11.3.18

Como un rigodón.

Rigodón. ¿Sabes lo que significa? Es un baile; pero leer "Rigodón" significa trenes arrollando cuerpos muertos en vida para devolverlos al lodo y al barro ensangrentados. "Rigodón" es una vía, un hombre lisiado y perdido, un loco que gracias a su locura puede reír sobre los cadáveres que tildan la vía. "Rigodón" es esperar un tren y recibirlo hasta ser roto en mil pedazos. "Rigodón" es un silbido permanente, fijo, estridente en la cabeza; agotamiento de años, mentiras, delaciones, ensañamiento. Un baile de ruedas que no descarrilan por mucha carne que cubra los raíles, eso es "Rigodón". La población, perdida, vacía, contempla trenes y trenes y trenes; cadáveres, cadáveres y cadáveres: y es real. Aquí no hay ficción, esto es siglo XX en vivo y en directo: el cuerpo como carne, como vísceras, reventado y otros sonriendo, babeando, disparando, cortando a trozos lo que pueda quedar de un ser humano. En esta escapada nada vale menos que el hombre ni es más irrisorio. Niños despanzurrados, tripas sin continente, música perdida; pero música -bélica, mecánica, estridente, pulida en la guerra, con la belleza de una danza macabra-. Todos bailamos el rigodón; algunos con mucha conciencia, con mucho dolor, sin anestesia, torturados día a día durante años: él lo sabía. Él vio muchos cuerpos y muchos trenes y maquinistas sin vientre y ferroviarios metiendo los intestinos en los bolsillos por si en alguna ocasión todo se reconstruía. Trenes y sangre; trenes y música, trenes y guerra: todo veloz y con un ritmo impresionante, con un ritmo que hace que toda esa escena sea bella, que tenga la macabra belleza de una realidad en la que la muerte se hace natural, automática, estratégica y metódica. "Rigodón" habla de un tren de vida en el que estallas y mueres sin percibirlo y sin ser percibido. Incluso siendo percibido este dantesco monumento, nadie siente, es la ley del hombre, una ley macabra; y es el hombre de ley el que no puede coger las piernas que se han separado de su cuerpo al pasar esos trenes en los que Céline camufló su maltrecho cuerpo para abandonar una Europa de muertos vivientes. Bailemos el rigodón, con voz quebrada, rota, de viejo, de anciano próximo al aneurisma; bailemos el rigodón viendo pasar barcos sobre el Sena y no trenes sobre raíles rojos de sangre. Rigodón es lo que nos queda a los burlados y parias de la vida que se mofa de los cuerpos que la arrastran. Una sucia taberna, un bandoneón, una bebida fuerte y cantar, cantar desafiante y orgulloso, que no eres de los que quedaron atrapados en los trenes de la muerte. Ese baile queda.

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