Espejo
Quien busca juegos -hombre o no hombre- es jugado. Usted -le trataré de "no hombre"- quería y quiere juguetes. La seriedad le falló, como a todos, pero en su caso estrepitosamente. Lleva usted sus hilos atados al cuerpo y colgando de la cruceta que le mueve: con eso le sirve para jugar. Trata al otro de esa manera: cual títere y sin mayor propósito. Su vida está hecha: el resto puede ser o no ser, ¡para lo que importa ya! Es usted un "no hombre" muriendo en vida, ¿cómo le va a importar que se mueran los demás? Tiene sus estrategias, sus cebos, sus prótesis para ir tirando; pero poco más. Estadísticamente esos aperos le darán para mucho siempre que no sea selectivo. Usted tiene su cajita de contactos: de madera, inanimados, solícitos como lo muñecos que son... ¡Y tiene muchos! ¡Muchos! Si se le cuela algo vivo, coge el dedito y lo tira. ¡Será por alcornoques bonsai! Se pega las etiquetas de identificación de la mayoría: "bueno", "inquebrantable", "sincero", "honesto"; y alguna que otra. Después pinta las etiquetas con predicados, las une y ya tiene una identidad que asumir soportablemente. Cuando "la vida" golpea, coge las tablitas de madera y juega a "los fines de semana". Si el golpe es fuertecillo moja las tablas en alcohol y se echa un poco para acompañar, así las endorfinas se desperezan un poco. El resto de los días coge la etiqueta de "responsable" y hace el papel. Es una vida como cualquiera que quiere ser cualquiera y, por tanto, justa en cierta medida. Conforme pase el tiempo tirará más de recuerdos, los abultará, hará que un solo recuerdo valga por todo el camino y así hasta el final. Es un juego que para usted es el juego.

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