13.10.12

Creo que a lo largo de las líneas que he escrito ya he expresado suficientemente mi decepción. Estuve un tiempo sin escribir y retorné hace poco... pero es más de lo mismo, sólo que peor. Pero la expresión de eso "peor" no aportaría nada a las líneas de antes (a las líneas de siempre). Aquí, en la realidad, frente a la pantalla, el que escribe tiene las horas contadas de verdad... quiero decir: con más certeza. Seguramente un día quien quiera que entre verá que ya no hay más entradas. Si es así, es porque el que escribe ya no está. Sencillo.
La maldad de la gente, su indiferencia, la avería de sus cerebros y de sus corazones; la imposibilidad de hacer algo por despertar algo de cariño o de atención... Todo eso ya se sabía y se ha ido viviendo hasta el punto de morir. ¿Sirve de algo acusar, denunciar o exponer situaciones de ningún tipo? No. Y aquí ya sólo se escribía porque servía para eliminar veneno; pero ahora el veneno está en las venas y las palabras no pueden trasladarlo aquí. Por otro lado, la conciencia de la gente es muy laxa (y así ha de ser para que la gente pueda sobrevivir en este mundo); y nada movería su conciencia.
Si tuviera las palabras que pudieran impactar en la gente hasta el punto de hacerla desaparecer, las escribiría; pero esas palabras no existen. Lo que hace desaparecer a la gente es su maldad, su odio, su indiferencia, el deseo de hacer daño; su egoísmo, su afán de conspirar para hundir a los demás... Eso es lo que hace desaparecer.
En cierto modo me retiré hace mucho (me retiraron); pero ahora ya la muerte está aquí (no les ha costado mucho propiciarla e inocularla). No muero de muerte "natural", se han ensañado bien las alimañas para que uno acabe. Quizás por eso dejo una última constancia de ello. Es como si quisiera señalar a los carroñeros y a los perros salvajes para que otros no caigan.
Desde que me trasladé de mi ciudad natal, todo ha sido llanto y crujir de dientes. Si es cierto eso de que uno paga por sus pecados, os aseguro que no creí que fuesen tan "mortales" como para que me fuera asignado un ángel exterminador que me llevara hasta este punto. Y para colmo la magia se ha acabado, ya no puedo invocar a esas fuerzas que pueden vengar el daño... O tal vez pienso que no hay daño suficiente para quienes han tramado lo que han tramado. Yo no soy Ovidio y el Ibis ya ha sido escrito. Esa maldición que tanto he repetido hasta la saciedad es la que dedico a los que me han traído aquí.
Aquí, en este punto, no hay inocencia; e incluso en todo infante hay maldad y culpa que debe ser pagada. En cuestión de culpas hay que ser veterotestamentario y hacer que otras generaciones paguen la culpa de los padres y de los abuelos.
No vendrán buenos tiempos... pero serán tiempos dignos de quienes los vivan... Y aun así, será poco, muy poco lo que padezcan.
Atentamente,
M.


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