26.8.15

Del "diario negro".

Implacable domingo de resurrección. ¡Yo mismo he resucitado de entre los hombres! ¡Resucitado de entre madrileños, cacereños, norteños, sureños y demás barreños de carne y hueso! He visto al doctor Destouches con el pelo por los suelos y padeciendo un aneurisma que colapsaría el mismísimo cerebro del Gran Dios. ¡Siento mi resurrección! Se podría decir que hasta la padezco. Veo todo lo que me rodea (persona o cosa) como una mera impresión, como un fenómeno sin nada que lo sustente.
He resucitado yo, y no por eso soy Dios, ya que todo lo humano me es ajeno. ¡Eso es resucitar! Los niños, las terrazas, el sol; los brazos y las piernas que sincronizan los impulsos de cerebros figurados se mueven "humanamente", carnalmente, sucia y mortalmente. La peor de las enfermedades, ya lo sabéis, la compasión, se ha pulverizado como una mariposa que se estrella impelida por la punta de una rama contra un cactus. 
Hemos logrado lo más grande: ¡Resucitar!
Ya no habrá más guerras en el mundo civilizado. El mundo civilizado las provocará y las justificará, al mismo tiempo que lamentará que sucedan. Pero no serán guerras. Serán otra cosa, pero no guerras.
El mundo civilizado no padecerá por la guerra. Contamos con el ilimitado poder de la ingeniería genética. ¿Sabéis que ya se han hecho todas las combinaciones y permutaciones químicas y biológicas posibles? Se ha mezclado todo, se han fusionado genes y proteínas de todas las especies hasta lograr el nuevo ser. Y yo, Próspero, he tenido la fortuna de verlo. ¡Por fin se superó la vieja e infructuosa lucha entre el bien y el mal, entre lo fuerte y lo débil! Vuestros hijos ya están adaptados, y sus hijos, ¡por fin!, habrán olvidado de qué descienden. Ni siquiera el arte les recordará el vergonzoso pasado de haber sido humanos. 
Tras esta resurrección todas las iglesias y centros llamados "de culto" serán almacenes logísticos. Nadie morirá de hambre y nadie vivirá más de treinta años en forma funcional. De hecho, la identidad, tal como la desconocemos, ya no se dará. Y yo he vivido esa resurrección.

La puerta de la carne
fue el mito maternal
que engendraba las criaturas.

Luz de domingo
Madrid duerme su siesta
La sangre es té.


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