? ¿Incuestionable? En ese caso, ¿por qué nos da miedo lo trivial, lo evidente y lo incuestionable? ¿Por qué la fuerza de esa evidencia no afloja el nudo de la angustia?


El nudo de la angustia es quedarse en medio de los dos lados al cruzar una gran avenida, quedarse en medio, porque el semáforo de la acera de enfrente ya está en rojo y el que está a tus espaldas ha dejado de estar en verde. Y estás ahí, entre coches y coches con el ruido de su velocidad, aislado, sin otra cosa a la que agarrarte que la verde columna del semáforo, ahogándote y sudando con el temor de salir volando hacia el cielo... ¡ese vértigo! ¡esa náusea! ¡ese estallido en potencia del corazón! Es un instante de eternidad y muerte. Y pensé en ti... sí, pensé en ti... en aquel instante.


En nuestros programas están activadas las corrientes del resentimiento -es decir, el físico deseo de justicia-.


Después, en otra parte, desquiciada está la educación que engendró un monstruo.

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