Señora X.:
Ha sido usted responsable del dolor de mucha gente. Al igual que la ignorancia de la ley no exime de su cumplimiento; la ignorancia del dolor que usted ha causado no la exime de responsabilidad. Quizás nunca le han replicado o usted no ha admitido las réplicas, erróneamente convencida de que actuaba dentro de la más estricta legalidad y moralidad. Yo no replico, yo le describo hechos que, quizás, al verlos por escrito, le hagan recapacitar, aunque lo dudo. Las personas mayores ya han solidificado su conducta y han hecho solidificar la conducta de los que han estado bajo su nociva protección.
Ha sido usted responsable de la apagada y desafortunada vida de los que la rodean. Por mucho que alaben su conducta, he comprobado que lo que quedaba en los demás de usted era la imagen de una persona de carácter duro, inflexible, huraño. En los demás la imagen que ha quedado de usted es la de una mujer firme, carente de emociones y de llanto fácil, un llanto que era "fisiológico", pero que jamás hizo que usted se cuestionase su responsabilidad en los hechos que directa o indirectamente provocó.
Usted ha chantajeado con la lágrima, con el grito, con la perpetua crítica y con la constante intromisión en la vida de los otros de modo sibilino. No es justificación aquí la costumbre existente en determinados lugares de conocer la vida de todos y comentarla a cada instante. Aunque el lugar donde ha vivido haya sido una tumba, eso no justifica que se obligue a los demás a vivir en una fosa. Y usted ha obligado con las armas de que disponía a una muerte en vida de quienes le prestaban atención.
Cuesta imaginar toda una vida, día a día, al lado de alguien que sólo ofrecía gritos,llantos, reprobaciones y quejas. Cuesta imaginar toda una vida al lado de alguien que echaba en cara a cada instante que todo lo que hacía y decía era por el bien de los otros. Pero no cuesta nada saber con certeza que su actitud provocó la muerte de las esperanzas ajenas, la muerte de futuras vidas y la muerte de vidas presentes. El dolor llama al dolor, la ira llama a la ira y la intransigencia llama a la intransigencia. Sus frutos llevan en el corazón eso: dolor, ira e intransigencia. No hay otro mundo a su alrededor.
Para usted sólo existía el cumplimiento del deber y la permanente desconfianza. Lo que de ahí sale lo demuestran los frutos que han renunciado a su vida por usted. Si la hubiesen hecho consciente de la tiranía que ejercía y de la mutilación de las vidas ajenas que provocaba, quizás hubiese modificado un poco -muy poco- el despótico ejercicio de su matriarcado.
No dudo de su autoconfianza, de creerse cumplidora de cada precepto hasta el mínimo detalle, de estar convencida de que nunca jamás ha faltado al correcto cumplimiento con todo el mundo. Pero lo que uno cree, lo que uno siente y aquello de lo que uno está convencido muchas veces no es lo real. Despierta así uno entre escombros y retales de vida, y se lamenta amargamente de que "el destino" o "la suerte" haya sido tan esquiva y cruel con una persona. Sin embargo, ese destino y esa suerte los ha propiciado usted, los ha fabricado a cada minuto y a cada segundo de su vida, porque se lo han permitido, porque la han amado hasta el extremo de permitirle mutilar el horizonte de otras vidas. Y eso no es amor, es devoción, temor... tiene muchos nombres, pero todos opuestos al amor. Y un niño saber ver eso y se esconde ante el grito que para el corazón de los vivos.
Su fuerza ha sido la de la tradición y la costumbre. Pero en nuestro tiempo hay tradiciones y costumbres que, no por el hecho de serlo, favorecen una vida digna. Al contrario, hay tradiciones y costumbres que mantienen la muerte en vida de los otros. Seguramente este haya sido su caso.
La norma sobre el afecto, la ley sobre la emoción, la justicia y la pena sobre la comprensión: esas han sido sus guías. Y la razón de la norma, de la ley y de la justicia engendra monstruos como los que usted ha engendrado.
Ese hipotético "juzgado de la opinión y de la probable verdad" no la declararía culpable de un delito que esté tipificado en el código penal. No es delito arruinar la vida de los demás hasta acabar físicamente con ellas de tanto minarlas con una actitud como la suya. De hecho, muchos verían en su actitud el paradigma de la familia, de la felicidad y de la convivencia. No es así. La vida es permitir la vida, la vida es permitir la libertad, la vida es no acaparar con el imperceptible chantaje la vida de los otros. Una familia debe crecer, la felicidad debe extenderse y la convivencia -la misma palabra lo dice- requiere de otros más allá del estrecho círculo de una fosa.
El"juzgado de la opinión y de la probable verdad" resuelve dejarla en paz, en su "paz"; porque en su dolor y en su pena hay paz, la paz que necesita el torturador que no sabe que lo es, el responsable que ignora que lo es y el chantajista que desconoce su labor. Pero la ignorancia de la ley, no exime de su cumplimiento. La condenamos a reír, aunque dudamos que sea posible de ello. Usted sólo ha reído falsamente y ha llorado para apoderarse de lo que debió pertenecer a otros. En algún lugar de esta Selva está la maldición que Ovidio dedicó en el Ibis a quien le delató. No hay maldición más perfecta. Aunque sea dar margaritas a los cerdos, aplíquesela.
Ha sido usted mala y nunca, parece ser, pagará por ello.