Sin necesidad de solicitar ayuda debería uno ser auxiliado en el dominio de lo humanamente divino. No tengo miedo, ahora no. Este podría ser el final de Sísifo.
La Selva de Próspero
Sapere aude!
5.8.13
3.8.13
Que nadie lo dude
-que los que sufren no lo duden-, el silencio mueve el mundo de los que han
visto caer a Dios por el desagüe del fregadero. Bartleby conocía esta verdad y
Samsa se convirtió en artrópodo por ella. Escucha, escuchad todos: Cuando
vuestra necesidad os lleve al agujero del blanco trono que cada día absorbe el
aborto de vuestros despojos, ¡cerrad los ojos! Quedad sentados y cerrad los
ojos, visualizad un camino y permaneced en él hasta el final -que es el morir-.
Hallaréis siempre un silencio, aunque revista forma de palabra, con el que
responder al dolor.
Hay un lugar en el
centro del imperio donde son atendidos aquellos que sufren. He pasado una
semana visitando a los desheredados de la tierra entre las cordilleras de
Ibiza, Máiquez, Doctor Castelo y Doctor Esquerdo. Los largos pasillos pintados
en El Proceso, las cámaras en las que los que van a morir son reparados, el
olor a resurrección podrida; un ejército de fieles poniendo sondas y pañales y
limpiando caderas cuya única danza posible ya es The macabre dance of last day... Todo eso llenó de manchones
blancos las paredes de mi silencio oscuro e hizo caer las telarañas de las
ciegas lámparas que penden del vacío salón de mi memoria. Estoy repleto de un denso silencio, de un poblado silencio; hay una muchedumbre rabiosa y ciega de muertos vivientes en mi silencio. Mientras, los consejos y las voces de los que pasan sus días como si no pasara nada, hasta que llegue el momento -si es que llega- de ingresar en esos pabellones donde reparen el armatoste que portó la vida; siguen haciendo de las suyas. Esos, los vivos, parecen tener más fuerza y por eso su resentimiento es más feroz. Más tarde, no se sabe cuándo, esa rabia se transformará en un ahogado quejido que fluya oscuramente dorado hasta una bolsita que retirarán para analizar cuánto veneno ha evacuado el cuerpo en su camino hacia el vacío infierno.
Que lo dude el que quiera -no es cosa del saber, sino del sentir-, el silencio mueve el mundo. La muda palabrería que choca contra nuestros tímpanos lo demuestra. Y luego están aquellos puñales en cuya empuñadura reza la leyenda "me tienes a tu lado", que aprovechan estas ocasiones para fabricar dardos que clavarán en tus ojos. ¡Pobre gente maldita! Ignoran o quieren ignorar que, ciegos, mudos y sordos como estamos ya ante el mundo, nada nos conmueve. Si acaso, una pequeña sonrisa resquebrajará nuestra cara cuando sepamos que ellos están dentro del laberinto donde preparan a la gente para The macabre dance of last day.
