La Selva de Próspero

Sapere aude!

31.1.14

Corría marzo de 2005. Publiqué el primer "post".  Ya finaliza enero de este 2014 y ya van 1152 entradas: 1042 publicadas y 110 en modo borrador. Es uno de los diversos blogs, pero sin duda es el más "querido" para mí. Ríos de palabras que se han petrificado y que ya no son palabras ni para mí mismo. Casi nueve años por detrás... Lo raro es seguir vivo. Este mensaje es como un fotograma. ¡Fíjate! Están todos muertos. No "bien" muertos, pero muertos al fin y al cabo.
¡Tío! ¿Cuándo nos vamos a tomar una puta copa? ¡Qué menos que una jodida cerveza, aunque no lleguemos a mearla! Es una escena de cine: juntos en un bar para nosotros solos, encerrarnos durante dos o tres días y soltar todo. ¡Ponerlo todo perdido! ¡Dejar la caja llena de gusanos! Esto no da para más y hemos repetido demasiado. ¡Venga! Ellas que saquen el coño, nosotros ya estamos con las pollas fuera; hay comida, hay bebida y podemos hablar... hablar de todo... para nada. 

30.1.14

Mensaje a hipocondríacos contemporáneos.

La gripe española (también conocida como la gran pandemia de gripe, la epidemia de gripe de 1918 o la gran gripe) fue una pandemia de gripe de inusitada gravedad, causado por un brote de Influenza virus A del subtipo H1N1. A diferencia de otras epidemias de gripe —que afectan básicamente a niños y ancianos—, muchas de sus víctimas fueron jóvenes y adultos saludables, y animales, entre ellos perros y gatos. Es considerada la pandemia más devastadora de la historia humana ya que en solo un año mató entre 50 y 100 millones de personas.
 
(Extraído de la Wikipedia, para solaz de aquellos a los que no les llega la camisa al cuello).

 

Armonía.

No hay personas malas, ninguna persona es mala, por atroces que parezcan sus actos. Yo no puedo acusar, por ejemplo, a determinados seres de ser malos, perversos y capaces de conspirar y hacer daño. Es la maldad (y la crueldad) una parte constituyente del ser humano que está en todos; por eso no tiene sentido usar la "maldad" como algo para definir personalidades. Hay que hacer jugar abstracciones como "bondad" y "maldad" de modo que esa lucha beneficie a cada particular; y nada más. El beneficio propio es lo que siempre ha contado. No ha habido acto solidario alguno que haya estado desprovisto del más puro y radical egoísmo; y cuanto más solidario, más egoísta el acto. El sentido más común y la ciencia más fundamentada avalan esto. Aquí no hay filosofía ni pérdida de tiempo que valgan.
Por cada muerte humana la naturaleza dibuja una sonrisa en el resto de sus criaturas. Y algún día la naturaleza mostrará en su cara tantas sonrisas como humanos y las miradas del resto de sus criaturas se iluminarán y habrá armonía.
 


7.1.14

Oye, no te quejes si los Reyes no te han dejado nada. Cerciórate primero de si eso es verdad. Así pues, visita al médico, que te hagan un profundo reconocimiento. Es posible que los Reyes te hayan dejado un germen de cuyo desarrollo sólo te percates dentro de un tiempo.
 
Con todo mi amor,
 
Próspero desde su húmeda y vaginal selva.


Hoy me han hecho una putada. Nada irremediable. Lo que me han hecho, que no viene al caso, jode; pero hay que tomarlo como una oportunidad, realmente como una oportunidad. Y una de esas oportunidades es la reflexión.
Imaginemos cualquier putada. Un ejemplo, que no es lo que me ha sucedido: que pintarrajean la puerta de mi piso y la rayan.
Quien me haya hecho eso no es ni será feliz. Alguien que reacciona así no lo hace puntualmente, sino que suele actuar de ese modo; es alguien incapaz de reaccionar con sentido común antes las situaciones. Es decir, quien ha hecho eso lleva algo que irá pudriendo de amargura y resentimiento su personalidad, ya sea joven o viejo. Quien hace algo así no es verdaderamente feliz. Eso me consuela racionalmente. No encuentro un mejor modo de reaccionar. ¿De qué me serviría desear nada? Los deseos nunca jamás cuentan, sólo los hechos. Y es un hecho que quien ante un suceso reacciona como ha reaccionado está muerto en vida. Ese hecho me basta. Y nadie que así obre tendrá nunca redención; nadie cambia, de nada le servirán las experiencias que pueda vivir. Y un día cubrirán su rostro, porque su corazón habrá dejado de latir; y quienes le rodeen sólo pensarán en si había algo que heredar, no en sus restos putrefactos. Eso suponiendo que no muera violentamente.
Como he escrito, desear no sirve de nada, pero desde la Prehistoria el hombre (habilis, erectus o sapiens) no ha podido sustraerse a "otras fuerzas". A esas fuerzas invocó Ovidio en su Ibis. Con las mismas palabras yo las invoco contra el que hoy hizo lo que hizo. Y esas fuerzas existen, no están sordas y tienen su justicia.
Me han venido a la memoria también, con motivo de esta "oportunidad", las palabras que algunos abuelos dicen cuando comprueban que su nieto va a morir; o las palabras de algunos padres cuando su hijo agoniza sin posibilidad de recuperación: "¿Por qué? ¿Por qué, Dios mío, por qué?" En esos momentos puede que olviden esa putada que un día hicieron y que, tras realizarla, quedó en el olvido; pero hay una ley mosaica que hace que los "pecados" de los antepasados sean pagados por generaciones futuras: ese es el equilibrio que sigue la magna naturaleza. Yo creo en ese equilibrio que es una ley, más que una creencia.  
 


1.1.14

Fantasía para otra ocasión

El hombre en general y en particular, tal como lo conocemos, tiene que ser superado. Esto que escribo no es la cita de Nietzsche para demostrar más o menos cultura o para intentar ser brillante. Es una convicción profunda. El hombre no da para más. Aquí no se trata de que el hombre sea bueno o malo; el hombre ya no aporta nada y tiene que desaparecer. No es una declaración de intenciones: desaparecerá. La ciencia demuestra que el nuevo hombre ya es posible (más que posible, es real). La manipulación del ADN, la utilización de la nanotecnología, los descubrimientos en inteligencia artificial… Todo esto no son posibilidades o rumores o cosas que se dicen por decir. Hay cosas que no se nos cuentan. Y la verdadera ciencia y la verdadera tecnología va quince o veinte años por delante de la que se “comercializa”. Quiero decir que ya existen invenciones y descubrimientos que trabajan para el nuevo hombre. No pretendo caer en las “teorías de la conspiración”. Si echamos una mirada alrededor, veremos que se están explotando comercialmente descubrimientos que ya han sido superados, pero es necesario rentabilizar antiguos avances para poder seguir la investigación y para hacer el cambio de un modo gradual. Circulan libros por ahí de autores que son los nuevos “Julio Verne”. No debería asombrarse la nueva generación de que lo escrito en ellos pareciera en su día imposible, porque ya es real. Es por esto que yo estoy de más al tomar conciencia de lo que acabo de escribir y estar convencido de ello. No puedo vivir entre los despojos que vivo. Han alterado mis nervios hasta un punto sin retorno. Ya no bastan psicofármacos ni consejos de la abuela. Mi cerebro no puede más. Mi tolerancia es cero. No puedo ver frente a mí la innimente aparición de un nuevo hombre a escala planetaria y seguir compartiendo esta existencia con la miseria en la que se ha convertido la especie más despreciable y digna de desaparecer. La naturaleza es sabia y acabará con su enemigo después de extraer de él todas sus potencialidades. El aire fresco de esta verdad lo he respirado en algunas obras de Houellebecq; por ejemplo en “La posibilidad de una isla”. Aunque no sea exacto científicamente lo que expone, se infla el pecho ante la descripción de los neohumanos sin amor, sin conciencia, vegetales puros y de procesos diáfanos y transparentes. Yo ya no podré gozar, ni siquiera de modo imaginario, de algo así. Y me niego a habitar entre apestados por la conciencia, las emociones, los viejos valores y demás peste. Estos últimos meses mi refugio han sido lecturas y relecturas de quienes intuyeron la verdadera naturaleza del bípedo humano. Antes escribía, me desahogaba; pero nadie lee o escribe con el corazón impunemente. Se acaba por tomar partido. No puedes actuar como si lo leído y lo escrito fuese para desahogarse y después volver a la mentira y a la enfermedad de los que nos rodean, con el anhelo de que se extingan para que la vida resurja. Morir duele, angustia morir; sobre todo es insoportable pensarte y sentirte como la nada que eres o vivirte como después de muerto. Mis nervios se han deshecho, ya lo he comentado. Y la inmortalidad aún no es posible; y habría que soportar cosas entre los residuos humanos que, si uno fuese inmortal, desearía la muerte. No queda más remedio que caer bajo la ley de la naturaleza. Y más vale hacerlo de grado, que a regañadientes. Al fin y al cabo es la naturaleza la que acaba con todos y cada uno de nosotros (desgraciadamente yo también soy hombre), no el hombre. Eso debiera bastar para pensar y sentir que finalizar es justo. Sólo queda pagar a los que nos llevaron a este estado con su misma moneda (hacer justicia) y sacudir el polvo de las sandalias.

Free counter and web stats