Llueve. Otro cambio de estación. Un caracol ha sido desahuciado en el patio. Algo es gris en la noche. La vida nunca sigue igual. Llueve, aquí o allí, y se muere -aquí o allí-; y se vive en cualquier espacio de lugar o de tiempo. La lluvia arrastra sus alpargatas de barro. La ciudad es menos ciudad y la tierra más nos entierra. Hay que continuar sin relevos. No hay relevos. Tampoco hay ensayos; sólo agujas en los ojos que se clavan de cansancio, el cansancio puro de no ser. Llueve... y nos pilla aquí el viaje. Llueve, sí, y que no deje.
La Selva de Próspero
Sapere aude!
30.9.13
14.9.13
Antes de retornar al infierno, unas verdades constatables "empíricamente" (¡qué mal suena el adverbio en este contexto!):
Un puñado de polvo seco y cinéreo, totalmente extraviado por la locura y de sexo incierto, aunque pareciera mujer pretende fabricar para mí cascos de vikingo. Esto es imposible, pues nada hay y en breve yo pondré los medios para emigrar de este nido donde un puñado de indeseables bastardos y borrachos han montado una fiesta de locos. Sin duda encontrarán avales, pues manejan la mafia de este tinglado. Como bien dijo la acartonada momia: "Admitimos con educación a los extraños, pero luego sabemos cómo desembarazarnos de ellos" (27/Octubre/2006).
Tras la anterior premisa la conclusión es que "estoy jodido", sí, sí, "jodidamente jodido". Vienen malos tiempos en los que ya no hay conspiración, sino guerra declarada. Resumiendo: se lo quedan todo. Admito que ya lo sabía y que como bien sabéis no fiaba yo muy largo la estancia en este miserable mundo. Cinco homúnculos no han sido más que figuras puestas por el destino para las consecuencias que se avecinan; carecen de la capacidad de operar efectos, son instrumentos del devenir. Si no conociera demasiado al hombre, ahora rechinaría los dientes y me tiraría a la vía del tren. Pero no. Se ha de palmar de forma "natural", sea esto lo que sea. Declaro abiertamente que aún me puede el deseo de compensar esta situación en la que uno siempre ha sido la diana de otros dardos. Pero ese deseo, también lo declaro, me amargaría lo que me quede de supervivencia. A partir de ahora hay que ser franco, menos complejo, más sencillo y explícito; llamar al pan, pan; al vino, vino y al amonado, dipsómano... Y al estafador, usurero; y a la déspota, cabecilla; y a la esclava, embaucada... Y así sucesivamente.
6.9.13
A modo de metáfora que tú no entenderás, porque no conoces el referente.
Pero te hablo de las hormigas que nos van royendo y que conviven con nosotros en formas de mayor o menor familiaridad.
Te hablo de la cucaracha maternal y política -ambas cosas una sola cosa-; te hablo de la otra familia que es una mafia y un nido de hormigas carnívoras. Te hablo de relaciones negras, sucias como la tierra seca, relaciones de osario y cascajal que sólo viven para los muertos muy muertos, relaciones de páramo y aldea que se acartonan bajo los astiles de la maledicencia hueca.
Yo te podría hablar de babosas mocosas que reptan sonriendo, sin saber que un día unos ojos inyectados en sangre y en alcohol las aplastarán y dejarán su larva enteca en algún patio olvidado.
Te hablo desde un lugar al que la traición me ha clavado y al que me he resignado a morir. También los otros mueren y van muriendo, pero sin conciencia -felices bandullos de paja que anegan con botellón hasta convertirse en hediondas cisternas-.
Te estoy hablando siempre de ir muriendo en vida, y te hablo así en cada línea para que al final, con suerte, el aburrimiento acabe mitigando el miedo; para que la contracción del último vómito no te paralice en un instante eterno, pleno de conciencia, que te impida huir de la pesadilla en que quedes atrapado.
Te habla la grandeza empequeñecida en vida -te habla a ti, grande en Liliput-, y te habla sin eco, en silencio, sigilosa como el áspid de los recuerdos que se han convertido en remordimientos. Te hablo resbalando en el sudor y conteniendo el dolor agudo. Pero nada ha sido más lancinante que la traición.
Y te hablo para poder obtener el silencio. Así es, sí, así es: para obtener silencio y permanencia; para ser firme en mi distancia y así poder acercarme a ti. Te hablo para quemar palabras, para desprenderme de ellas, para sentirte; te hablo como el que no tiene tiempo, como el que ya no es tiempo, como el que al límite grita antes de ser absorbido. ¿Sabes? La rabia me libera del miedo; no puedo vivir la verdad de las hormigas, la dócil y resignada verdad que acude a un funeral cada día, la inconsciente y ritual queja que ignora el tremendo daño que hace a quienes han caído de bruces al suelo y no dejan de mirar el hormiguero... ¡esa queja ritual! ¡Esa grima! Las hormigas podrían horadar el mundo con sus almitas trepanadoras.
Te hablo porque, antes de retornar en muy breves días a este desierto hostil desde el que escribo, que no dejará ni mis huesos, parto mañana para ese lugar del que no debí volver, parto unos días para purificarme de este mundo. ¡Bendito Gólgota de Madrid! ¡Cuán preferible a este huerto de olivos que siempre anuncia la muerte y se habitúa a ella!
Dejo al destino lo que suceda. Siempre es así. Tú, yo y todos son gotitas para el destino, gotitas de este sudor que encharca este bufete sobre el cual despliega sus alas un buitre.
Mañana, cuando a las 11:15 llegué a la Estación del Sur (si antes la noche no arrebata los sueños), creeré haber llegado a mi norte por unas horas... o para siempre. ¿Qué importa dónde han de descansar los podridos huesos? Pero al menos ahí, en ese centro, algún que otro rascacielos da fe de que las hormigas no son más que eso, hormigas.
"Dígale usted a la mocosa de su niña que deje de joder lo que toca hasta que todos los que la toquen la jodan": frase de un ilustre pescadero.
Respuesta a un recuerdo:
¿Cuidar yo de algo impuesto, de algo tirano, de algo que agota la vida o que es fruto de haber arrebatado la vida a otros? Siempre lo contrario.
Hace meses hicieron detonar en mi salón un televisor en plena ebriedad o en álgida melopea y en presencia de terceros no excluidos, mientras enaltecían el valor de "la familia". A eso lo llamaron rock; yo lo llamo inestabilidad, inmadurez y un pésimo ejemplo. Esto sucedió en fecha similar a aquella en que adopté el nombre de Ansetobeah. Como podéis imaginar nada de lo que suceda en una fecha así me espanta. Al contrario, pone en evidencia lo que es cada cual y la baja altura en que nos movemos.
5.9.13
Se supone que hay unos días en los que "recargar pilas". Así lo llaman los que se asumen como máquinas: "recargar pilas". Millones de conejitos han sido afortunados y han recargado los depósitos para desinflarse un año más. Por mi parte se supone que también he tenido que recargar el tambor. Y lo he cargado con algunas lecturas, de las cuales la más notable es Meridiano de Sangre, de Cormac MacCarthy. En todas las críticas de esa narración destacan la figura del personaje del juez como algo "extraordinario". ¿Hay algún juez que no sea así? "Diablo" y "juez" son sinónimos en el diccionario de las intenciones y en todos hay un diablo y, por tanto, un juez. Me abstengo de recomendar, porque ni gratifica ni aporta nada productivo; pero sí diré que la obra no me escandaliza ni me sorprende.Los hechos que se narran son típicamente humanos, aunque haya gente que los considere monstruosos porque aún cree en el capital. Disfruten de un permanente baño de sangre.
2.9.13
Acabo de llegar del mar, de un mar... Ahora estoy cansado y traigo muchas palabras que quizás traslade aquí en días venideros. Pero esta noche quiero lanzar una de esas palomas mensajeras que Nietzsche guardaba quién sabe dónde. Su mensaje dice que la idea, sólo la idea, del suicidio ayuda a pasar más de una jodida noche.
