Antes de retornar al infierno, unas verdades constatables "empíricamente" (¡qué mal suena el adverbio en este contexto!):
Un puñado de polvo seco y cinéreo, totalmente extraviado por la locura y de sexo incierto, aunque pareciera mujer pretende fabricar para mí cascos de vikingo. Esto es imposible, pues nada hay y en breve yo pondré los medios para emigrar de este nido donde un puñado de indeseables bastardos y borrachos han montado una fiesta de locos. Sin duda encontrarán avales, pues manejan la mafia de este tinglado. Como bien dijo la acartonada momia: "Admitimos con educación a los extraños, pero luego sabemos cómo desembarazarnos de ellos" (27/Octubre/2006).
Tras la anterior premisa la conclusión es que "estoy jodido", sí, sí, "jodidamente jodido". Vienen malos tiempos en los que ya no hay conspiración, sino guerra declarada. Resumiendo: se lo quedan todo. Admito que ya lo sabía y que como bien sabéis no fiaba yo muy largo la estancia en este miserable mundo. Cinco homúnculos no han sido más que figuras puestas por el destino para las consecuencias que se avecinan; carecen de la capacidad de operar efectos, son instrumentos del devenir. Si no conociera demasiado al hombre, ahora rechinaría los dientes y me tiraría a la vía del tren. Pero no. Se ha de palmar de forma "natural", sea esto lo que sea. Declaro abiertamente que aún me puede el deseo de compensar esta situación en la que uno siempre ha sido la diana de otros dardos. Pero ese deseo, también lo declaro, me amargaría lo que me quede de supervivencia. A partir de ahora hay que ser franco, menos complejo, más sencillo y explícito; llamar al pan, pan; al vino, vino y al amonado, dipsómano... Y al estafador, usurero; y a la déspota, cabecilla; y a la esclava, embaucada... Y así sucesivamente.

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