Noche.
Los golpes en el pecho los da una mano. Los balazos en el pecho los da una bala. De los pectorales hacia fuera poco sale. De los pectorales hacia dentro poco entra. Parecen frases sin sentido, pero no lo son. Alguna vez lo que no tiene sentido, lo tiene. Todas las veces, diría yo. Ya veis: dice esto alguien que no creyó nunca en el sentido y que analizó la ausencia de sentido, de ese sentido que muchos utilizan para que veamos la televisión y vayamos a nuevas iglesias sin Cristo. Que la vida tiene sentido lo demuestra el ir de copas. Aquí el sentido es: como no hay sentido, carpe diem, goza el día, atrapa el momento, abre el culo y deja que entre la felicidad; con una copita y con deseo, ¡ni lubricar necesitas! Entra sola y puede llegar hasta la boca. No hablo de órganos reproductores reales, sino de la imaginación sobre ellos. Ya la gente no folla, no perfora; tampoco evacúa: es la mente y, de la mente, la loca de la casa (la imaginación) la que se encarga de hacer realidades. Estamos en un mundo de pensamiento débil, de huevos que cuelgan demasiado, de ketchup y hamburguesas. El sexo es para los animales: y, los pobrecitos, están tan hartos que prefieren extinguirse. Antes el hecho de que se extinguiera una especie hacía temblar a todo el mundo; ahora, que se extinga una especie, es motivo de orgasmo capaz de romperte los abdominales. Ya no sé cuál ha sido la última especie que ha desaparecido en el Facebook; creo que el puma. O sea, un gato grande dejó de follar y se acabó la especie. O le jodieron tanto cazándole y jugándose su piel y su cabeza como trofeo, que dijo el puma: "¡Anda y que os den, humanos!" ¡Como si a los humanos les importara eso! Al humano le hablas de exterminio (exterminio de lo que sea) y se pone a la faena como si por ello cobrara una productividad del millón por ciento de su sueldo. Ya veis: esto es lo que ha dado de sí un trocito de noche.
