3.5.13

El payaso Guacamole

Imagino a un personaje de profesión payaso y de nombre Guacamole. Sería el protagonista, el antihéroe de alguna de mis ficciones. Todo aquello que día a día me ha ido derrumbando y que ha de permanecer en silencio lo diría él.
La historia comenzaría con el narrador ante el cuerpo ahorcado de Guacamole. Como hace falta documentarse, debería ver unos cuantos ahorcados. ¿Visitar algunos depósitos de cadáveres para ilustrarme? No. Bastaría Google. En Google está toda la documentación posible para cualquier cosa. Eso suponiendo que hubiese que describir el cuerpo de un ahorcado para dar una idea de Guacamole.
Otro apunte: de mi narración debería quedar en el lector un pánico desmesurado a los niños. El lector debería decir al cerrar las tapas del libro: "Todos... absolutamente todos los niños son crueles". Imaginad que Alemania hubiese ganado la guerra, imaginad que esas imágenes que circulan por ahí de niños de siete años adorando al führer fuesen algo habitual. ¿Qué harían esos niños? ¿Qué sería "natural" para ellos? Universalizar esa forma de ser y esa personalidad sería uno de los hitos de esa quimérica narración.
Guacamole duda de Dios, no tiene claro quién o qué sea Dios; pero necesita creer. El Dios cristiano... ese sería el Dios de Guacamole. Sin embargo, no es un devoto. Lleva en su personalidad la doble moral de occidente: moral pública y vicios privados. Pero esa doblez no le deja indiferente, al contrario, le va volviendo cada vez más loco. Guacamole sería una crisis permanente de identidad y un enorme latido que los demás no pueden dejar de escuchar.
La acción se desarrollaría en nuestros días; pero Guacamole viviría en otro mundo, en "sus mundos".
Necesitaré hechos concretos, "imágenes", balas con las que disparar. Por ejemplo:
Guacamole recuerda hasta su muerte cómo le impactó el cambio de la densidad del semen en los años de pubertad.
Guacamole conoce el dogma y el ritual de la civilización moderna, es capaz de criticarlo y de mimetizarse con sus vecinos para pasar desapercibido.
El gran amor de Guacamole es una puta de alto standing (por eso mismo, una escort, no una puta) llamada Rosa. Nunca sabrá el verdadero nombre de Rosa... ni el verdadero "ser" de Rosa. Su primer beso, un beso de Rosa, ese beso -como el dogal que partirá su garganta- simbolizará la pasión y la eternidad (ahí es nada).
En una caja Guacamole guarda los testículos de un perro vallisoletano.
 

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