Los ojos permanecen equidistantes de unos y de otros. Si en cada latido hubiese una tendencia, nos infartaríamos en menos de un minuto. La manada late con un solo corazón, pero la manada poco tiempo permanece unida. Yo veo a la gente hacer cola para morir, resignada a ser inconsciente; por eso casi siempre le doy mi número a otra persona -me cuesta resistir-.
Ya todo me importa mucho menos y asumo eso que nadie puede asumir en primerísima persona; tal vez porque presiento que me concierne lo que al fin me toca. Seguramente suena rebuscado, pero lo quiero así.
Formamos un equipo, dicen; así que me quedaré en este sector ejerciendo mi función, sin preguntarme por ella. Llega un momento en que, perdida la sonrisa, lo mejor es callar y hacer hasta la extenuación. Entiendo que no se trabaje para vivir, sino que se viva para trabajar. Lo que hay al otro lado no gusta.
Ahí está mi lema: "Quise amar desde tantos planos, que me convertí en un punto". Fue una intuición puntual que me hizo detener la marcha. Cuando no haya trenes, quedarán estaciones; cuando no queden estaciones... (algo inventarán en su lugar, porque el lugar no puede quedar desierto). Lo que somos y lo que parecemos se convertirá en un punto. Es posible que el sueño nos ayude. Es posible que la consciencia tarde en abandonar la carne y los huesos. Lo cierto es que nadie nos quitará lo "bailao", ¿verdad? Si bien es también cierto que hasta el último momento estamos en el ruedo y todo es toro.
Buenas noches.

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