La Selva de Próspero

Sapere aude!

27.8.22

 Cuidamos de aquella niñita como pudimos, hasta que cumplió la edad de dieciocho. La tratamos como una más de la congregación y se adaptó perfectamente a sus compañeras y hermanas. Aunque de padre ignoto y de madre por todos tratada y conocida, la carencia de tales elementos no la afectó. Tanto mis ovejas y yo supimos darle lo que todo animal necesita para subsistir con dignidad y sin penuria en las tierras de este pueblo. Pero con la edad que mencioné María Plata Dólar no podía continuar en el rebaño y la envié a la ciudad donde recibiría el sacramento de la urbanidad y donde aprendería la virtud de la hipocresía. 

Me dicen que está aprendiendo el respetuoso oficio de su mamá y que lo desempeña a niveles de alto standing sin comprometer su corazón y poniendo técnica y cerebro en la profilaxis que sus tareas requieren. 

Quizá algún día este pastor que os habla se acicale y vaya a la ciudad para visitar a su antigua ovejita y recordar los felices momentos en que fue parte de mi rebaño.

 Me bebí litro y medio de Santolín, porque una samaritana de Jaraíz del Hoyo Fresco me aseguró que ese agua era de la que llamaban "de la vida eterna". Como soy tan arriesgado como crédulo y estúpido, a prueba puse la inmortalidad del fluido cosiéndome a mí mismo a puñaladas secas con un recién comprado machete de Santiago del Campo. Sajé hasta la amputación mi brazo izquierdo y la pierna derecha hasta quedar tendido en el parking como fruto de virtud gitana en medio de un pantano de sangre negra. No cicatrizaron heridas ni a reunirse volvieron los mutilados órganos con su antiguo cuerpo. Tuvo a bien el Fauno de Talaván, que por allí pasaba, obrar con su magia y encanto el prodigio de mi reconstrucción a cambio de componerle un grimorio de elegante hechura una vez estuviese yo nuevamente entero. 

Han pasado dos semanas y yace a mis pies la samaritana del lugar antes citado con sus puertas absolutamente abiertas y sus fuentes despechadas. Antes de mi factura le di a beber dos litros de Santolín para esa eternidad que el verbo de su boca garantizaba. Pero ahí está, muñonada y cárnica, en reposo mortis y lejos de vía que lleve a eternidad alguna. 

19.8.22

    

1. La inminencia se presiente, no se percibe; el presentimiento es más inconsistente que la percepción y ésta tampoco garantiza cosas demasiado firmes. Dedicado a los hipocondríacos que hacen de la inminencia una constante.

2. Hacer testamento da una apariencia de completud a lo vivido hasta ese momento. 

3. El sofá que tras muchos años se muestra intacto representa haber llevado una forma de vida incómoda y de una moral pública impecable.

4. Saber el día y la hora obliga a una puntualidad insoportablemente austera. El engaño de la esperanza es el paliativo para sobrellevar una certeza así. 

5. Algunos ven una misma película infinidad de veces, pese a conocer el desenlace y no se toma por absurda tal cosa. De igual modo, no es absurdo vivir o sobrevivir, aunque se conozca ese desenlace en el que el protagonista muere. 

6. La jubilación es el punto de fuga de los inmotivados y anodinos actos cotidianos.

7. El ocaso es el final de autovía que da entrada al casco urbano de la dependencia. 

8. Hoy ser erudito no cuesta nada; de ahí la mediocridad de la erudición actual.

9. ¿Quién quiso oír mi voz? Dicen que un sordo que gustaba de ver mover los labios.

10. Te sientes llamado cuando te hacen sentir que eres el último.

11. No se puede culpar de todo, pero sí responsabilizar de todo; de cada parte del todo alguien conoce la respuesta a la pregunta que plantea. 

12. Hay pensamientos de fin de fiesta y de aventura acabada que lucen como epitafios.

13. Apagarse, consciente de ello, es antinatural. También la conciencia se apaga con el cuerpo que se consume.

14. Si el ser humano me hastía, soy yo el que se ha redimido de esa condición. 

15. El domingo, sin señor, no hay borrego que lo resista; pero hay más lobos cada ocaso que pasa y el lobo sabe celebrar ese día.

16. Hay un género que se enorgullece de mostrar los días como si fueran piedras preciosas y duraderas. Los roedores no actúan así y sobreviven.

17. Cuando veo caer la noche, lo que realmente cae es el día.

18. Sin la suficiente ventilación que permita el paso de un oído a otro, no conviene escuchar ni saber hacer tal cosa. La acústica de nuestra sociedad favorece la indiferencia. 

19. Los protocolos, los algoritmos, lo acostumbrado -y por ello moral- han permitido esa comodidad de muertos en vida que agrisa a los que nos rodean. 

20. Celebrar es un acto envenenado de interés con fecha de caducidad.

21. Los zapatos en el suelo del salón desordenan el viejo principio del orden.

22. Mi madre se apagó al nacer mi padre.

23. Una pared blanca, una mente oscura, distancia y una taza de agua fría: ese es el cuadro de una vida perdida.

24. Las chanclas ya no pueden sostener al que como ceniza está junto a los restos de su madre; pero pueden pasear la imaginación del que desaloja la casa para embargarla.

25. En una pequeña bolsa de plástico, estrechamente abrazadas, muchas estampas de santos con oraciones al dorso son el único legado para el hijo del beato.

26. Sólo la mirada habla y dice sobre el manojito de huesos desahuciados lo que nada más puede expresar. 

27. Funcionar es vivir, aunque ignore la función de su maquinaria. Para funcionar no hay que saber funcionar.

28. El incienso produce alergia en el oficiante; es un alérgeno que, para los presentes, transporta el espíritu del ausente. 

29. Enterrar a los muertos es obra de misericordia. La obra de la justicia ofrece los restos para esa misericordia. 

30. “Ha fallecido”, pretérito perfecto.

31. Los que ven el mar no quieren retornar si están vivos en vida. 

32. Es lo que queda de cincuenta y seis años de vida: un perro, su amigo y el ángel de la guarda que les une.

33. Las cuestiones prácticas son problemas que, como la basura, se acumulan y dan aroma y relleno a un patio moribundo.

34. Maldecir es inútil y el diablo es un ángel que rueda sobre las pautas del papel mojando todo. 

35. Los que eran ya no son como eran, han ido llevando al acto el veneno que eran en potencia.

36. Mientras pensaba un aforismo mi padre ha fallecido. Setenta y dos horas después las palabras se han perdido en un laberinto de incertidumbres, miedos, impotencia y penas. La muerte próxima extravía, altera y confunde. Es otro tiempo, corto, que se puede vivir con otra hondura. Ahora, sin embargo, busco sin saber.

37. El perro mira con ojos suplicantes de niño para que no se cumpla su imaginario temor de poder ser abandonado. ¿A quién suplica el abandono de quien se abandona a sí mismo?

38. Muchas palabras formales hacen de piedra el tímpano, insonorizan y llevan a esa despersonalización tan horrible de sentir.

39. La profesión de ayudar es de amplio espectro y poco eficaz para el hueco vacío de este tiempo.

40. Ninguna alegría se desnuda por completo para evitar la metamorfosis del aburrimiento.


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