La Selva de Próspero

Sapere aude!

17.3.15

"Da igual". Graba esto: "Da igual". Grábalo en una tarjeta de memoria e instálalo en cualquier medio tecnológico. Implanta "¡Da igual!" en tu cerebro -ahora ya es posible-. Y si alguien te replica que no todo da igual, y tienes la capacidad de acabar con él, ¡procede! Argumentos cero para los que acabaron con la razón. Tolerancia cero con los sofistas de todo a cien. La economía rige todo, lo que conocimos ya no es y el delirio está en todas partes camuflado de impulsos eléctricos. Ya no hay temas ni cuentos ni relatos. Ya no hay cuerpos naturales ni celestes. Esto mismo, estas palabras, estos impactos nerviosos ya no existen. No hay posibilidad de una isla. No somos ni seremos vegetales. "Da igual". Que me entiendas o no, que te vendas o no, que tengas identidad o no: "Da igual". Has perdido y te fuiste. No sabes dónde. Ya no estás, te has tronchado, eres carne de autovía, pedazos resecos de carne. Cuando tronchas el cadáver de un zorro, eres tú reventándote por dentro. Y da igual. Un coche vendrá de frente y no reconocerán el amasijo que ya eres. Tu despojo da igual, tu decisión no es tal, tú no eres tú. Tu ictus, tu infarto, tu invalidez, tu incapacidad: da igual, da igual y da igual. Tolerancia cero con lo que llena las cosas. No hay envases ni recipientes ni carne muerta. Cuando te aconsejen, coge la botella por el cuello y rómpela; a continuación, siega los ojos de los consejeros y orina sobre el espacio cóncavo de la ceguera. Esta pantalla da igual. Coge un cuchillo para el plasma, ten huevos, siégalo, prescinde de este rectángulo. Sigue mi consejo: da igual. ¡Sólo es carne! Todo da igual y es carne machada, triturada, segada. Da igual segar o estar en vilo esperando al perro que te clavará dientes de hierro. Da igual el descrédito: todo vale, todo multiplica los cadáveres. No puedes leer esto porque no estás. Te han matado. Ni estás ni estoy. El infarto tuvo lugar a las cinco de la tarde del último día. Da igual por qué conducía al lado de una funda de traje que ocultaba trozos de carne asesinada. Da igual que encontraran un saco de lenguas y otro con cabezas, da igual; tú no estás ya, ni yo estoy ya, ni ellos están. Pisar el acelerador o el embrague, da igual; no frenar da igual, aplastar al bebé que dejaron en el paso cebra da igual. Son bombas de carne, bombas de sangre, bombas de picada carne que un día emitió sonidos, por eso da igual la carne que pueda quedar viva en la barra dentada del rastrillo. Tolerancia cero, tolerancia nula, ninguna tolerancia con los que piden "lo importante". Si todo da igual, predicar lo importante hace lícita la ejecución ejemplar, la tortura, el martirio, el desguace de huesos y venas. ¡Todo al aire! ¡Todo carnal! ¡Sangre! ¿Qué más da lo que dé igual? Tú no puedes dar nada, ni has recibido nada: solo carne y sangre para machar. Da igual que el sueño llegue o no, hay cuerda. Que te acusen, que te señalen por la espalda, que murmuren... ¡Da lo mismo, si hay cuerda! Una cuerda, un cuello, un infarto. Una cuerda, una trombosis, un entierro. Una cuerda, una decapitación,  un ahorcado. Cuerda, soga y siega. Todo lo mismo, pero sin ti y sin mí. No estamos. Mira el laboratorio: han ensayado con nuestros cuerpos. Ni tú ni yo somos. ¡Carne! Mira en tu cartera: no hay identidad. Mira en casa de tus padres: no tuviste. Mira tus recuerdos: nada. ¿Te preocupa? No, te da igual; porque si te preocupara te mataría. Sé matar. Sé segar. Sé cómo torturar a quienes mencionan "lo importante" o lo imaginan. Da igual. Grábalo como un cáncer se graba: Da igual. Tú no estás, ni yo, ni nadie. Da igual. 

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