26.8.15

Mientras laboralmente desayunaba, bendita ilusión...

Cliente: ¡Un Pampero, esclavo!
[El camarero llega. Saca una navaja y marca la jeta del cliente].
Camarero: "¡Por favor!" Siempre se han de pedir las cosas "¡por favor!". Esa cicatriz en la cara te lo recordará. 
Cliente [anonadado]: ¡Le denunciaré! ¡Le mataré!
[Corre hacia la salida, pero antes de salir dos niños con navajas en la mano se las clavan, una en cada muslo. El cliente cae al suelo].
Cliente: ¡Auxilio! ¡Misericordia cristiana! Aquí dejo mi ilustrada vida. A mí se llega la muerte. [Llora].
[El camarero sale de la barra y se acerca al cliente].
Camarero: Has tenido suerte de que soy sacerdote. Dime tus pecados antes de que te alivie.
Cliente [gritando]: ¡Misericordia cristiana!
[El camarero vuelve a sacar la navaja y la dirige a la garganta del cliente].
Camarero: ¡Esto es misericordia! ¡Ladra tus pecados, guajiro de mierda! ¡Puto!
Cliente: ¡Misericordia cristia...!
[No le da tiempo a terminar. La hoja de la navaja se hunde en la garganta y prosigue su camino hasta separar la cabeza del cuerpo].
Camarero: ¡Puto! ¡Maleducado!
[Mirando a los niños, que son hermanos; uno se llama Ángel y el otro Gabriel].
Camarero: ¿Qué miráis, sabandijas? ¡Coged la cabeza y tiradla al pozo de agua fresquita!
Ángel: De ese agua bebemos, padre.
Camarero: ¡Me da igual!
Ángel: No echaremos al pozo la cabeza. Si nos obliga, padre, serán dos las cabezas que enterremos en el campo.
[El padre se lanza navaja en mano hacia Ángel, pero Gabriel le clava su estilete entre las ingles y tira hacia abajo, hasta desembocar en la rodilla derecha de su padre. Ángel hace lo mismo desde la ingle hasta la rodilla izquierda. Ya en el suelo, rebanan la cabeza de su padre].
Ángel [a Gabriel]: Vamos. A ver si dejamos esto limpio antes de cerrar.
Gabriel: Sí, hermano.

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