La Selva de Próspero

Sapere aude!

25.6.20

Los Purificadores del Paraíso


Los Purificadores del Paraíso combinan el ahora popular virus con el no menos popular ébola. El objetivo es evidente para los que entiendan el significado de las palabras del grupo. Hace tiempo uno de sus componentes, compañero de instituto, me habló de sucesos acaecidos y por acaecer, vinculados a sus estudios sobre inteligencia artificial. No puedo referir aquí el nombre, es evidente. Me relató el presente en el que temporalmente estamos, sin desvío alguno en la verdad de la realización de los acontecimientos que me fueron relatados, pues doy fe de tal cumplimiento. No me ahorró detalles, ni cayó en el frecuente escrúpulo de no alarmar. Para X "alarmar" no es un verbo que concierna a la ciencia y sabe que él y yo servimos, cada cual a su manera, a la ciencia pura.
Supe de los Purificadores en un escondido y nocturno bar de Madrid, donde antiguamente quedábamos un grupo de amantes de la filosofía para divagar y ahondar en todos los vacíos y en el vacío. Éramos aprendices de pensador proscritos por lo actual y su futuro. Cada uno de nosotros intentaba hace crecer el germen antes de tiempo, pero la precipitación acaba por ceder a la educación y a la formación que ésta proporciona.
Con el paso del tiempo dejé de saber de mis compañeros, hasta que una tarde de sábado de un fin de semana que aproveché para visitar a mi padre en la residencia, coincidí con el viejo X. Sin pretenderlo, se me dio noticia de los Purificadores: su creación, su objetivo, sus métodos, su misión. Fue un relato que no podría reproducir tal cual me fue narrado; y sólo puede ser narrado sin escatimar nada, salvo que aceptara el innecesario riesgo de distorsionar algo absoluto y valioso sin distorsión alguna.
Este es un fragmento de una de las cartas de X en las que habla de su trabajo:

"Hemos conseguido reducir la supervivencia al 32% en el intervalo de una semana de incubación en una población de cien elementos. No es suficiente. Orientamos nuestros esfuerzos al plazo máximo de veinticuatro horas una vez que la combinación viral penetre el cuerpo de la cría humana. La eficacia del ébola y el camaleónico tránsito del SARS - CoV - 2 son dos cualidades que nos permiten estimar como factible ese plazo. El grupo no pretende crear un intruso con el que convivir demasiado tiempo; al contrario, nos basta una presencia que garantice el colapso global, un tiempo que podría estar entre las tres o cuatro semanas. Si ese intervalo queda garantizado científicamente en una probabilidad cercana al 100%, instilaremos en nuestra creación un código de auto eliminación. El universo de discurso al que nos dirigimos son las crías: esa es la clave. El resto vendría de suyo..."
Me vino a la mente un nombre para ese proyecto de Los Purificadores del Paraíso, saltó como una chispa en mi mente contaminada por las lecturas e ideas del viejo mundo: Proyecto Herodes. El nombre no hace justicia a la claridad y distinción del objetivo que mueve a la élite intelectual de referencia en estas líneas.
¿Relativistas? ¿Escépticos? ¿Nihilistas? No me parecen calificativos para ellos. Se dedicaban a estudiar la vida y, sin cuestionar la premisa de que la vida es valiosa en sí misma, apostaron por más vida y mejor vida: eso excluía el género humano e incluía el resto de géneros y especies que se limitaban a vivir, sin otra extralimitación que atentara contra la vida. Los vivientes, sin embargo, no eran hábiles ni fuertes para seguir viviendo si no erradicaban la causa, la causa humana -para algunos, para el grupo, la inhumana causa del hombre-.
No concibo el tiempo que pueda quedar; no lo concibo, porque no me importa. Mi responsable irresponsabilidad de ser humano también me condena a los experimentos de los Purificadores y acepto lo inevitable con una gustosa voluntad. Hay paz en la guerra contra el hombre; sobre todo, cuando la guerra es científica, empírica, demostrada por el abanico de razones conocidas desde que la razón es razón, y aun antes.
Los informes recibidos -dádiva de un admirador de mi antigua inteligencia- muestran que la nueva criatura está preparada para el viaje final. El nombre es lo de menos, es el nombre de un combinado mortal al que llaman "el limpiador". No han caído en la fácil y vulgar mezcla de nombres de los factores originarios (el SARS CoV 2 y el ébola); saben que sólo los efectos cuentan y que el resto es un mal relato.
Me sentía mal en los últimos tiempos. El exacerbado miedo a la muerte era obsesivo y no reaccionaba al tratamiento farmacológico ni al ritual psicológico. El encuentro con X y la noticia de su trabajo fue premonitorio y salvífico. Cuando más informado estoy del plan y del avance de los resultados, mejor me encuentro. El miedo ha desaparecido y, algo que jamás creí posible en lo que me restaba de vida, tomo la muerte propia como algo natural y la de los demás como algo urgente y necesario para que el planeta siga su rotación y su traslación sin el parásito que lo está consumiendo.
La fecha no es cierta aún, sólo un rango es, más que probable, matemático. A principios del próximo de año “Herodes” (así lo he bautizado) comenzará su justicia y la Tierra renacerá. El dinosaurio humano desaparecerá en un mes y sólo dejará restos que habrá que incinerar para la asepsia de las restantes especies.
Por mi parte, he visto todo y, en el día a día, se repite todo. Pero la repetición de lo mismo se tolera y se sonríe ante el mismo porque la naturaleza me ha mostrado que la muerte es el regalo de quien se compadece de ella. Y es esa inteligencia de las cosas, esa sabiduría de la naturaleza, la que me hace sentir también un elegido, como Los Purificadores del Paraíso. En breve la Tierra volverá a ser eso, un Paraíso; y el hombre ni siquiera será un recuerdo.

14.6.20

El hospedante del depredador amigo

Ayer... ¿dónde?... en televisión... epidemiólogos... La Sexta... lo decían: Está aprendiendo, se oculta, se divide y se aparenta mutilado el virus para ocultarse... Aparenta ser más débil para residir mejor y procrear en el habitado, como en un caballo de Troya, como en el texto épico, para librar su batalla contra los fuertes... Ya no le interesan los débiles: son premio o paga asegurada... Se camufla, se hace débil, él también puede vestirse con desnudos para que le juzguen como una nueva cepa sin interés... Pero aprende, se congrega, para que el arrendador no padezca síntomas hasta el momento marcado... Tiene su fecha, tiene su día "D" y su hora "H" para mujeres, niños y adolescentes... Lo saben... El estudio está... en laboratorios... españoles... Intuyen la estación, la saben... No saben el mes ni los días ni el día ni la hora. Pero le han aislado, han creado en laboratorios un entorno de vida similar al que se da entre hospedadores vicariantes y lo han visto: el coronavirus quiere propagarse sano, no quiere gente enferma ni débil que, al morir, hace que el coronavirus muera con ella. El parásito coronavirus ha aprendido a hacer temporalmente las paces para reproducirse en los troyanos fuertes como un aqueo... Ahí están, preparando una ofensiva en la que sólo quedarán individuos sanos que hayan pactado una relación hospedador y parásito que les una para crear una raza que sea superior en la naturaleza... Por eso, ninguna vacuna en la que se está trabajando matará o engañará a la nueva cepa que aprende, que ya ha aprendido... Los elegidos serán aquellos con los que el parásito o el vicario, como sucede con los vicarios de los tiburones, establezcan un pacto biológico. La única condición vicariante y vicario es no padecer una enfermedad: eso rompe el pacto. Quedarán los elegidos, los hospedadores y los hospedados que creen una vecindad. El resto, morirán. Yo ya estoy muerto; sólo queda que encuentren el cadáver. ¡Y qué descanso eterno la muerte, esa transformación de las pocas energías que me quedaban!

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