Domingo. Febrero. ¡Dos mil dieciocho ya! Perdonad que abra la tapa del ataúd. (No sé si sabíais que estoy enterrado en el parque del psiquiátrico de Lubrivag). Con el viento, el ataúd ha salido a flote y ha reventado la tapa. Ya no hacen los ataúdes como antes: hasta la madera nace podrida ya desde los aserraderos. ¿Sabéis? Estar muerto no es lo que han escrito muchos. De quien menos debéis fiaros es de los literatos. La muerte que pintan es una vida mucho más prolífica y feraz que la vida misma que nos aqueja. ¡Os lo dice un muerto bien muerto! Pero, ¡en fin! Veo que las cosas no han cambiado mucho. Las nuevas tecnologías de cuando palmé están obsoletas y ahora hay otras que ya están en periodo de obsolescencia. Me ha dicho un interno que ya hay clones a los que se les puede trasplantar la identidad, que reside en el córtex cerebral. Se ha hecho, funciona, se puede perpetuar la identidad de alguien hasta que el sol se apague. Pero, si se apaga el sol, habrá otras colonias en otros planetas. Me lo ha dicho un interno llamado Cárpel. A Cárpel le conocí en primero de corrida, en la universidad.... ¡Ay, ay, ay! Como en vida, ¡vuelvo a perderme! Me lío, me despliego, me abro, tiendo a irme del centro y me hago centrífugo. Perdonad a un muerto, por favor, perdonad a un muerto. Sólo miré un poquito cómo estaba el día. Antes, hace unas horas, vi a una mujer. Le cedí los derechos de todo esto; es decir, le cedí los derechos de una pocilga a la que bauticé como selva. Pero sé que hará buen uso de esos derechos. Para un buen gestor, hasta en la mierda hay beneficios. ¡Y en este lodazal que arranca del 2005 hay mierda para aburrir! La mierda es rentable. ¿Recordáis las guerras del guano que se produjeron hace dos siglos, creo? ¡Países en guerra por el guano! ¡Miradlo en Google! Así podréis decir a vuestros perros (no creo que sigáis teniendo hijos o nietos) que los humanos se mataron por la productividad de una mierda llamada "guano". Aún se sigue diciendo: "Vete al guano, hijo de una mala puta". Pues eso, que he sacado la calavera por la tapa, ya sin ojos, sólo con cuencas y he mirado. La cuencas se quedan con cierta reminiscencia de visión: conviven tanto tiempo con los ojos, que algo les queda de esa capacidad de ver. He visto que en el parque del psiquiátrico la gente esnifa electricidad por los smartphones. Sabía que esos rectángulos con forma de tumba serían una droga. Son como zombies que en cuanto notan electricidad, la esnifan. La carne le importa un carajo a los nuevos zombies. Y no he mirado más. Hoy parece que hace un buen día de domingo. Eso es bueno. La gente tomará tapitas, beberá cervecinas, comerá en abundancia, se dará homenajes gástricos y gastronómicos... Es el camino para hacerme compañía en esta soledad. Esas fiestas, pasados los cuarenta se sustancian en colesterol y, finalmente, en aneurismas y corazones reventados (y no de amor, precisamente, sino de grasa que tapona los ventrículos y, entonces, treinta segundos máximo de puta vida).
¡Bueno señores! ¡Queden con Dios! (Es sólo un saludo, no se emocionen. Bajo la tierra del parque no hay ni gusanos).
