La Selva de Próspero

Sapere aude!

19.2.13

Hay coros ocultos en la lluvia y en una habitación a oscuras. La radio es un cuerpo que murió. Luz sólo conozco la de esta pantalla nublada por mis ojos. El silencio es este, el de las teclas... tlequetlaca... tlequetlaca. Me sobra lo que he leído, no me falta nada. Aún le quedan muchas combinaciones al mundo con el mágico tablero del alfabeto. Se suele vivir de las palabras de los otros -algunos lo hacen, viven así-; aunque a veces no es posible. Una imagen no vale más que mil palabras cuando estás ciego. Apoyo mi cabeza a punto de reventar sobre la mesa del escritorio y siento quebrarse el hierro de mi cuello. Mi vida es una línea de Buda a Nietzsche pasando por el Calvario. Hay que esperar al sueño. 

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