Rub: Sé quién eres. ¡Ya vale!
Seit: ¡Pues claro! Lo dice mi nombre. Soy Seit. Dime, ¿quieres unas bolitas de helado?
R: ¡Vete a tocar las pelotas a otra! No tengo ganas de oírte.
S: ¡Eso, eso! Como pelotas... como cojones... así son las bolitas de helado. ¿Quiere usted un heladito
R: ¿No te cansas?
S: Seguramente necesita enfriar su ira y su desamparo. Jejejeje... je... je... je... Como si oliera a roto, ¿verdad? ¿Se han roto muchas cosas?... Jejeje... Como si hubiera gusanos en el alma... asépticos, aburridos, indiferentes... Je... Je... ¿Quieres un heladito? ¿No lo quieres?... ¡Estaría exquisito! Tengo bolitas de helado con sabor a trabuco y a espinas, muy frías, casi heladas... ¿Me compra usted un heladito?
R: Me cansas.
S: Siempre ese verbo... "cansar"... Adicta al cansancio... Jijiji... Demasiado cansancio en el verbo, ¡sí!
R: Me cansa escuchar lo mismo una y otra vez.
S: Pero también cansa caer siempre en la queja del cansancio. ¡Sí! ¿No lo ves? ¡Cansa cansarse del cansancio! Jijijijiji. Parece un trabalenguas... Pero no te cansa la palabra... Lo que te cansa es que haya demasiado silencio en las palabras que estás acostumbrada a oír.
Seit: ¡Pues claro! Lo dice mi nombre. Soy Seit. Dime, ¿quieres unas bolitas de helado?
R: ¡Vete a tocar las pelotas a otra! No tengo ganas de oírte.
S: ¡Eso, eso! Como pelotas... como cojones... así son las bolitas de helado. ¿Quiere usted un heladito
R: ¿No te cansas?
S: Seguramente necesita enfriar su ira y su desamparo. Jejejeje... je... je... je... Como si oliera a roto, ¿verdad? ¿Se han roto muchas cosas?... Jejeje... Como si hubiera gusanos en el alma... asépticos, aburridos, indiferentes... Je... Je... ¿Quieres un heladito? ¿No lo quieres?... ¡Estaría exquisito! Tengo bolitas de helado con sabor a trabuco y a espinas, muy frías, casi heladas... ¿Me compra usted un heladito?
R: Me cansas.
S: Siempre ese verbo... "cansar"... Adicta al cansancio... Jijiji... Demasiado cansancio en el verbo, ¡sí!
R: Me cansa escuchar lo mismo una y otra vez.
S: Pero también cansa caer siempre en la queja del cansancio. ¡Sí! ¿No lo ves? ¡Cansa cansarse del cansancio! Jijijijiji. Parece un trabalenguas... Pero no te cansa la palabra... Lo que te cansa es que haya demasiado silencio en las palabras que estás acostumbrada a oír.
R: ¡Mira, psicólogo de pacotilla! Aquí te quedas con tus monólogos.

0 comentarios:
Publicar un comentario
Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]
<< Inicio