Primer acto: "Sin pinza". + 18 años.
[Escenario vacío. En la pared del fondo una proyección con una urna funeraria y una botella de cerveza extranjera. Dos hombres sobre las tablas. Uno gordo y bajo, otro alto y esbelto. No importa cómo estén vestidos, siempre que vayan vestidos de distinto modo. El Diablo se encuentra con El Hombre y comienza a hablar sin presentación alguna.]
El Diablo: Disculpe, señor. Dice alguien que se me ha ido la pinza. ¿Qué piensa usted?
Hombre: No le conozco lo suficiente para responder.
E. D.: Desconfío de los hombres. De todos los hombres. Incluso desconfío de usted.
H.: Hace bien. Yo también desconfío del hombre. De un modo absoluto.
E. D.: ¿No significa eso que se le va a uno la pinza?
H.: Si así fuese, a los dos se nos habría ido la supuesta pinza.
E. D.: ¿Qué puede uno hacer si desconfía?
H.: Si la ley lo permite, acabar con el sujeto del que se desconfía.
E. D.: ¿Y si la ley es injusta y ampara a aquellos de quienes se desconfía?
H.: En ese caso, ¡y solo en ese caso!, habría que convivir con la bacteria.
E. D.: ¡Qué indigesto!
H.: ¡Y doloroso! Pero la ley es la ley y proviene de Dios. Y Dios es el que es.
E. D.: ¡Dios! ¿Ese es el que nunca se equivoca?
H.: ¡Nunca! Así lo ha decidido el hombre.
E. D.: Yo no lo he decidido así.
H.: Entonces no es usted un hombre. Aunque se le haya ido la pinza, no es un hombre. No lo es. Tenga usted por cierto y seguro que no es un hombre. No lo es. No lo es.
E. D.: También es verdad. Un hombre no soy. Pero lo humano no me es ajeno. Por cierto, ¿le apetece tomar algo? ¿Una cerveza? ¿Un cráneo?
H.: No acepto invitaciones de desconocidos de los que desconfío.
E. D.: Me presento. Soy actor. Represento al diablo. Usted aún no tiene nombre y me apetece invitarle.
H.: Le aceptaría una cerveza, si mi alma no se viera envuelta en ningún riesgo.
E. D.: Señor, eso del "alma" carece de entidad. ¿Me está hablando metafóricamente?
H.: Le hablo como si fuera usted el mismísimo demonio y no una representación.
E. D. [Sonriendo a carcajadas]: No tema. Aunque el "alma" existiera, no la vincularía a esta refrescante cerveza que gratuitamente le ofrezo.
[Le ofrece una cerveza que se saca de la manga].
H. [Tomando la cerveza y acercándola a los labios]: ¡Exquisita! ¡Diabólicamente exquisita!
E. D.: Como solo un hombre merece.
H.: Le agradezco. [El hombre termina la cerveza y suspira aliviado]
E. D.: Volviendo al asunto. ¿Cree usted que se me ha ido la pinza?
H.: En lo poco que llevo tratado con usted no estaría en disposición de afirmarlo con absoluta certeza.
E. D.: ¿En qué nota usted que a alguien se le ha ido la pinza?
H.: Hay muchos síntomas. Sería largo enumerarlos.
E. D.: Dígame solo algunos a modo de ejemplo.
H.: Pues... [Vacila, duda y mira hacia el interior de su cabeza como si tratase de retomar recuerdos]. Cuando a alguien se le va la pinza muerde los tobillos de sus semejantes. Se desnuda cuando hace frío. Camina a solas por los parques y cree que camina por cementerios. ¡Ah, sí! Cuando a alguien se le va la pinza suele hablar de la redención de los sapos cuando llegue la cosecha. Esos serían unos ejemplos.
E. D.: ¿Puede usted darme más ejemplos, señor?
H.: ¿Me podría dar antes otra cerveza? Tengo sed.
E. D.: ¡Por favor! ¡Habérmelo dicho antes! ¡Tenga! [Se saca otra cerveza de la manga y la ofrece al hombre].
H.: [Da un trago largo a la cerveza]. Pues... veamos... alguien sin pinza muerde la almohada de su cama y se traga lo que ésta lleve dentro. También le quita la carcasa al ventilador e intenta amputarse la mano izquierda. ¡Ojo! No la derecha, sino la izquierda. Los que se amputan la mano derecha todavía poseen un ápice de cordura. Además, los "sin pinza" beben más de diez litros de agua en un día lunar.
E. D.: ¡Increíble! ¡Cuántas cosas conoce usted! ¡Es todo un erudito!
H.: ¡Oh, no! No es cosa de erudición. Últimamente se ven muchos casos de gente a la que se le va la pinza; de ahí que no sea difícil expresar ejemplos, caballero.
E. D.: ¡Por favor, no me llame caballero! Ahora sí ha llegado el momento de las presentaciones. Me llamo Satán. Disculpe que no me haya presentado como es debido.
H.: Yo me llamo Miguel. Se puede decir que con esto nos hemos presentado formalmente.
[Ambos se dirigen al público. El Diablo señala al Hombre y dice que es Don Miguel. El Hombre señala al Diablo y dice que es Satán. Vuelven a dialogar].
Telón.

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