Las almas cándidas. GS
¿Habéis oído hablar de las almas cándidas? Cuando escucho la palabra "cándida", salta en mi cabeza otra parecida: "candidiasis". "¡Mira!", me dicen, "¡un alma cándida!" En mi interior: "¡Candidiasis!" Las almas cándidas me llaman loco. Las almas repugnantes me llaman amigo. Los que no tienen alma creen en sí mismos, es decir, son idiotas. Pero, ahora voy a hablar de las almas cándidas (candidiasis). Las almas cándidas siempre tienen un consejo (y un conejo: candidiasis). Las almas cándidas siempre tienen una palabra bonita, hacen cosas bonitas, te enseñan fotos bonitas, cantan cosas bonitas. Todo es bonito en las almas cándidas (candidiasis). Las almas cándidas abundan. Donde no hay una biblioteca, ¡hay un alma cándida! Donde no hay un burdel, hay un alma cándida. En los mercados hay almas cándidas. Sólo hay un sitio en el que no encontrarás un alma cándida; sólo hay un sitio en el que, con certeza, no vas a encontrar ni un alma... Y ese sitio se llama "iglesia".
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Yo viví en una ciudad muy grande. Yo viví en una ciudad en la que había mucha gente. Vivía en una ciudad capital. Se dice que en las grandes capitales no hay calidad de vida. No hay vida de calidad. En una ciudad pequeña la gente es distinta. La gente se preocupa más por los demás en ciudades más pequeñas que la capital. Donde yo viví, los demás eran seres anónimos. Donde yo viví el anonimato era como libertad. Tuve la suerte de dejar de ser un anónimo. La gente comenzó a preocuparse de mí. Después se preocupó de mí. Después se ocupó de mí. Y al final me dieron la libertad: soy un anónimo.
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¡Volveré! Volveré con regalos. Volveré y hablaremos de donde he estado. Volveré y os haré creer que hay otros mundos. Volveré y me reconoceréis. Hay que volver. Si no volviera, significaría que hay piedra en el pasado. Volveré, volveré porque no hay piedras. Volveré, porque la ceniza me espera.
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