La Selva de Próspero

Sapere aude!

28.12.12

No hay inocentes. [Por fin el trámite final].

No hay deseos para el nuevo año; sólo hechos que ya he sacado del horno.
Para los que me habéis seguido -no debería usar el plural-, ¡gracias!
No he preparado nada especial... No he preparado nada... Ahora necesito frío, las palabras justas, los actos precisos y ninguna emoción.
Ya lo he dicho, no hay propósitos -ni firmes ni caprichosos-; sólo un camino de actos que, me lleve donde me lleve, me llevará a mí, que hasta ahora sólo he sido llevado como una marioneta por feriantes farsantes.
Saco los hechos del horno, ya completamente duros y fríos, lío el hato, silencio y ¡adelante!

 

27.12.12

Preparación al año nuevo.

Quita la calefacción o no la pongas. Desnúdate. Espera desnudo sobre el suelo y piensa que la soledad está en las arterias. No es difícil. El calor, el frío... son cosas secundarias, dependen de tu subjetividad, no son objetivas. ¿Me entiendes? La soledad es contundente y objetiva, el frío no. Túmbate completamente desnudo sobre la tarima... sin sentir. El frío, pasados los momentos iniciales, no se siente como tal, anestesia. Mira, si el dolor es fuerte... un calambre en el colon o en la próstata, una fuerte descarga en la vejiga... Todo eso son sensaciones, no es objetivo, no se va a romper una vena ni a fracturar un músculo. Imagina que algo se inflama, se dilata y se rompe... Pues también se rompe el nervio que comunica la sensación, deja de doler. ¿Por qué crees que amputan los pies y los brazos a quienes padecen de diabetes? ¡Porque no sienten! Porque algo que se gangrena y se pudre, ¡no se siente! ¡No hay dolor! Por eso, túmbate, olvida el frío, piensa la soledad, siente la soledad. Dime, ¿has leído a Nietzsche? ¿Has leído el Ecce Homo? ¿El principio? Ahí habla del "fatalismo ruso". Los rusos, cansados de tanta guerra, se tumbaban en la nieve y morían ¡dormidos!... ¡con una sonrisa! Dime, ¿tú quieres morir con un rictus de dolor? ¿Quieres morir cagado de miedo y lleno de terror? ¿A que no? Pues siente el frío, túmbate. Verás, haz una cosa. La última noche del año abre las ventanas a las nueve de la noche, ¡todas las ventanas! Toma unos cuantos analgésicos y túmbate en la terraza. Imagina que es solo un sueñecito hasta que den las doce campanadas. Poco a poco te dormirás. Verás... ¡mejor aún! Un vaso de whisky mezclado con cerveza, un par de sedantes (Lexatin 3 mg), un par de paracetamoles... ¡y a la terraza! Al amanecer del día siguiente despertarás más descansado, lleno de luz, más puro... el frío te habrá limpiado... Toda esa mierda que te pringaba el cuerpo y el alma desaparece, se diluye con el frío... Al amanecer te sentirás muy distinto... ¿Cómo te lo explico? ¡Ya está! Será como formatear tu disco duro, como reiniciar el sistema, como volver al punto de restauración primigenio en el que ni la culpa ni la idea de lo puro y lo impuro existían... ¿Tan jodida está tu espalda que no puedes dejarla descansar sobre el suelo una sola madrugada?... Me parece un precio insignificante por renacer, por volver al origen, por entrar de nuevo en un lugar con el que sueñas cada noche, pero que olvidas al despertar... Te aseguro que el frío conserva los sueños más livianos y te permite anclarte en lo más bello y en lo más hermoso... Yo lo he probado... Yo te puedo incluso acompañar el último día del año... Mientras otros viajan o se emborrachan o padecen el fuego de las calorías embotándoles la carótida... tú sentirás crecer alas en el frío. Tienes que renacer compañero... Piensa en lo que viene si no lo haces, piensa en lo que has sido, mírate, busca tus fotografías... Mira los que se han ido, los que se están yendo... piensa con visión de futuro y mira hacia delante... ¿Es mejor ese frío? Basta el frío de una noche para renacer, para olvidar y ganarlo todo. Limpio es el frío, puro es el frío... lento y suave el dormir... lo que parece rígido en el sueño, lo que parece  hielo y piedra no es más que la aristada perfección de lo que no admite impureza ni retorno... Prepara tu sonrisa, prepara el lecho, descansa... Lo mereces... te has hecho digno del más puro de los descansos... Sin embargo, sí, puedo entender que no aceptes esto... que rehúyas... que no te convenza... Pero sabes que yo no pretendo convencer... a mí el bien o el mal de los demás... ¡ya ves! Al contrario, si acaso el bien, el deseo de que no sufran más, el querer para los demás lo mismo que para mí: el descanso, la paz, el ¡basta! Pero puedo entender que tus recuerdos te hagan creer que también hay calor de hogar por delante, que en el horizonte hay nuevos años futuros en compañía, entre sonrisas... No te culpo... Los horizontes parciales impiden a muchos ver el horizonte final, el que reclama el frío, el que nadie sabe afrontar, el que la mayoría tiene miedo a cruzar... Yo sólo quiero aconsejarte para ese horizonte... antes de que estés frente a él, para que no sufras. Tú mismo... yo soy un solitario y los solitarios están ya convencidos de lo que te cuento... no necesitan estar convencidos... lo sienten, lo viven, son la paz que busca su culminación. Sí, desconocido, sí; la última noche del año puede ser tu única noche de paz en la vida.

24.12.12

Si hablo de la Navidad, aunque sea para denostarla (cagarme en ella), ya estoy entrando en el círculo o en el cuadrilátero de la costumbre (repito los putos moldes de nuestra puta suciedad de sociedad). Pero hay una necesidad de expresar para poder salir "limpio" o más ligero a la calle (necesidad de jiñar sobre los dioses de este mundo). Suelo ir contra corriente si detecto falsedad o intereses demasiado interesados (me retumban los cojones cuando las multitudes imponen su tiranía de bobalicones sin pensamiento ni criterio). Sé que hay que respetar una fiesta religiosa y cristiana como ésta (defendida por la iglesia que siempre ha tenido un desmedido interés por los niños, que se ha desvivido por los niños, que no ha dejado de mimarlos y llenarlos de besos y caricias); lo sé (lo sé hasta entender por qué se quemaron antaño determinados recintos infestados de cucarachas y parásitos). Por eso, hoy es un día en el que hay que cambiar, ser distinto, ser mejor (esmerarse más por sacar a la luz el veneno consagrado por quienes están carcomidos por el cáncer de la buena conciencia). Hoy no hay ideologías, no hay derechas ni izquierdas (ratas purulentas y carne viciosa las hay en todos los pesebres del hemiciclo). Es una noche especial para que a un Plácido se le crucen los cables y ponga plomo por toneladas en todas las mesas de la casta política (estéril casta de podrido semen y poliquísticos ovarios). Hoy sería el día más propicio para esas manifestaciones de jíbaros que se realizaron frente a nuestro Partenón, hoy es día para el plomo (no para el carbón). Además, como Daoíz y Velarde están forjados con el bronce de cañones, iban a salir ilesos -lo único firme que merece ser conservado de ese burdel de degenerados: esos dos leones con rabos como mundos-.



¡Ay, me disparo! Intento combinar el lenguaje erudito de los cabestros de las cámaras y el lenguaje del pueblo, pero la ira y la rabia me la ponen dura. Pero callar es el peor delito; sobrevivir en esta charca repleta a rebosar de la caca de esos pavos es el crimen más atroz contra una humanidad que debería haber desaparecido ya hace siglos. Os dejo, tenéis que preparar todo para la negra noche de la hipocresía, para la transparente noche de la buena conciencia... ¡para el negocio, vamos!

23.12.12

De un cuaderno de urgencia.

Domingo. Marquesina en Princesa. El palacio de Liria a unos metros. Día soleado. Gente. Almacenes abiertos. Un adjetivo, “oscuros”, ese adjetivo. Canales oscuros, cifras oscuras, días oscuros… “Oscuro como la tumba en que yace mi amigo” (Lowry). Llega el bus… Gran Vía arriba, sentado, soleado… Emborrono el cuadernillo, es uno de esos cuadernillos de urgencia para hablar solo sin que los demás lo sepan. No basta la compañía de un libro; hace falta rasgar la celulosa de vez en cuando para saber de qué materia están hechos los sueños. Los sueños, imaginarios señores de un soñado auditorio, están hechos de papel, reciclado o no, pero papel del que se toca y se huele como se toca y se huele a un hombre o a una mujer que lleva en su piel nuestra última fantasía o nuestro último sueño. Piel de papel, papel como la piel: erizado, granulado… piel de gallina, papel de gallina. Ligera la piel, ligero el papel, ligeros ambos como la pluma que apura lo que los labios demandan. Y hay que expresarse con apuro, con urgencia, como si ustedes y yo fuésemos inmortales sólo en los sueños solos. Ya sabéis esa frase de marcapáginas: “El hombre es inmortal por lo que desea y mortal por lo que teme”. Sueños y temores, dioses y hombres… ¡cómo se mezclan en este cuadernillo de urgencia! Mientras, “en bus ves por dónde vas”, a no ser que nos hayamos puesto ciegos de tanta falta de visión. Y ya, a mi izquierda, La Puerta de Alcalá. Recuerdo que una noche en blanco de esas que organizaba mi antigua comunidad atravesé su arco central junto a mi pareja. Simbólicamente habíamos sido inmortalizados, bendecidos, ungidos por la oscuridad de un oscuro Madrid a oscuras… Las letras vuelan torcidas hasta que ya, cerca, a unos metros, está la parada en la que he de bajar. Esperan mis padres en casa… (Como también, oscura, la desesperación espera)...
Y después la tarde y hacia la noche. De nuevo el autobús y ese pentagrama de urgencia que es mi diario. Más desbarres ausente de alcohol, pero con la extraña fiebre de una ciudad más extraña cada día. Miro por la ventana y el mundo abre sus puertas y pienso –locamente imagino-… La seda es el límite, el hilo es el límite, el tejido que desnuda mientras viste es el puro límite. ¡Crúzalos! La luz roja de la lámpara de noche sobre la mesilla es la luz verde para lo oscuro que arde por salir. La piel es un mapa… y la única tinta capaz de dibujar el camino es la saliva. ¡Besa! Hasta cruzar los límites, hasta ahogarte debajo de ellos… ¡No dejes de besar! En esta Navidad todos sois peces que desean ahogarse en el mismo río. ¡Bebed tanto como vuestras fuerzas os permitan! Hay miles de ríos sobre la piel y debajo de ella… ¿por qué morir entonces de sed? Demasiada sed y demasiados peces colapsan las arterias de esta ciudad. Las luces hipnotizan. Bastan una copa y esa luz que va pelando con sus destellos la mente como una cebolla para sentirse como en un extraño útero de tinieblas radiactivas.
Espasmo final: Más marquesinas, luces flanqueando el autobús, gritos, niños… la película de siempre ante unos ojos más ciegos. Sentado, yo, sentado en el asiento de inválidos; no por error, no por impostura, sino porque el vehículo va casi vacío. Debajo del asiento una rata de ojos como el diamante, pura y veloz, ¡femenina!, escapa entre mis piernas… una más en mi vida… sólo una más. Un titular para el examen de conciencia nocturno cuando esté en el hotel, un resumen de mi día y de mi noche en Madrid: una rata ha devorado Madrid y en su vientre los cadáveres brillan como luciérnagas.

22.12.12

Hay tonos de voz que exasperan... Aún no hemos cambiado mucho: lo podemos ver al coger un autocar o un tren. Mirad a la gente cuando sube, cuando monta, cuando tiene que colocar el equipaje. Ahí podéis ver su personalidad, su egoísmo, su solidaridad... El lado más negro, el más podrido, el que huele a hombre puro y duro se ve en esos lugares y en esos momentos. La ancianita que no puede ni moverse es capaz de aplastar la cabeza de cualquiera con tal de colocar su maletón con el cadáver del marido. O piden al más cercano, aunque esté inválido, que la ayude, que ella no puede, que es débil, que es un ser frágil que atraviesa sus días más postreros. ¡Como si fuera el centro del universo! ¡Y qué énfasis!
Pero da igual, eso es una anécdota. Lo importante es morir en Navidad. Morir como el puto Niño del féretro de paja manda... ¿Vosotros no ponéis Belén? ¿El jodido Belén en el que San José hinca el bastón en la mula hasta hacerla sangrar? ¿El Belén? ¿el misterio?... Porque es un misterio que, aunque fuésemos seres unineuronales, aún gastemos un sólo átomo de energía en ese acto macabro y libidinoso. Y lo mismo me da el sangrante y apestoso Belén que la superpolla del abeto penetrando las nubes. ¡Y me hablan de "belenes" vivientes!... ¡Claro! Con caganets y con folladores y con masturbadores tras los setos del desierto... Muy real todo. Y todo para el niño... se da todo por el niño ante el cual morirán millones en autos de fe y en autos de choque.  Todo por el prostituido, jodido y puto adviento que llega al fin en una cruz que se clava en el culo de todos como una hemorroide colosal.
Pensad en la vinculación del capital con el nacimiento del pecador de pecadores, del acaparador de oro, incienso y mirra; pensadlo... Me quedo con la alusión de un escritor a cómo debió sentirse el "redentor" al comprobar los incoentes que fueron pasados a cuchillo por su nacimiento. ¿Cómo se sintió el secundador de la patraña de la culpa?
No lo dudéis. Follad y bebed todo lo que podáis beber y follar en este tiempo de caos. Vuestras pollas y vuestros coños os lo agradecerán.

12.12.12

Los inmundos mundos de la Vanidad.

No se puede decir todo lo que uno quiera. Suele suceder que lo que se dice no es lo que se quiere decir.
¿Quiere usted que le diga por qué vine aquí? ¿Lo que pasó?... Créame, ahora no tengo ¡ni puta idea! Sé que yo vivía, "vivía", en otro lugar y en otro tiempo. Y sé también que aquí muero... de extrañeza... sin nombre... oscuro y solitario. ¿Cree que sirve de algo, aunque sólo sea de alivio, el hecho de escribir estos zarpazos? ¡Para nada! Por lo menos la desazón y la mala hostia no van a desaparecer... Ni siquiera sé si hay alguien ahí. Pero estoy lo bastante loco como para crearme mis mundos... Siempre ha sido así: mis mundos... No lo veo ahora más claro que antes, sino igual... El caso es que allí vivía y aquí muero. Pero (y esto no lo digo por amargarle la fiesta) usted también está en el mismo callejón sin salida... Todos lo estamos... De lo que se trata aquí ya es de que los malos momentos no pasen factura con los putos recuerdos. El recuerdo es algo evanescente, insustancial, ni pesa ni huele ni tiene coño... ¡ni bueno ni malo ni tierno ni pasional ni mordiente ni resucitador!... De lo que se trata aquí también, y sobre todo, y en este tiempo de flatulento adviento, es de pisar esperanzas como si de mala hierba se tratase... De verdad, usted y yo lo sabemos, pasados los treinta años lo que no ha sido cerrado o atado es una quimera y una amenaza de muerte y días que se quita uno de hacer el gilipollas por el mundo. ¿Cree, entonces, que le he dicho por qué vine aquí? ¡Seguro que no!... Mire usted, quizás vine para comprobar que todo da lo mismo en cualquier parte, pero cuando todo da lo mismo en la parte que naces es diferente, es como si la decepción tuviera raíces que no se pueden erradicar... ¡Sí, así es!... La jodienda se lleva mejor donde naces, aunque ni Dios te haga caso... Sé que me repito... Me da igual. Da lo mismo. También la Vanidad se repite todos los inviernos y la gente no tiene los cojones de suicidarse por ello... Seguimos mirando el pesebre y nunca nos cagamos lo suficiente en él... La mierda que más atufa no es la de la mula ni la del buey; incluso la caca de los camellos es pasable... La mierda que más apesta y deshace es la otra, la que promete mundos, la que habla de redenciones, la que amenaza con culpas que exculpar... Ya sabéis de qué mierda hablo... ¡es la que va a justificar, lo queráis o no, vuestros próximos días! ¡Sí, los vuestros! 

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