20.8.16

Si hoy fuera el día.

No hay más allá. Los que hacen daño día a día y muchas veces, quedarán impunes. Los que te han perseguido en modo de acoso y derribo autorizado, quedarán libres de toda acusación; y sólo tú serás el maltratado. Han actuado con la estrategia y con la indiferencia. Con la estrategia en los buenos tiempos y con la indiferencia en los malos. En este asunto eso del perdón no es más que una vaciedad. Ahora jugarán los abogados en una mesa de cartas y serás un moribundo autorizado a quejarte entre mendigos y borrachos. Estás solo, ¡peor que solo! Estás contigo y con los recuerdos de que no has sido más que un consentido. No has aceptado con laconismo esto, y esa es la razón de que hoy podría ser el día. Aceptaste la soledad, y la soledad quizás tuvo ventajas, pero ahora te van a echar de este lugar llamado mundo. Han acabado contigo. Eres uno más, así que para ti el problema es enorme; pero lo es solo para ti. Por eso hoy podría ser el día. Los hechos concretos y las personas concretas, ¿para qué nombrarlos? ¿Para qué recordar sus actos? ¿Para qué considerar si están vivos o muertos? Durante una década te han matado. Y si tomas la justicia por tu mano, lo que te quede de vida será peor, ¡mucho peor! Pero, como eso no se puede imaginar, consideras que lo peor es esto. Los otros no se medicaban, se sentían sanos y señalados por el dedo Dios para sus tragedias. Tú te medicabas, buscabas una solución, te movías dando tumbos: y por eso eres para esos un egoísta, cuando todos los cercanos saben que jamás debiste trasladarte a un nido del que te echarían moribundo. No hay más allá; y el desprecio no es algo susceptible de entrenamiento. Sólo el dolor te hace insensible, pero hace falta la dosis adecuada. Van a por ti del modo más eficiente: no van a desperdiciar recursos. El perro muere cuando se le deja aislado. Además, si se le deja con la comida suficiente para que reviente, menos tiempo de espera para tomar posesión del lugar. Hoy puede ser el día; a ellos les llegará: eso no debe alegrarte ni entristecerte. Ya que todo ha decidido por ti siempre, en lugar de ser tú el que decidía; deja que todo vaya decidiendo, en silencio, realizando las mínimas acciones. Han sido esos -podían haber sido otros-; ¿qué más da? No hay más allá.

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