La Selva de Próspero

Sapere aude!

29.6.14

Nos toleramos, luego existimos. ¡Qué intensa existencia! El cristiano tolera al musulmán y el musulmán soporta al norteamericano; el norteamericano tolera al palestino y el palestino soporta al judío; el judío tolera al ruso y el ruso soporta al ucraniano. ¡Qué armonía tan preestablecida! Entre los humanos se cumple el sueño de Leibniz: calculando resolvemos todo y la razón permanece fría en el congelador del corazón. Nos toleramos y eso hace que la vida arda de fría pasión bajo la férula de la razón, nos toleramos. Amar y soportar es lo mismo; tolerar y adorar es lo mismo; la tolerancia es la norma de todos los mundos posibles para que todos quepamos aquí, bien juntitos, al calor y al fresquito de todo lo que nos une sin condiciones. Y todo aquello que permanece fuera del bien formado edificio de la tolerancia es demasiado fuerte, demasiado bravo, demasiado salvaje y demasiado natural. Practiquemos la tolerancia, domestiquemos los instintos, reprimamos y anestesiemos a la bestia. Podemos hacerlo. Podemos luchar contra natura.

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