Molestias.
Me molesta que un honrado y ordenado padre de familia se vea poco a poco rechazado, humillado, tratado servilmente; y que después de este incesante arremeter se le llore una vez desaparecido, como si no hubiese habido responsabilidad alguna. Porque ha habido gritos, chillidos, alaridos de histérica, reproches que hacen temblar a una niña; y todo eso lo ha habido a diario muchas veces. "Como ésta, ocho al día". Pero sólo una mata, señor, y nunca se sabe cuándo. A mí me lo están haciendo. Como esas, muchas al día, y sé que acabaré como usted. ¿Qué remedio tengo? Gente como Henry Lee Lucas no prolifera. Y solo un santo así podría callar esa garganta enana y deforme, pero de infernal tesitura y de intencionalidad más infernal aún. Estoy dos días en Madrid, zona de Malasaña. En la Plaza de Malasaña podrías ver una pluma-daga vomitando su última tinta-sangre antes del fin. Brindaré a tu salud esta noche en esa plaza, amigo. Me han lanceado, se han burlado con el desprecio -no con la burla-, y no quiero que haya retorno a esa apestosa ciudad de muertos.

0 comentarios:
Publicar un comentario
Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]
<< Inicio