"J" de Junio.
Aquellos hundimientos, este desprecio. No es cosa de tomarse un tiempo ni unas vacaciones. Es cosa de asumir la muerte. Pero, ¿cómo asumirla activamente? ¿Sin descuidar el día a día? Lo que uno quería ya no va a ser. Lo que queda, incluso con la mejor actitud y con el talante más optimista no ilusiona demasiado (¡no ilusiona!).
Casi cincuenta años que van cayendo en el olvido. Amigos muertos, padres como muertos y nada más que pesadumbre. Todos máquinas. Más o menos estropeadas, más o menos funcionales; pero todos máquinas. Ni un amigo, ni un compañero. ¿Se creen que uno no sabe? ¡Falsos! ¡Canallas! ¡Hipócritas! ¡Mediocres! Su mayor éxito o su mayor orgullo no es más que un segmento que ignora su dimensión de polvo.
Esto es para "los otros", esos que conviven muertos, porque están muertos. No hacía falta ninguna premonición, ninguna precaución; salvo una: saber que siempre han ido, van e irán a por ti.
¿Mi filia por la nueva formación? Es comprensible, A., muy comprensible. Cada nueva formación es un cáncer para un organismo; y este organismo está enfermo y cada nueva formación acelerará su muerte.
Las cosas ya no van a ser iguales. Serán mejor o peor, pero no iguales. Ahora hay que limpiar. Sólo limpiar. No hay otro programa.

1 comentarios:
"Mientras vivo, la muerte no llega;
cuando la muerte llega, no vivo".
¿Están muertos, o
estamos muertos?
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