La Selva de Próspero

Sapere aude!

20.8.16

No romper el silencio.

No rompas el silencio. Quien te mató te llamaba El Gran Predicador; pero no me conocía. No rompas el silencio. Si te hacen algo, las señales les delatarán. Tú, ¡en silencio! Un silencio que no sea hostil ni benéfico. Te estás entrenando en tu muerte y este entrenamiento requiere silencio hasta la muerte, aunque esa muerte es la que otros han deseado y conseguido. Hay justicia. Hace falta determinado entendimiento para comprenderla. A veces un entendimiento extraño. En mí hay justicia, pero no hay entendimiento que pueda rozarme. 

Este año no.

Este año no pudo ser. Fueron otros, yo no. Fueron otros, borrachos, niños de playa, surtidores de desprecio. Yo no fui. Fueron otros, compadecidos de sus hijos, compadecidos de su mala madre, compadecidos de familiares déspotas, crueles y canallas. Yo no fui. Este año no pudo ser. Fue el "para el otro en todo, y para ti en ningún asunto". Y ahora ya no podrá ser nunca. Sólo tengo fuerzas para una cosa, y no para morir. Mientras se vive, puedes ser la causa de que otro pague por lo que ha hecho y por lo que ha dejado de hacer. 

Si hoy fuera el día.

No hay más allá. Los que hacen daño día a día y muchas veces, quedarán impunes. Los que te han perseguido en modo de acoso y derribo autorizado, quedarán libres de toda acusación; y sólo tú serás el maltratado. Han actuado con la estrategia y con la indiferencia. Con la estrategia en los buenos tiempos y con la indiferencia en los malos. En este asunto eso del perdón no es más que una vaciedad. Ahora jugarán los abogados en una mesa de cartas y serás un moribundo autorizado a quejarte entre mendigos y borrachos. Estás solo, ¡peor que solo! Estás contigo y con los recuerdos de que no has sido más que un consentido. No has aceptado con laconismo esto, y esa es la razón de que hoy podría ser el día. Aceptaste la soledad, y la soledad quizás tuvo ventajas, pero ahora te van a echar de este lugar llamado mundo. Han acabado contigo. Eres uno más, así que para ti el problema es enorme; pero lo es solo para ti. Por eso hoy podría ser el día. Los hechos concretos y las personas concretas, ¿para qué nombrarlos? ¿Para qué recordar sus actos? ¿Para qué considerar si están vivos o muertos? Durante una década te han matado. Y si tomas la justicia por tu mano, lo que te quede de vida será peor, ¡mucho peor! Pero, como eso no se puede imaginar, consideras que lo peor es esto. Los otros no se medicaban, se sentían sanos y señalados por el dedo Dios para sus tragedias. Tú te medicabas, buscabas una solución, te movías dando tumbos: y por eso eres para esos un egoísta, cuando todos los cercanos saben que jamás debiste trasladarte a un nido del que te echarían moribundo. No hay más allá; y el desprecio no es algo susceptible de entrenamiento. Sólo el dolor te hace insensible, pero hace falta la dosis adecuada. Van a por ti del modo más eficiente: no van a desperdiciar recursos. El perro muere cuando se le deja aislado. Además, si se le deja con la comida suficiente para que reviente, menos tiempo de espera para tomar posesión del lugar. Hoy puede ser el día; a ellos les llegará: eso no debe alegrarte ni entristecerte. Ya que todo ha decidido por ti siempre, en lugar de ser tú el que decidía; deja que todo vaya decidiendo, en silencio, realizando las mínimas acciones. Han sido esos -podían haber sido otros-; ¿qué más da? No hay más allá.

9.8.16

Molestias.

Me molesta que un honrado y ordenado padre de familia se vea poco a poco rechazado, humillado, tratado servilmente; y que después de este incesante arremeter se le llore una vez desaparecido, como si no hubiese habido responsabilidad alguna. Porque ha habido gritos, chillidos, alaridos de histérica, reproches que hacen temblar a una niña; y todo eso lo ha habido a diario muchas veces. "Como ésta, ocho al día". Pero sólo una mata, señor, y nunca se sabe cuándo. A mí me lo están haciendo. Como esas, muchas al día, y sé que acabaré como usted. ¿Qué remedio tengo? Gente como Henry Lee Lucas no prolifera. Y solo un santo así podría callar esa garganta enana y deforme, pero de infernal tesitura y de intencionalidad más infernal aún. Estoy dos días en Madrid, zona de Malasaña. En la Plaza de Malasaña podrías ver una pluma-daga vomitando su última tinta-sangre antes del fin. Brindaré a tu salud esta noche en esa plaza, amigo. Me han lanceado, se han burlado con el desprecio -no con la burla-, y no quiero que haya retorno a esa apestosa ciudad de muertos.

Pasada la medianoche...

... el borracho viste bien. Un séquito de víctimas le adoran, porque tiene el poder de segar la vida o de no impedir la muerte. Viste bien cuando no está de borracho. Cuando lo es. Pero en estado de ebriedad es la sonrisa del ibis. A veces le queda un poco de café en los morritos, porque hay retretes que no se limpian. Mi vida ha sido cercenada por este hombre-pavo sin Navidad que le altere. ¡Curioso! Quien por poco le mató hace años, ahora mata (literalmente) por él. A veces la ley del amor es incestuosa. Nada que un psiquiatra no pueda explicar. Por lo que a mí respecta, me han ido matando locamente. He sido la jeta para contrabandistas de alcohol, tabaco, medicinas... ¡Así le queda a uno la jeró! No descubro nada si digo que quien ahora mata, ha estado dominada siempre por una gerontofilia que la validaba para cultivadora y criadora de momias. No hay arruga por la que no se despepitara o se despepite. En esta historia falta la figura de la madre. Pero ha sido tratada hasta la suciedad en esta Selva. No merece más descripciones. Tome usted esto como un Sudoku de relativa dificultad. La complejidad no es tal. Se trata de sustituir la definición, por el término que la condensa. Las cosas sencillas son un insulto. ¡Demasiado explícitas! ¡Obscenas! Es mejor así, a lo impresionista, con colorines, aludiendo y eludiendo, respetando, guardando identidades que no existieron.

8.8.16

No hay que dar pena

No hay que dar pena ni tregua a quienes acaban poco a poco con la vida de alguien. Tendrán dinero, títulos alcanzados con ayuda de drogas y ebriedad, fondos logrados con la enfermedad del que necesita el vicio, aunque éste acabe con su vida. Pero tengan lo que tengan, su maldad les ennegrece la vida, les lima el alma y les aborta la felicidad.
Aunque muriera ahora, mientras escribo, ya; aunque los vértigos y las náuseas del infarto ahora mismo cruzaran como un calambre todo mi sistema, la rabia y la indignación revientan mis venas. Siento esos peces cebra del Candy Crush, englobados de desprecio y de indiferencia, estallando en la dulzura de mi elemento. ¡Qué hijos de puta! 
Y esos que empolvan el mundo con su existencia dejan hijos, dejan descendencia, se aparean y su descendia muta en caracteres más resistentes, más insensibles, más ególatras, más "yosoyel/lamejoryporbonito/bonitamelormerezco"; también más débiles, porque cuando reciban el primer sopapo de la vida caerán y se quedarán perpetuando los oficios del vicio. 
No deis pena ni tregua a los que maltratan con rostro de piedra y por ello son cuidados, mimados, consentidos; a los que les limpian el culo y la miseria como si fuesen algo por haber puesto una monodosis de esperma maldito y pérfido. Dadles un comedido desprecio, sentaos a bordar sudarios y mortajas por si el destino les hace caer frente a vuestra choza. Ellos no llegarán a su palacio para ese último trago que les mantiene en pie y firmemente borrachos como cubas. Si la playa fuera cerveza o vino, se la beberían y al día siguiente sacarían al niño o la niña a pasear sorteando los obstáculos de la resaca. 
No deis pena ni tregua, no mostréis boquilla ni rociéis sólo con palabras. Mirad. Contemplad. Sed estetas de las posibles caídas de quienes conspiran y se pasan la miseria por la entrepierna. Parad, coged la entrada, son un museo de cadáveres y conviene verles. 
Hasta el silencio, no deis pena ni tregua. Sin duda, todos vamos a pudrir la calavera en cualquier parte; pero hasta que reviente el aneurisma, ¡sin perdón!, ¡sin sensibilidad!, ¡macabra y cínicamente! Ellos son la hipocresía, nosostros el cinismo; ellos la moralina privada, nosotros el exhibicionismo que les abofetee la cara. Maltratadores, fantoches de víctima, "eses" sin dirección ni sentido, compadecidos por algún vástago que les ayuda con sonrisas prestadas por la maltratada; ¿qué merecen? Lo primero: una botella, y otra, y otra; y después romper los cristales de las botellas vacías y dejarles andar sobre ellos con ese rostro de alucinados e impasibles. Ni se desangran, sólo exudan el alcohol que les empapa la mala sangre. 
Que la pena y la tregua sean un castigo para nosotros si consentimos.
Buenas noches.

6.8.16

A la madre de alguien que pudo ser.


Señora X.:

Ha sido usted responsable del dolor de mucha gente. Al igual que la ignorancia de la ley no exime de su cumplimiento; la ignorancia del dolor que usted ha causado no la exime de responsabilidad. Quizás nunca le han replicado o usted no ha admitido las réplicas, erróneamente convencida de que actuaba dentro de la más estricta legalidad y moralidad. Yo no replico, yo le describo hechos que, quizás, al verlos por escrito, le hagan recapacitar, aunque lo dudo. Las personas mayores ya han solidificado su conducta y han hecho solidificar la conducta de los que han estado bajo su nociva protección. 

Ha sido usted responsable de la apagada y desafortunada vida de los que la rodean. Por mucho que alaben su conducta, he comprobado que lo que quedaba en los demás de usted era la imagen de una persona de carácter duro, inflexible, huraño. En los demás la imagen que ha quedado de usted es la de una mujer firme, carente de emociones y de llanto fácil, un llanto que era "fisiológico", pero que jamás hizo que usted se cuestionase su responsabilidad en los hechos que directa o indirectamente provocó. 

Usted ha chantajeado con la lágrima, con el grito, con la perpetua crítica y con la constante intromisión en la vida de los otros de modo sibilino. No es justificación aquí la costumbre existente en determinados lugares de conocer la vida de todos y comentarla a cada instante. Aunque el lugar donde ha vivido haya sido una tumba, eso no justifica que se obligue a los demás a vivir en una fosa. Y usted ha obligado con las armas de que disponía a una muerte en vida de quienes le prestaban atención.

Cuesta imaginar toda una vida, día a día, al lado de alguien que sólo ofrecía gritos,llantos, reprobaciones y quejas. Cuesta imaginar toda una vida al lado de alguien que echaba en cara a cada instante que todo lo que hacía y decía era por el bien de los otros. Pero no cuesta nada saber con certeza que su actitud provocó la muerte de las esperanzas ajenas, la muerte de futuras vidas y la muerte de vidas presentes. El dolor llama al dolor, la ira llama a la ira y la intransigencia llama a la intransigencia. Sus frutos llevan en el corazón eso: dolor, ira e intransigencia. No hay otro mundo a su alrededor. 

Para usted sólo existía el cumplimiento del deber y la permanente desconfianza. Lo que de ahí sale lo demuestran los frutos que han renunciado a su vida por usted. Si la hubiesen hecho consciente de la tiranía que ejercía y de la mutilación de las vidas ajenas que provocaba, quizás hubiese modificado un poco -muy poco- el despótico ejercicio de su matriarcado.

No dudo de su autoconfianza, de creerse cumplidora de cada precepto hasta el mínimo detalle, de estar convencida de que nunca jamás ha faltado al correcto cumplimiento con todo el mundo. Pero lo que uno cree, lo que uno siente y aquello de lo que uno está convencido muchas veces no es lo real. Despierta así uno entre escombros y retales de vida, y se lamenta amargamente de que "el destino" o "la suerte" haya sido tan esquiva y cruel con una persona. Sin embargo, ese destino y esa suerte los ha propiciado usted, los ha fabricado a cada minuto y a cada segundo de su vida, porque se lo han permitido, porque la han amado hasta el extremo de permitirle mutilar el horizonte de otras vidas. Y eso no es amor, es devoción, temor... tiene muchos nombres, pero todos opuestos al amor. Y un niño saber ver eso y se esconde ante el grito que para el corazón de los vivos. 

Su fuerza ha sido la de la tradición y la costumbre. Pero en nuestro tiempo hay tradiciones y costumbres que, no por el hecho de serlo, favorecen una vida digna. Al contrario, hay tradiciones y costumbres que mantienen la muerte en vida de los otros. Seguramente este haya sido su caso.

La norma sobre el afecto, la ley sobre la emoción, la justicia y la pena sobre la comprensión: esas han sido sus guías. Y la razón de la norma, de la ley y de la justicia engendra monstruos como los que usted ha engendrado.

Ese hipotético "juzgado de la opinión y de la probable verdad" no la declararía culpable de un delito que esté tipificado en el código penal. No es delito arruinar la vida de los demás hasta acabar físicamente con ellas de tanto minarlas con una actitud como la suya. De hecho, muchos verían en su actitud el paradigma de la familia, de la felicidad y de la convivencia. No es así. La vida es permitir la vida, la vida es permitir la libertad, la vida es no acaparar con el imperceptible chantaje la vida de los otros. Una familia debe crecer, la felicidad debe extenderse y la convivencia -la misma palabra lo dice- requiere de otros más allá del estrecho círculo de una fosa. 

El"juzgado de la opinión y de la probable verdad" resuelve dejarla en paz, en su "paz"; porque en su dolor y en su pena hay paz, la paz que necesita el torturador que no sabe que lo es, el responsable que ignora que lo es y el chantajista que desconoce su labor. Pero la ignorancia de la ley, no exime de su cumplimiento. La condenamos a reír, aunque dudamos que sea posible de ello. Usted sólo ha reído falsamente y ha llorado para apoderarse de lo que debió pertenecer a otros. En algún lugar de esta Selva está la maldición que Ovidio dedicó en el Ibis a quien le delató. No hay maldición más perfecta. Aunque sea dar margaritas a los cerdos, aplíquesela. 

Ha sido usted mala y nunca, parece ser, pagará por ello.



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