El hombre nuevo
Déjame ver tu mano abierta, déjame ver la superficie cruzada de arrugas y líneas. Ábrela bien, como si yo tuviera intención de leer en ella.
Ahora te veo y no reaccionas. No lo esperabas. Por eso en este primer segundo ni siquiera sientes dolor. He taladrado tan rápidamente tu mano, que no le ha dado tiempo a tu cerebro a reaccionar. Aún estás asimilando; pero en este instante has tenido una experiencia sobre la que deberías reflexionar cuando te recuperes. Toma. Te dejo el móvil para que llames a quien tengas que llamar y te ayuden a desclavarte de la pared. Será una herida limpia. Piensa que a otro le taladraron las dos.

0 comentarios:
Publicar un comentario
Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]
<< Inicio