Maléficos aguijones los labios de un niño (LA)
Nada más levantarme he leído el horóscopo de varios diarios. No creo en la astrología; pero hoy necesitaba una explicación. Sé que no es imposible, ¡todo lo contrario!, que en un fin de semana sean cruel con uno hasta la saciedad. Le pasará seguro a miles de personas o a cientos de miles. Lo que sucede es que no podía asimilar tanta crueldad gratuita, absolutamente injustificada, por parte de los otros. Esa ha sido la razón de acudir a los horóscopos. Insisto: no creo en ellos. Pero me ha llamado la atención una cosa: todos (y he leído por lo menos diez) coinciden en mi signo. Fijaos: "No tenga tanto miedo al futuro, lo que tiene que hacer es prepararse mejor. Si muestra su faceta más solidaria en el trabajo, a cambio recibirá una ayuda que no esperaba. Sus relaciones de pareja y familiares atraviesan por un momento complicado, sea prudente. Procure dedicar parte de su tiempo libre a fortalecer su organismo, es la mejor manera de protegerse de los catarros". Otro: "En vuestro signo el corazón es ley; cualquier argumento que no lo tenga en cuenta os va a herir más de lo habitual en estos días. Adaptaos para sobrevivir." Uno más: "La autoridad y el egoísmo de los otros se va a ensañar con los nacidos entre el ... y el ... (yo pertenezco a ese tramo). No intentéis replicar, es el mejor momento para caminar hacia atrás para no morir ahogados." No creo que se trate del mismo autor, aunque pudiera ser posible. Pero la debilidad necesita aferrarse a algo.
Tengo muy claro que cuanto más se esfuerce alguien por cumplir y ser como debe de ser, peor le irán las cosas. Aunque, ¿qué os voy a contar? No pertenezco a una generación perdida, sino a una generación de perdidos, seres extraviados a los que se les ha proscrito y que caminan al matadero. Yo soy uno de esos y quienes saben cómo despedazar reses me han clavado ya el cuchillo. Y no duele; siempre lo he dicho, la crueldad de los otros no duele, duele la rabia que devora a uno al comprobar cómo devolver mal por bien es la ley que rige en los otros. Me es lícita la inmodestia, pero ahora soy similar a aquel Aquiles, cuya cólera ha atravesado los siglos. Sólo me falta la fuerza.

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