27.8.15

¿Sabes? Siempre he dado la impresión de monotemático... Como si fuese el mono agarrado a la estaca de su rabo. Pero no es así, deberías haber intuido que no es así -quizás lo has intuido-. Yo me diversifico, me disgrego, me disemino... ¡A veces hasta me parto! Y te aseguro que hay poca risa en ese acto. Pero sucede que lo hago a solas, conmigo mismo; creo que congrego multitudes de personalidades cada noche y elevo coloquios impresionantes bajo la carpa del oscuro cielo de mi habitación a oscuras. Algún aspirante a juez y amigo de diagnosticar el cuerpo y el alma diría que "padezco" o "soy víctima" de una multifrenia atroz. Pero ni quienes juzgan ni quienes pronostican son mis amigos. Conduzco solo y cabalgo sobre mi almohada... y hago esto tanto, tan frecuentemente, que acabo exhausto y muestro los síntomas de un puro pensamiento que se fracturara en tantas lascas como líneas pudiera escribir -si fuese capaz de vomitar en líneas esta gran nebulosa en la que creo desaparecer muchas veces-. Te digo esto porque sólo conoces una cara de mi luna o el haz de mi envés. Si imaginaras cuántos matices, cuántas perspectivas, cuántos halos de materia intangible en apariencia puedo bosquejar... Quizás Lord Philipp Chandos en su carta a Sir Francis Bacon expresó esto que yo antes gozaba hasta el éxtasis y que ahora es mi absoluta y permanente ruina. Por eso necesito por supervivencia mutilar al homo sapiens, darle un respiro y convertirle en mono al que doto de un miserable palo para que pueda olvidar la nocturnidad de sus delirios. ¡Un palo! ¡Un palo! El mejor juguete para el que nunca supo ser niño. Los escombros de todas las lecturas se resquebrajan entonces y se licúan en una sustancia extraña que brota cuando alguien desea admirarla.

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