Los Purificadores del Paraíso
Los
Purificadores del Paraíso combinan el ahora popular virus con el no menos
popular ébola. El objetivo es evidente para los que entiendan el significado de
las palabras del grupo. Hace tiempo uno de sus componentes, compañero de
instituto, me habló de sucesos acaecidos y por acaecer, vinculados a sus
estudios sobre inteligencia artificial. No puedo referir aquí el nombre, es
evidente. Me relató el presente en el que temporalmente estamos, sin desvío
alguno en la verdad de la realización de los
acontecimientos que me fueron relatados, pues doy fe de tal cumplimiento. No me
ahorró detalles, ni cayó en el frecuente escrúpulo de no alarmar. Para X
"alarmar" no es un verbo que concierna a la ciencia y sabe que él y
yo servimos, cada cual a su manera, a la ciencia pura.
Supe de los Purificadores en un escondido y
nocturno bar de Madrid, donde antiguamente quedábamos un grupo de amantes de la
filosofía para divagar y ahondar en todos los vacíos y en el vacío. Éramos
aprendices de pensador proscritos por lo actual y su futuro. Cada uno de
nosotros intentaba hace crecer el germen antes de tiempo, pero la precipitación
acaba por ceder a la educación y a la formación que ésta proporciona.
Con el paso del tiempo dejé de saber de mis
compañeros, hasta que una tarde de sábado de un fin de semana que aproveché
para visitar a mi padre en la residencia, coincidí con el viejo X. Sin
pretenderlo, se me dio noticia de los Purificadores: su creación, su objetivo,
sus métodos, su misión. Fue un relato que no podría reproducir tal cual me fue
narrado; y sólo puede ser narrado sin escatimar nada, salvo que aceptara el
innecesario riesgo de distorsionar algo absoluto y valioso sin distorsión
alguna.
Este
es un fragmento de una de las cartas de X en las que habla de su trabajo:
"Hemos conseguido reducir la supervivencia al 32% en el intervalo de una semana de incubación en una población de cien elementos. No es suficiente. Orientamos nuestros esfuerzos al plazo máximo de veinticuatro horas una vez que la combinación viral penetre el cuerpo de la cría humana. La eficacia del ébola y el camaleónico tránsito del SARS - CoV - 2 son dos cualidades que nos permiten estimar como factible ese plazo. El grupo no pretende crear un intruso con el que convivir demasiado tiempo; al contrario, nos basta una presencia que garantice el colapso global, un tiempo que podría estar entre las tres o cuatro semanas. Si ese intervalo queda garantizado científicamente en una probabilidad cercana al 100%, instilaremos en nuestra creación un código de auto eliminación. El universo de discurso al que nos dirigimos son las crías: esa es la clave. El resto vendría de suyo..."
Me vino a la mente un nombre para ese proyecto
de Los Purificadores del Paraíso, saltó como una chispa en mi mente contaminada
por las lecturas e ideas del viejo mundo: Proyecto Herodes. El nombre no hace
justicia a la claridad y distinción del objetivo que mueve a la élite
intelectual de referencia en estas líneas.
¿Relativistas?
¿Escépticos? ¿Nihilistas? No me parecen calificativos para ellos. Se dedicaban
a estudiar la vida y, sin cuestionar la premisa de que la vida es valiosa en sí
misma, apostaron por más vida y mejor vida: eso excluía el género humano e
incluía el resto de géneros y especies que se limitaban a vivir, sin otra
extralimitación que atentara contra la vida. Los vivientes, sin embargo, no
eran hábiles ni fuertes para seguir viviendo si no erradicaban la causa, la
causa humana -para algunos, para el grupo, la
inhumana causa del hombre-.
No concibo el tiempo que pueda quedar; no lo concibo, porque no me importa. Mi responsable irresponsabilidad de ser humano también me condena a los experimentos de los Purificadores y acepto lo inevitable con una gustosa voluntad. Hay paz en la guerra contra el hombre; sobre todo, cuando la guerra es científica, empírica, demostrada por el abanico de razones conocidas desde que la razón es razón, y aun antes.
No concibo el tiempo que pueda quedar; no lo concibo, porque no me importa. Mi responsable irresponsabilidad de ser humano también me condena a los experimentos de los Purificadores y acepto lo inevitable con una gustosa voluntad. Hay paz en la guerra contra el hombre; sobre todo, cuando la guerra es científica, empírica, demostrada por el abanico de razones conocidas desde que la razón es razón, y aun antes.
Los informes recibidos -dádiva de un admirador
de mi antigua inteligencia- muestran que la nueva criatura está preparada para
el viaje final. El nombre es lo de menos, es el nombre de un combinado mortal
al que llaman "el limpiador". No han caído en la fácil y vulgar
mezcla de nombres de los factores originarios (el SARS CoV 2 y el ébola); saben
que sólo los efectos cuentan y que el resto es un mal relato.
Me sentía mal en los últimos tiempos. El
exacerbado miedo a la muerte era obsesivo y no reaccionaba al tratamiento
farmacológico ni al ritual psicológico. El encuentro con X y la noticia de su
trabajo fue premonitorio y salvífico. Cuando más informado estoy del plan y del
avance de los resultados, mejor me encuentro. El miedo ha desaparecido y, algo
que jamás creí posible en lo que me restaba de vida, tomo la muerte propia como
algo natural y la de los demás como algo urgente y necesario para que el
planeta siga su rotación y su traslación sin el parásito que lo está
consumiendo.
La fecha no es cierta aún, sólo un rango es,
más que probable, matemático. A principios del próximo de año “Herodes” (así lo
he bautizado) comenzará su justicia y la Tierra renacerá. El dinosaurio humano
desaparecerá en un mes y sólo dejará restos que habrá que incinerar para la
asepsia de las restantes especies.
Por mi parte, he visto todo y, en el día a día,
se repite todo. Pero la repetición de lo mismo se tolera y se sonríe ante el
mismo porque la naturaleza me ha mostrado que la muerte es el regalo de quien
se compadece de ella. Y es esa inteligencia de las cosas, esa sabiduría de la
naturaleza, la que me hace sentir también un elegido, como Los Purificadores
del Paraíso. En breve la Tierra volverá a ser eso, un Paraíso; y el hombre ni
siquiera será un recuerdo.
